16 de diciembre de 2014

Deja limpiar el aire con la lluvia de tu mirada

Puede ser que un día te hayas perdido entre los sueños que tejimos y hoy aun nos enredan, que busques la salida y yo la entrada, que imagines todo tras de ti y siga ahí. Puede ser que sigas perdido por una buena razón, aunque obvies todas las formas en que luchamos por romper con la finitud del tiempo. Puede ser que hoy sea ayer y yo todavía siga contando minutos hacia atrás y nunca hacia delante. Pero me compensará saber que ayer y siempre hoy sigo contando porque nunca sale cero y con ello me conformo; por robar un poco de tiempo al tiempo y seguir creyendo que aun no existe un día si no te tengo.

He sido víctima de un entierro sin juicio ni tierra de por medio, con la esperanza medio llena y los brazos vacíos me he lanzado a romper yo también con lo que me viste y se ha quedado pequeño de tanto lavar con agua del sabor del mar. Un sinsentido que ahora es tu destino y que acaba conmigo, el momento en el que los gatos perdieron todas sus vidas. Puede ser que haga tiempo que mi camino no se encuentre a sí mismo y me dirija al mismo punto de partida, sólo que aun con mi vida podría reconocer que se fue contigo una parte de mí. Y es tan fuerte que aun sigue llamando a mi corazón, que desea completarse y no encuentra a nadie que le devuelva su razón de ser, el aire que ya no respira, y confía en que algún día sea el que permita volar mis ganas de escapar.

Tú, sin más, todo un Universo que formar. Fui un Dios, todo por crear, y una vez creado todo se marchita si no quieres estar a mi lado. Tú, ahora, haces que se parta mi Mundo y todavía me pregunto si es ahí donde pertenezco. Pero sé que no es cierto, aunque no sea lo que siento, porque pienso que para existir hace falta sufrir, es la forma de negar que fui un loco al que engañar servía para recordarse a sí mismo que se puede ser feliz a costa de los demás. Tú, desde el principio siempre fuiste el final, y nunca me paré a pensar que estabas tan roto como yo, que sólo querías encontrar ese algo más que nos define y nos permite no sentir frío entre tanta soledad, te quedabas conmigo hasta que volaste y lloraste por los dos. Tú primero y yo después, descubrimos que lo único que tenía de para siempre nuestro cielo es su color azul, sólo que aun yo me sigo extrañando cuando no cambia de color y me cuestiono si alguna vez fui yo, por los dos, el de siempre sin pensar que fui yo, sin más, hasta antes de verte, el que seré para siempre.

30 de noviembre de 2014

Tus ganas de dejar de correr para poder volar

Ponle tiempo a la vida, te lo agradecerá. Súmale un poco de misterio, también de rabia, utilízala para romper los esquemas y los muros que te prohíban pasar de puerta en puerta, de nivel en nivel se va la vida y no es momento de olvidarse de ello. Avanza en todas direcciones, el camino es siempre estrecho, déjate guiar por lo desconocido pero sigue avanzando hasta olvidar recordar, o hasta que el recuerdo haga del olvido un buen pasatiempo. Pero, de todas las cosas, consigue lograr que tu espera no haya sido más que el tiempo que pasa hasta que tus sueños se puedan tocar, incluso oler, y todo sabe tan dulce que, por momentos, todo parece y, sin embargo, no deja de ser real. 

Tan sumergido en la verdad que te pierdes en deleitarte con todo aquello que merece la pena y no está; la vida, ¿ acaso alguna vez se dejó alcanzar ? Y di, o grítalo, ¿ es que hay alguna prisa por saberlo ? Pongámonos serios, no podrás compartir tu tiempo si lo único que quieres es vencerlo. Y verás que no hay nada como romper con lo establecido, volverse aire sintiendo los miedos huir del huracán que todos llevamos dentro. Puede ser que quizás no llegues al suelo, pero qué más da si en el cielo todos caminan descalzos. Qué importa si no entienden que nunca gana nadie donde todos pierden. 

Renace y vuélvete a elegir, que no hay nadie más perfecto que tu cuerpo desnudo agarrado de su libertad. Quien la busca nunca la encuentra, confiada se acerca y no espera más que una mano que agarrar. Consigue camelar el brillo que arrastra consigo la muerte y su destino para poder vencer siendo eterno en el recuerdo de todos ellos, que velan porque seas el tiempo que hace de sus sueños toda una realidad a punto de expirar. Y piensa que en algún lugar, hoy pudiste, seguiste, y nunca paraste de contar.

23 de octubre de 2014

De puertas a este lado del invierno

Me he ido sincerando a lo largo de mi pequeñita vida tantas veces conmigo mismo que a veces el espejo resulta mi peor enemigo. Temo no ver lo que soy, temo no estar llorado lo suficiente e ir por la vida con el pecho demasiado descubierto. 

Es este miedo el que acude a mi tiempo y le hace esperar, mientras sigo esperando que su reloj coincida con mi mejor momento. Sin más, decido avanzar, y no puedo porque no sé qué más se necesita aparte de un buen plan para encontrar el sentido que todo lo dirige, para pisar por la vida con la cabeza sin agachar. 

Será mi culpa por no haber tenido el hombro al que nunca nadie se quiso agarrar, que soy torpe para esas cosas y no sé pedirte sin estar pidiéndome a mí mismo otra oportunidad. Aunque parezca un juego, para mí es solo la realidad a rojo fuego; es lo que tengo, es como sé jugar. Se me ha olvidado el derecho a sentir la humanidas como un derecho a poder disfrutar de las grandes cosas que permiten volver a casa con las esperanzas puestas en un mañana donde solo exista el hoy.

Todo, siempre se desvanece, pierden mis manos la fuerza que nunca tienen y cuanto más se acercan más se alejan a tus más altas ganas de que te agarren por la espalda. Te desean más que a nada, te extrañan si solo el aire es una respuesta. Es un futuro donde la certidumbre crea dos enemigos que nunca han dejado de volar, que oueden por fin descansar y se hallan en un lugar que en los libros ya no existe.

Tú y yo suena dulce y siempre tan cerca, y yo y tú es esa completud a punto de desbordar. El valor como valor no es tal sino la manera en que nos enfrentamos o aferramos a él, mientras excusamos todo el dolor que sentimos por la falta de ánimo o el exceso de arrogancia. Y tu sin mí es un yo nada preciso donde no hay nada mejor que superar tus retos. 

Así es como hoy explico que el amor es mucho más que opinión; es iniciar una misión donde la forma de ganar puede coincidir con la de perder, aunque perdiéramos antes de comenzar y aun quedaran razones para disimular que me vuelves tan loco que es suficiente. 

30 de septiembre de 2014

Mil y un motivos

A veces se me olvida la tonta manía de perderme y encontrarme, y me quedo por quedarme hasta que el tiempo se pone de mi parte. A veces sí y otras tantas no me queda nada más, nada por lo que sentir, entonces me quedo por quedarme pero si no me quedo no tengo la intención de volver. Y más si la verdad es lo único que duele a ojos de la gente, que suele quedarse cuando las palabras sean líquidas, que suele anticiparse, por compromiso o miedo, a lo que todos tenemos más que nada; soledad.

Todo lo que no recuerdan yo lo desconozco, tan sólo opto por no hacerme el tonto, buscando mil y un motivos para regresar aunque la vuelta sólo signifique un viaje a ninguna parte, con retorno o sin él, con la premisa del cambio y con la esperanza de no mentir. Y sin embargo, esa esencia que nos pertenece es rechazada por su creador, que inventa un ideario que justifique sus pasos y nunca sea el otro el que sabe más de nosotros. Pero la verdad es que yo me miro y me pierdo, me aterra y me encierro; mi Mundo al precio de esa seguridad artificial de la que el ser humano presume, ensimismado en su lucha por destacar, por la desigualdad, y mientras llorando porque nunca seremos aquél que reconocemos frente al espejo, dejando de lado toda racionalidad. 

Por ello, siempre un animal herido, que al igual que uno usual, se lame las heridas que ya no sangran, las que duelen por dentro y siempre saben a agua salada. El descerebrado más cuerdo de todos, capaz de ignorar su propia realidad e incapaz de luchar contra ella. El que está por estar pero siempre está, queriendo rescatar su alma de ser artificial y recoge en cada estima una razón menos por la que no temer, y salvo que se llegue a crear otra moneda que pague la humanidad seguirá pensando que está por delante de lo imposible, reflejándose una vez más en este cuarto inútil mientras simula que olvida lo que tiene delante para echar a correr y así superar su malogrado y siempre presente sentido del existir. 

13 de septiembre de 2014

Aquí o allí

Fui el que llevaba por bandera la libertad y, por lógica, la incertidumbre y todas esas cosas en las que uno cree pero que al final acaban por ser únicamente peso en la espalda. Fue por eso por lo que decidí hablar y ver lo que salía, sin pensar en lo que sería ser sin medidas. Las palabras brotaban y entendí entonces por qué estaba mejor adentro, sumergido y silenciado por soliloquios tan profundos que hablaran y acabaran afirmando que este todo es, en realidad, una gran nada.

Por ello, encerrado. Por ello, angustiado. Pero, sin querer, seguía construyendo mi propio exilio, allí, donde no existen enemigos, donde sólo tengo que temer a lo que derrumba mi sed y nutre mis miedos. Es el precio que tiene una vida de pura y exigente tranquilidad; una vida sin grandes temores pero sin profundas emociones.

Y, moralmente, no hay nada tan parecido al suicidio. Como tantas y tantas banderas cayeron ante la punta de una pistola, ayer y no mañana perecen las ideas y triunfa el poder. Al fin y al cabo, no somos más que descontrol, y por mucho que odiemos o huyamos, jamás nadie consigue olvidarse de sí mismo, suplicando algo mejor. Es así como la batalla es más dura contra un amigo, y el claro vencedor sólo es el que se mira a sí mismo y no lo comprende pero sigue sorprendiéndose cuando sabe lo que quiere y cree que puede.

Pero ahí no reside el problema, sino en la claustrofóbica idea de que desde esta habitación no hay ni un solo rincón que se olvide de tu nombre, cuando el nombre es el dolor y uno mismo ya no quieres ser. Y las dudas acaban por sepultarte, cuando la elección es la libertad y el resultado es el contrario al esperado, hasta que la bala rinde tributo al condenado que en su exilio se olvida y se recuerda demasiado.

Mi voz aquí agoniza, y allí grita tanto como puede. Se le escapa y me dice que no entiende como un solo soldado es capaz de derribar a los demás, pues es allí y no aquí donde las palabras toman sentido, aunque un día implique conocer y, por tanto, temer. Porque aquí, en la habitación donde exiliado sólo sigo mis pasos, pudo ser el que fui y pude haber soñado, pero únicamente allí es donde mi miedo a ser atacado está justificado. Y sin embargo, el arma todavía sigue en mi mano.

1 de septiembre de 2014

Premisas de septiembre

Edades. Tiempos. Ramas que caen, hojas que nacen. Pulmones, aire, alas revoloteándolo todo y cantando paras que tú tengas un día mejor. Sube hasta la voz, que va de boca en boca como los besos, que tiembla cuando siente tanto frío como dolor en el corazón, que habla aunque no tenga una razón y se extiende hasta que el hastío sea vencido por el silencio. 

"Invento un nuevo cuento y sin embargo no entiendo lo que siento", acaso la peor de las moralejas y el mejor de los refranes. Ojos. Miradas. Cada mañana ha sido creada para el más exigente, la noche es sólo la Luna embriagada que se deleita con tanto sufrimiento, ya que por conformista no se la conoce, y mira sin ver nada. 

La batalla nunca es eterna así que, ¿ por qué seguir con algo que nunca ha empezado ? La diferencia es la ausencia de humildad. Recuerdos, la vida; todos son un sueño. Hasta que paraste y la inercia dejó de existir, hasta que la Luna ha parado de llorar. Ésta sea la chispa que enciende el fuego o explota una bombilla.

Mentiras, números, humanos que ignoran sus propias manos. Despreciables dioses en busca de legitimidad en un basurero enorme donde entra oro y sale lumbre. La verdad es todo un valor que al igual que se puede tener, se puede vender. O también conocer. El rol ya nunca es tu papel, es más divertido variar, aunque eso lleve a comparar y a la vez uniformar. La unicidad es reservada para cuando las dudas rebosan las ganas. Ahí y aquí, seres luchando por ser lo que tienen y no ser lo que son, que olvidan que su día a día puede ser entendido como la nariz del niño que no puede mentir y se debe más que a sí mismo; aunque parezca naufragar sólo está pidiendo auxilio.

21 de agosto de 2014

Demasiada casualidad

Hasta cuándo esta maldita decencia que anula todo lo que la gente piensa y me arruina hasta que el deseo se convierte en miedo para acabar en pena. Es trivial decir la verdad, no puedo, no quiero seguir igual, es conformarse con la estabilidad sin riesgo de fuga, es la impaciencia sentada en un banco, es el fuego cuando se enfrenta a otro fuego y acaba por incendiar todo lo que el hielo no ha podido. 

No saber qué hacer para un buen día ser. El tiempo mirándome fijamente, tal como disimula hasta que hiere, y sus miradas son como cuchillos que se clavan sin que la sangre brote del corazón. El tiempo mirará porque me hace enfermar, me puede curar, y seguimos convirtiéndonos en desconocidos que siguen conociéndose en el momento más oportuno e indebido, luchando porque nuestro libre albedrío llegue a buen puerto y sólo conceda primeras oportunidades. 

Así poder borrar de un solo soplido el aire que antes nos mantenía y hoy nos obliga a continuar, aunque vivir sólo sea morir ahogado. Cobrar sentido para el tiempo, que fue el único testigo de lo que ya es sólo veneno y fuego vivaz, siga contando para delante y nunca para detrás. Todas las noches puedo vivir y morir a la vez, a la vez que aprendo que la muerte sólo llega cuando el cuerpo se despega de lo único que en esta vida importa de verdad. 

13 de agosto de 2014

Todo no es la suma de las cosas

Ante ti, todo un Mundo de presuntas oportunidades. Desde los hechos, la más absoluta de las incapacidades, haciendo de la suerte y la esperanza armas para combatir lo invencible. Ante nosotros, todo un complot desordenado de despropósitos que más de una vez acaban minando lo que sustenta sus piernas. Y ante la vida, tan solo herramientas culpando a la máquina de crear en vez de producir. Es así como la guerra comienza, y es así como se hace imposible detenerla. Por ello se hace viral todo lo que no alimenta al engranaje, y sus piezas, tan fáciles de sustituir que adquieren un valor tan inexacto que ni alcanza para ser. Ni mucho menos para entender. 

Así, el Mundo acaba por seguir girando, por arte de birlibirloque, alejado de lo que le representa, y lo que le representa bien podría ser algo parecido sin que fuese nada, y eso es porque no hay nada que importe tanto como lo que solamente importa. Cualidades al peso, cabezas que sólo sirven para sostener la jarra de leche, vacíos cuentos de buenas noches cuya función no es más que la de aguantar otra noche sin tener pesadillas. La libertad, convertida en valor, se vuelve únicamente una propiedad para los que luchan por seguir siendo, tan sólo una cruzada para el que dispara para no ser vulnerado. Y deprisa y corriendo para que el barullo no distraiga a la máquina que se nutre de almas que no aceptan ser divergentes, y que en su reciprocidad priorizan la verdad ante la razón, un arma ante un beso, todo lo que recuerdan por todo lo que consiguen olvidar. 

Sin más, excusar a la máquina construida para oprimir, pues su intención no es otra que obedecer al creador. Sin más, el creador no es más que su propio verdugo, que enfermo busca su propia destrucción sin que entienda que no todo es mortal sin que por ello no pudiera ser más de lo que pudo ser. Sin más, el que vuelve locos para que le entiendan. Sin más, un reclamo para las exigencias de lo que un día fue un Mundo el cual se consideraba a sí mismo y era capaz de reconocerse tras su misma sombra. Sin más, un total totalizador que sintetiza diferencias, universaliza experiencias, que reconoce lo que no conoce y rehúsa de lo que le permite conocerse. Sin más, un pájaro que bate sus alas hasta que ya no aguante y el Mundo sea sólo un lugar para descansar, si es que se puede, en paz. Sin más, un menos que sea capaz de bastar a la máquina que desecha su guía para llorar con razones. Sin más, herramientas cuya utilidad sea recordar para qué existen y puedan construir y nunca derrumbar.

3 de agosto de 2014

El arcoiris de sus razones

¿ Dónde te metes que soy incapaz de perderte ? ¿ Dónde tú fueras si yo viniera a despertarte con el mismo color que razones me falta para encontrarte ? Es, acaso, la locura de tus ojos la que reactiva mis sentidos más instintivos y se niegan a razonar una cordura más madura, menos pasional. 

Es como ver el mar cuando esperas sentado lo imposible sin curiosidad, sin necesidad alguna por aguardar. Y de qué manera no hay nada que me pueda recordar tu calor sin dejarme frío, sin que el aire me cale a mí. Verás cuanto más el eco de unos sueños hechos realidad, y no entenderás que hay cosas que pueden ser posibles si junto a mí estás. 

Es el corazón el que me parte si te vas, y cuando te acercas solo se ata y se atreve a latir sin permiso y sentir a la vez. No ves que hay un perdón más valioso que la razón, las cosas del querer parecen tener soluciones para el peor malestar. Es una razón para quererte y otra para no odiarte.

De oreja a oreja van tus besos por mi espalda, arrinconando todos los tabúes y miedos que el fuego no ha podido quemar. Y es que quema tanto que apenas es demasiado para explicar todo el tiempo que ha separado los hechos de los deseos, no concibo otro cuerpo ardiendo con tanto estilo y deslizándose por los recovecos más profundos de mi ser. De aquí, dentro de mí, hasta la sien que acabe por comprender vives más cerca de mí que mi propia piel. 

11 de julio de 2014

Vida es la terapia universal

Un viaje a la locura pues es, sin más aún todavía una aventura no descrita en la que el lugar no es más que una referencia para el que se pierde entre tanta gente. Las barreras desaparecen para aparecer por su mente, que no entiende cómo ha hecho de su reino su propia prisión, sacando brillo al metal de sus cadenas y rejas y olvidando vivir una vida nada parecida a lo que por naturaleza se le considera. 

Y es, sin más, un hombre libre dentro de su abarrotada soledad, la cual hace del tedio un fiel enemigo y del entendimiento una razón para perderse dentro de sí. Su misión; resolver el misterio que acontece a cada respuesta que suscita una pregunta, hasta que las respuestas sacien cualquier tipo de ruidosa curiosidad, como un crimen perfecto a punto de fracasar. 

Se olvida de sí mismo por creer en el de los demás, es tanto el tiempo que el tiempo se le va soñando con borrar el trazo que ni siquiera dibujó. Oscura sería la verdad si la locura no fuera a la vez su enemigo declarado y sus gafas ante un libro tan abierto que por descuidado resulta por todos conocido y, sin embargo, imposible de descifrar. 

Así, entiende como salidas todas las opciones posibles, inventándose en cada huida un rol nuevo que le permita empezar de cero. Y mientras tanto se olvida de que los días no terminan, de que los miedos no se repiten, de que cada razón reprime otra nueva opción. Sigue transitando por un camino que le dirige hacia donde quiere el destino de aquéllos que siguen perdidos, que le sitúa como individuo en un Mundo colectivo, le aparta de lo que siente por hacer de él una verdad por descubrir, un hombre loco, incompleto, que por sentir tan sólo siente la necesidad de completarse. Y por ignorar, ignora todo lo que de él se llevan su razón, su naturaleza, su cultura, todas aquellas personas que por querer le nombran y no recuerdan que tras una máscara siempre queda un rostro lleno de virtudes.

Podría comprender que la locura, ahora sí, es su mejor arma, pero la locura detesta atacar y procura no tener que defenderse de los que aman tanto el Mundo que lo condenan a una renuncia por su parte, viéndose incapaces de cotejarlo en una palabra, en un beso, en todos esos sueños nos incentivan y de adultos nos reprimen. 

Idiota por sentido, idiota por defecto, idiota aquél que se desentiende de aquello a lo que pertenece, idiota y loco no es más que un piropo donde lo peor de todo es ser cuerdo. 

28 de junio de 2014

Los barrotes no sólo son de metal

En un lado se sienta y no espera a que la vida le sorprenda, pensando infeliz que habrá un destino que le indique cuál es su camino de vuelta hasta morir. Se intriga con cada vida que ve pasar, se inclina y llora hasta que decide ser un poco más curioso. Frena, siempre el miedo aguarda a proteger a sus crías, sólo reconoce lo que conoce y no conoce nada. Es un lobo con piel de ingenuo, tan desdichado que nunca imagina por temor a saltar la raya que le mantiene a salvo. Sin darse cuenta, sólo se encarcela en una celda de la que pocos salieron con una sonrisa, aunque siempre pensarían que su lugar allí estaría, haciendo esperar a la espera del que espera de la fe sus respuestas. Y no hay que confiar hasta que haya un imposible por superar, la fe, la esperanza no será el escudo que te proteja sino el que te aparte de todo eso que te permite estar vivo. Porque la sangre no es un síntoma de debilidad, es un recordatorio para aquéllos que apuestan demasiado, mientras que la suerte solamente sorprende a los que se declaran portadores de una bandeja que no coteje límites. 

Desde fuera, al hombre le gritan otros hombres que han temido hasta ser consumidos por su propio mal juicio. De sus lágrimas sólo se deduce el suicidio y de su voz se puede oír la palabra destino. Un sino mal escrito que acabó como el olvido de su único cometido; luchar hasta que no haya nada que combatir, creer hasta convencer y desechar todo el poder que material se define hasta la eternidad. La verdad de cada uno sólo resulta sacar el lado malo de la humanidad. La diversidad de todo un Mundo a la de cada uno postrada debe estar, y si no hay fe, habrá que tener fuerza para aguantar lo que a cada uno le espera por no vivir en consonancia con su libertad. Ahora gritan más, se enfadan cada vez más. Que ahí siguen y seguirán hasta que se olviden de olvidar. 

17 de junio de 2014

A caballo ganador

Se me olvidan hasta los buenos días frente al espejo. Por reconocer sólo veo un cuerpo malogrado, tan apagado que cualquiera diría que siente algo más que culpa. El tedio ha hecho de él algo ajeno a lo que pueden ver mis ojos. Con cada día que pasa le conozco menos. 

Arrastro los días cargados de nostalgia y de miedos, llevando por muerto todo aquello que se ha quedado dentro y no ha podido salir. Me marcho y se marcha conmigo, pues no es mío ni tampoco ajeno; es más bien un juego en el que el fin ya no tiene remedio, tan sólo osa aspirar a menos, ennegrecerse con la mirada que se apaga cuando la luz del alba no dice nada y es tan fría que arde. 

Protejo todo lo que me queda para que algún día algo me describa y sea sincero con todos los que nunca estuvieron, aquellos que siempre hacen lo que yo quiero, disfrutan sin temor y no reprimen tras su propio reflejo lo que nunca ha existido, lo que siempre se ha quedado aquí. Y me recuerda que de nada sirve el miedo cuando la cobardía no es la culpable. Y me susurra que huya por donde no encuentro respuesta. Las cosas más sencillas son capaces de cargar con la mayor de las mentiras.

Pero es mucho más que una cuestión de valentía. Se trata de atreverse a decantarse por un final con complejo de inicio y con tanta falta como con la que se fue por gritar y echar de más sin tener motivos, tan sólo conocer los límites de lo infinito. Y perdonarse a sí mismo para poder aceptar todo lo que venga por detrás, para no decaer, o peor, para no volver al inicio que jamás puede ser como la primera vez. 

15 de junio de 2014

Ases

Todo transgrede a nuestro alcance cuando nos rendimos y asumimos la derrota, y con ella la pérdida de la batalla contra el resto y contra la esperanza. Sin querer, entregamos más de nosotros con el fracaso que con la victoria; sin pensar se van todos los ases de nuestra baraja a otra baraja sin cortar. Y aquí empieza un juego donde el ganador ya no es un vencedor, tan sólo un simple afortunado que enseguida el tiempo pone en el lugar que sin querer tanto reclama. 

Hasta su respiración le hace sentirse un desdichado, pues su más profundo dolor se refleja en las pocas ganas que tiene de avanzar cuando tiene la caída asegurada. El juego le será inútil si no tiene con qué jugar, su destino está escrito desde el minuto en el que empezó a caminar por la más absoluta de las incertidumbres, y todo ello le hace un cobarde sin ases y con una partida que no acaba de terminar. Se pregunta hasta cuándo es factible continuar perdiendo manos y cada día que pasa se da cuenta de que ha perdido su propia batalla cuando se ha rendido ante los demás. 

No sé lo que entiende y hasta dónde llega a comprender, sólo se viste cuando espera algo que puede estar al llegar, sin abalanzarse a ello, sin estar esperando continuamente un tren a sus pies que uno mismo ha de inventar. Así, la partida sólo será un juego y la vida puede ser cualquier cosa que desees. Porque la paciencia no es la habilidad para dejar marchar la oportunidad de escapar, sino la de saberte labrar un destino que hable de nosotros para los demás y que siga guiándonos hacia aquello que nunca está y seguir justificando la necesidad de encontrarlo. 

Mientras tanto, la batalla no es más que un juego que afila sus miedos contra el pobre jugador al que le aterra su propio miedo de avanzar y no encontrar nada, cuando nada es siempre algo más que con lo que uno viene. Poco a poco, se rinde y retira sus bazas por desconocer su valor, ignorando que la única comprobación se encuentra en el juego y no en el miedo. Ni siquiera es capaz de recordar por qué sigue jugando, por qué algún día empezó, olvidando que todo juego es otra lección donde lo más apropiado para ganar es disfrutar y no ser el ganador, rehusando de lo que por desgracia le separa de su condición humana. Continuar es su verdadera batalla.  

26 de mayo de 2014

Naces solo, mueres solo

El todo empieza a temblar. Se desquebraja. Se parte, se desune, se desvincula de todo un ser. Las piezas están desperdigadas, y puede que nunca se encuentren. Puede que nunca más encajen. Puede que nunca hayan encajado. Lo que sé con certeza es que ya no queda nada de lo de antes, pero tampoco queda nada ahora. Es sólo el vacío tras la ocupación, postergando el esperable momento de dejar hueco a la incertidumbre, dejando hueco donde el espacio que te porta te distancia del resto y de ti mismo. 

Tan despacio como ver hundirse a un barco. Tan ligero que se lo lleva el viento. Tan triste y solitario como cada pieza de este puzzle humano. Es sólo soledad vendida al por menor, traída desde sus propios intentos por desaparecer, inexplicable con los libros en la mesa, tan sólo concebible cuando uno admite que se rinde, porque perdido ya lleva un tiempo, y tan razonable que las causas y las consecuencias acaban por aunarse para juntar fuerzas. 

Y lloras tanto que al final no hay rostro, y es el proceso en retroalimentación el que va a acabar desencadenando más y más soledad. Así te encuentras cuando proyectas hacia fuera y tus sentimientos no se regeneran, cuando perderlo todo no es lo único que puedes perder. A veces, cuando caminas, sentir que uno es tan libre como solitario ya no es un arma de doble fijo, sólo acaba convirtiéndose en nuestra manera de perecer, de ser previsores y anticiparse a la muerte cruel y despiadada, y las lágrimas acaban por ser el único mar donde se reflejan todas las emociones que nos construyen hasta el día de la Sentencia final. Pero no son más que invenciones, fruto y producto del instinto animal, mecanismos de control de nuestro tendencioso argot contra la propia autodestrucción. La esperanza de que algo recompensará todo este dolor, nada más.

Nos engañan, nos engañamos y seguimos forzando la vida por el mero hecho de buscar las razones a lo inconcebible, por el propio miedo a desconocer. Tras cada decepción, abogamos por la siguiente y escribimos un relato donde gobierna el caos, que nos recuerda que tan sólo los remordimientos nos caracterizan, y por ello la cohesión con el Mundo natural se hace tan improbable que la agonía acaba llamándose madurez; esto es, cuando acabas reconociendo que los demás tienen su propio lado hacia donde mirar al mar. La soledad ya no es más, sino todo. 

22 de mayo de 2014

Mirarse no es recíproco

Qué mas da que las cosas que haga estén bien o estén mal, si los resultados siempre son los mismos. Siempre igual. Buscando una pregunta que conteste a la realidad, reservando la respuesta que me ayude a encontrar lo que no existe. 

Me resigno, no existe. La amistad se fragmenta con el vil paso del tiempo. Me choco tantas veces con la misma historia, la que intenta explicarme todo lo malo que hago de mi existencia, comparándolo todo y no valorando nada, ignorando las señales que me hacen olvidar el recuerdo de una historia, aún tan viva como mi latir.

Mientras tanto, sigo perdiendo el tiempo luchando por adquirir una historia que no es mía, rechazando la línea de la mía propia. Todo parte de mí y termina en mí, sólo que busco desesperadamente razones para explicar lo mal que me sienta saber que la vida real es sólo una versión más. 

La única versión que habrá para mí. Y me preguntaré una y otra vez por qué me duelen los demás, y seguirá doliéndome por no realizar la pregunta adecuada. Y no será la adecuada porque mientras vaya en forma de pregunta no se sentará de tú a tú con la respuesta. 

Por tanto, seguiré toda mi vida anulando la capacidad que tengo para ver la realidad, como parece que dicen que supone que es. Asimilando que recordar no parece pero es mi mayor enemigo, sangrando sin manchar, aprendiendo que no hay mayor desprecio que olvidarse de lo que sería y no es uno mismo. 

20 de mayo de 2014

Habitaciones sin ventanas

Se me da tan bien callarme que al final la duda ha hecho de mí una persona fuerte. He callado y sigo callando porque temo hablar y de vuelta llegar a un rincón no reservado para mí, pero sin querer me hundo en un fango sucio y mugroso que ha estado encerrando la libertad en habitaciones sin ventanas. Sigo temiendo el día en el que por fin pueda salir de donde nunca he estado, temiendo el presente por vaticinar un futuro tan sucio y mugroso como lo que siento hacia lo que retiene mis palabras. 

Miedo, cobardía. Qué mas da cuando ya no queda tiempo para una excusa consolidada. Yo mismo construí mi celda. Y siguen sin salir de mí las ganas que tengo de gritar. Y sigo sin más en un paisaje derruido y manchado de marrón, temiendo la coraza que me protege y me aísla, me separa y me deshumaniza, me suplica y me hace llorar, limita mis palabras y las excusa por pura incertidumbre. 

He llegado a un punto donde mi cabeza no da más de sí porque cada vez que llega a su meta argumenta con un no todas las oportunidades que se han ido por no haber escogido el camino correcto, por no haber asumido las razones que tenía para viajar contracorriente. Siguen las trampas que mi propia medicina rechaza. Como la alergia que olvida quién fue el verdadero enemigo, las cuestiones que se miden por el miedo no las conocen ni mis propios enemigos. No hay viento que destile tanta contradicción cuando la duda sólo me sirve para perderme cada vez que me encuentro. Al igual que no tiene sentido que la capacidad que tengo para escapar de todo se convierta en la llave que se pierde por el desagüe. 

Homo homini lupus. 

7 de mayo de 2014

Lo que necesitaba saber

Imagina que ya no tienes tiempo para amar ni sentir más ese dolor que parece arrancarte cada pedazo de lo que decían ser tu corazón. Cuando lo imagines, sabrás lo que te quiero decir. Y es que lanzarse a la piscina no parece tanto reto cuando la diferencia entre nadar y hundirse no resulta tan desagradable. Lo digo porque no entiendo, a estas alturas, quién osa desafiar a los sentimientos que le definen y que le hacen encumbrar el cielo. Amar es, por lo tanto y sin duda, la máxima entre las apuestas que, separadas de la razón, atienden a sus razones. Nos produce saciedad y desahogo, ira y pasión, y toda esa serie de locuras que, sin duda, se alejan de la infelicidad. Y es, por ello, una opción que resulta inconsiderable, por lo que sufrir resulta el sacrificio necesario que exige una gran responsabilidad, y ésta es ser humano y no un animal. 

Aunque bien nos parecemos a ellos en todo, bien debemos considerar la situación cuando el cielo se ha vuelto negro y las lágrimas reclaman su protagonismo que el amor no permite excepciones ni descarriados. Tan sólo nos recuerda que nuestra vulnerabilidad no es del todo mala; de hecho, parece resultar ser la característica que nos permite cambiar y aprender. El dolor es el aviso de que hay algo que has de integrar en ti mismo, es la huella que aclara la investigación, es el arma que dispara contra el enemigo y te da una mejor vida. Nunca hay que olvidar que cuando se llora se expulsa todo lo que no nos ha servido de nada. Llorar es el manual para los incansables en el terreno de las emociones, el fin que da paso a todo un principio que, sin duda alguna, despierta al corazón que tanto tiempo se quedó soñando y que, enfurecido, se convierte en dragón, que arde y suda tan salado que se ahoga buscando una razón que no obtendrá hasta que perdone al amor y vuelva a considerarlo la mejor religión. 

3 de mayo de 2014

Competencia leal

Me puse a llorar porque no entendía qué estaba haciendo. Este Mundo es demasiado, y demasiado poco me corresponde para todo lo que pienso de él. La verdad que lloraba porque no entendía de qué va todo esto, pero ahora empiezo a comprender. Comprender que una lágrima no vale nada si no tiene utilidad, sin importar el mensaje que quiera contar. Empezar por los principios y terminar donde cambian su nombre, sin poder atisbar ni un solo bache, y sentarse a esperar a que nada de esto cambie, esperando el cambio que me cambiará. Y no puedo porque no me rindo, porque siento esperanza y medio, pero porque sigo sintiendo esa sensación que me recuerda que sigo aquí. 

El Mundo me recuerda que no es tan fácil salir de aquí, pues no dejaré de ser su esclavo hasta que no aparte de mi ser todo lo que lo justifica como tal. Así es; abandonar los principios por algo mucho mejor, tal vez algo que te permita sonreír sin explicar por qué, o quizás un final donde todo lo humano deje de ser humano y podamos hablar de otra cosa que no sea parte del Mundo. Por fin, valorando todo aquello que nos está separando, siendo capaces de seguir mintiéndonos mientras soñamos con lo que nunca podemos ser. Algo tan ajeno a nosotros y tan lejos de nuestra naturaleza. Donde el egoísmo deja de ser el motivo de nuestra lágrima, donde el mar sepa jamás salado, donde eres único por lo que vales y no por lo que tienes, por lo mucho que sonríes sin necesitar una excusa y llorando con la cara descubierta.

Parece mentira que mi deseo parezca tan natural cuando está sacado de la rabia que grita en mi interior, deseando no desear lo que por natural asumo y, sin embargo, tan lejano en mí que no consigo apartarlo. Y se acerca, a veces se acerca y me susurra que siga acertando, porque algún día la esperanza no será lo último que se pierde y necesito ser fuerte, y en un giro converger hasta mi objetivo. Romper con todo lo establecido y que todos lloren conmigo, siguiendo el camino que los libere de sus propias cadenas.

Cultura, cinismo y sociedad, de la mano apuntan a la libertad, mientras no saluda tan decepcionada sin que la reconozcamos. Nos entiende pero no comprende cómo la vulneramos sin hacernos nosotros mismos daño. Sus manos ya no tienen a quien cobijar, y suspira porque este Mundo es demasiado malo. Se acerca el momento de gritarnos para mirar al otro lado, hasta donde el fin sea el principio de algo distinto y la envidia no sea natural. Un Mundo donde no haga falta gritar para ver la realidad, donde puedas ser tú sin alimentar la envidia que nos tapa los ojos y vacía el poder de nuestra voz.

21 de abril de 2014

La ilusión

Hay algo que aquí se gestando, se forma en silencio pero acabará por empezar cuando más solo me sienta, cuando la sonrisa haya perdido su justificación. Está a punto de explotar, yo lo noto y también lo notan los demás, pero por el momento permanece encerrado donde no le dijeron que podía estar. Recluido en el área donde nada malo le pueda perjudicar, pero que le inhibe de todo aquello que le hace ser, que le permite sentirse fuerte, que le cura y le resucita si es necesario. Y poco a poco su escondite se convierte en una tumba que oscurece cualquier nueva oportunidad para respirar.

Pronto despierta, tan enfurecido que no sabe de qué hablar ni cómo gritarlo. Está tan furioso por su cautiverio que ni siquiera es capaz de celebrar su victoria, su libertad. Ha vuelto a surgir de mí esa sensación tan infantil de asumir el riesgo con los ojos cerrados, de ahogarme en el mar y seguir pensando que sigo siendo un aventurero en busca de la llave hacia la felicidad. Por fin vuelvo a entregarme a la incertidumbre, a que no me haga falta llorar para volver a sentirme humano, a quitarme la coraza que tanto pesa ya, a meterme en la cama y tener una razón para dormir despierto. 

Me parece mentira que sea capaz de contestarme a mí mismo a través de una boca que no sea la mía propia, y tocarme ya no es sólo una reacción ante la pesadilla de creer que vivo un sueño por pensar que ser feliz no es nada más que eso. Y con una patada alejo de mí toda la falsa fuerza que me protegía de recordar, porque al final acabé creyendo que para siempre sería un animal más entre toda una manada liderada por la codicia del que lo destruye todo para que no disfruten sus enemigos, para que no olviden sus amigos, para que no vuelva a sufrir tanto que olvide que lo que quiero es sólo un motivo para seguir en este Mundo. 

Así, desprotegido, es la única razón por la que se puede decir que estás vivo. No porque puedas morir, sino porque tienes la posibilidad de ello. Mientras tanto, hallarás la sonrisa justificando cada salto que va evitando la caída, y cada paso que vas dando sea un reconocimiento por la sangre que brota de la cicatriz a los miedos tapa. Las heridas que te limitan sólo son las armas que te sitúan por delante de la muerte en vida, la más sufrida, la que más rápido se olvida, hasta que algo activa de nuevo una sensación pura en tu interior.

11 de abril de 2014

Putrefacción ideal

Me sorprende lo valientes que resultan las ideas en un Mundo como éste. Un Mundo tan podrido y corrompido que ni tan siquiera te permite pensar con fluidez, idear con la perfección. Es, de hecho, nuestra única barrera; es la manera en que lo corrompido corroe, el olor está en nosotros. Pero digamos que me hago el sorprendido diciendo que las ideas no son lo suficientemente temerosas. Es más, me atrevería a vaticinar una posible crisis humana patrocinada por ineficiencia de un Mundo sin alternativas. Sus mejores armas se quedan obsoletas, gritan un cambio, una nueva utilidad; humanos que se arrastran bajo la idea del sinsentido, atados por cadenas que desechan lo nuestro y fomentan todo lo que cada vez más nos pudre. 

Sí, no sé cuántas veces más hará falta gritar para que alguien nos escuche, hace mucho tiempo que no veo manos al borde del precipicio intentando rescatar las oprimidas ideas que, cual pus, surgen de la infección. Pero parece que mientras queden armas seguirá la guerra, como seguirán las mismas barreras, las mismas trincheras que hoy me hacen desesperar. No es entre nosotros, es para nosotros contra todo lo que nos deshumanice, nos cosifique; no somos nosotros nuestros propios enemigos, sino aliados en una guerra abierta, en una competición donde debiera primar la iniciativa en vez de la meta, donde las ideas puedan respirar el aire de cualquier ciudad sin que se conviertan en cultura, sólo leyes a modo natural que resuelvan las dudas de cualquier persona de todo el planeta. La guerra será contra el que no aprenda que la clase humana es digna de contemplar el sentido de la libertad, sea donde sea su lugar, su raza, su edad o su sexo. Y así, por fin, nadie será considerado como perdedor por pensar sin el reconocimiento de los demás, las ideas ya no serán las que sometan al Mundo una vez más. Han escapado, y lo harían si este discurso no se perdiera entre los valientes que se atreven a decir lo que piensan sin justificar una idea como una ley universal. 

9 de abril de 2014

101

Me despido. No es lo que tengo, es lo que soy, es lo que queda únicamente, lo que ya no duele se convierte en una lanza de dos puntas que desangran al que llora y al que engaña. Se pierde ensimismado en las mismas manías y olvida recordar lo que ha aprendido gracias al tiempo. Era un ser nuevo, siniestro, y ahora es tan sencillo como el viento que vuela y se lleva la voz de su historia. Solía medir las cosas sin números de por medio, y a todos fascinaba con sólo abrir la boca. Ahora, sopesa todo lo que no le somete, el miedo se ha hecho tan fuerte dentro de su sien que jamás respirará conforme, no podrá porque cree que no puede. De perderse a nunca ser encontrado, de los que algún día quisieron decir algo más que un "no miento", y no es justo y la verdad es que aún lo siento...

Me saludan. Aquí está, aquí no estoy. Es la sombra del rostro triste, camuflada por la situación, tan inquietante como excitante, porque puedo respirar y tanto que el viento se ha llevado consigo todo mi ser hasta quedarse en nada. No es lo que queda, es lo que tengo, es lo que desaparece lo que apesta, y la lanza es el bastón, el mando, el guión y el timón del barco. Sin embargo, no me sale la voz, y las palabras se han quedado tendidas en un hilo que, de seguido, apunta a una luz. Es ahí, es mi señal, todo acaba donde tiene que empezar...

7 de abril de 2014

Aquél

Se quedaba absorto con el viento que chocaba contra el vidrio de las ventanas, contra el talento ciego del tiempo en arreglar lo que ya no tiene arreglo. Miraba tan de lleno cómo la vida le comía su ser, machacaba su ingenio, todas aquellas posibilidades de ser un nombre se hacían pequeñas porque su destino venía marcado por el miedo y las dudas, por el qué dirán que ya dijeron y en el que se aferraba y se identificaba para no ser repudiado de nuevo. 

Aquél pudo ser un gran hombre, lleno de armas para combatir todo lo nuevo, para salir y demostrar al Mundo entero de qué está hecho un conocedor de sus posibilidades y de sus responsabilidades. Sin embargo, se quedaba resguardado cada mañana bajo su sábana y su almohada, esperando que el tedio le recluya, como a todos, en un cuerpo cada vez más deteriorado para ser fiel al castigo del egocentrismo, el olvido. Ahí se ahogaban todas las aspiraciones que en él encerraba. 

Esta habitación era demasiado pequeña para conocer cada uno de sus desaires y delirios de grandeza por los que vivía y se hacía fuerte y menudo a la vez. No conocía y sin embargo reconocía todo un crisol de maneras de temblar, y con el Mundo por escuela se quedaba quieto esperando a despertar en algún sitio que no pudiese reconocer, apartado de la criba diaria de los iguales, destinado a viajar a lugares inhóspitos que aún quedan por explorar, donde pueda quedarse y nunca llorar, donde las reglas y las normas se establezcan como un simple reto a superar. 

Tan sólo el viento y una ventana han sido capaces de trasladarle a una carrera donde la rabia ya no es llorar. Un sino que acaba de comenzar, una nueva oportunidad en un Mundo donde no importe el sexo, la edad o la posición social. Un labrado camino que le lleva hasta conocer los entresijos de su propia alma, descubriéndose a sí mismo a partir de lo que ve en los demás. Y ser libre y que resulte tan natural como el cielo azul o gris que siempre acontece bajo nuestras cabezas.

1 de abril de 2014

Sentimientos enfrentados

Hace tiempo que dejé atrás a aquél niño inocente que se ilusionaba por todo y por nada a la vez, y que recorría las calles de Madrid pensando en cada momento y en cada lugar donde se ponían de manifiesto cada uno de los sentimientos enfrentados que a menudo solían florecer por mi altiva y ambiciosa mente. Pero no hace tanto tiempo desde que el cambió llegó, y aún sigo extrañándome de mí mismo, porque no encuentro a la persona que antes vivía en mí, porque no reconozco al yo que vive en mi presente, y no sé qué ni qué sé yo. 

Lo que quiero decir es que no me encuentro; son consecuencias de haber jugado demasiado tiempo al escondite, tildado con mi propio dedo de cobarde, buscando una vida más fácil, donde las emociones perdieran el encanto de ser una obra improvisada, como el paraguas que la cabeza protege y que nunca deja que la lluvia te sorprenda. Lo único que quiero expresar es que el tiempo me dio el poder que necesitaba para demostrarme sin utilizar la fuerza que aquello que soñaba sería una pesadilla si lo llevaba a la práctica. Pero sin hacer caso a mi destino, conseguí eliminar de mi argot emocional la palabra amor. Y ahora, incapaz de volver a desear una felicidad como tal, soy de mi espejo mi propio enemigo, mas no puedo mirar sin odiar al que fui y al que soy, al que se fue y nunca vuelve a recordarme lo que siempre tengo que hacer. Porque ahora soy fuerte, soy autosuficiente, o eso creía hasta que entendí que los excesos pasan tanta factura como los defectos.

Lo que más me duele es no poder recordar lo que recuerdo de la misma manera que lo que recuerdo me hizo olvidar todo el daño que me hacía sentir lo que sentía. Y se marcha la conciencia y la consciencia, la esperanza es lo último que se pierde, y tanto he perdido que escondido me levanto y no hay nada que me busque; la única manera de emocionarme es llevar conmigo el peso y el beneplácito del tiempo, que ha hecho de mí un ser inerte emocionalmente, el cual ha olvidado lo que se siente cuando todo se convierte en perfecto y el Mundo es una mentira que miente y sigue mintiendo sin que la verdad sea lo que necesitamos. Una mentira cubierta de asfalto, luces, muchas calles. Madrid se llena de gatos que se lamen las heridas con sangre que rebosa el corazón; mi corazón, tapiado para que nadie le hiciese daño, ahora se ha olvidado de que en su destino se halla la regla de soportarlo. 

24 de marzo de 2014

Dolor no hace esclavos

Ahora es cuando la razón manda y el corazón limpia, cuando la tierra es tan dulce como el mar donde bañamos nuestras dudas. El momento perfecto para lanzarse de lleno a por la bola del Mundo y saborear cada centímetro de tierra, de aire, de piel. La ocasión que dicen perfecta, otra versión distinta y más amable de la vida y sus sinsentidos me corroe y me alivia. En esta ocasión tan perfecta he oído que el tiempo hará que razón y corazón acaben por mimetizarse y expulsen toda su rabia, todo el dolor acumulado. Así, un buen día apareceré y no sabré que la vida se voló sin saber muy bien a dónde, llevándose con ella toda mi existencia en pequeños fragmentos que contienen sabiduría y sangre a partes iguales. 

El rojo es, sin duda, el mejor maestro para llegar al conocimiento, pero es tan peligroso que nos puede hacer olvidar quiénes somos, sin que podamos recordar la razón de cada latido, sin que aspiremos de nuevo otra bocanada de ese aire, de esa tierra y de esa piel tan fresca como ama de mi ser. Por ello, irse sin saber dónde origina un nuevo por qué, pero se responde con la respuesta más fácil y más sencilla, con la espontaneidad del no saber, del creer para ver. Así contestamos a la pregunta más difícil y más compleja, aquella que nos hace levantarnos cada mañana mientras está en nuestro poder libertador decidirlo, la que hace que rendirse no sea una opción entre el argot de respuestas posibles. La verdad, un doble juego que combina de miedo con esta nueva situación. 

Salir corriendo sin olvidar que el miedo no es más que una mochila con mucho peso, coger el tren o el avión dirección perderse, y volver a por alguien que ya no está, que te espera allí y allá sin saber que ya no quiere encontrarte. Sonreír con peor sentido del humor. Escribir y sólo querer escaparse de donde nadie quiere irse, sobrando motivos para no ser de este Mundo. Y mira, parece que hoy es un buen día para que éste sea el primero de toda una nueva vida. 

18 de marzo de 2014

Caballo de Troya

Decepcionante el ver caer de sus brazos la inocencia por la que tanto luchó en sus últimos días como persona libre. Con pasos que se arrastran hasta la máxima entre locos, con la mirada buscándose a sí misma, perdida entre el repertorio de intentos fallidos, de mares de sal, de besos incontables. Por ende, intangible la capacidad para derrotar al vértigo hasta ahora, simulando al niño que todos llevamos algún día dentro; en él, tan intacto que me robaba la razón. 

Sí, lo reconozco, me robó y se llevó de mí todo. Pero, sin embargo, seguía sin anexionarme a él, sin fundirme cuando sus tan calientes manos rozan mi ser y la existencia se vuelve un juego de niños. Ahora sólo dice lo que quiere decir, para que algún día la inocencia vuelva en forma de bumerán y atropelle a sus enemigos. Su cuerpo sería una dura muralla y la mejor diana, seguiría formando parte del juego cuando me conquistara sin armas, sin que se derramase la fuerza que compone la espada que atraviesa un corazón. 

Ese yo ya no es tan libre, y se encuentra cercano a lo que un día fue su reflejo ante el espejo. Mi lluvia serían las lágrimas sobre las que bañar todas mis entrañas, y me daría cuenta de que sólo fui yo mientras podía ser él. El premio al juego no sería mimetizar sus movimientos, sino encontrar el sentido de ellos y aprender a no llorar cuando pierdo. Y él, la muestra de un árbol caído en soledad, la muestra de que nada existe si no es nombrado. Es el miedo el que le hizo tan fuerte como inválido. Se ha llevado de mí lo que le pertenecía, y sin querer ha perdido la batalla, porque lo que se llevó no le hizo ganador. 

Indefenso, se mira y no conoce al luchador que un día fue si bien con tanto acierto, y las yemas de sus dedos ya no hablan por sí solas. Sangran tanto que es el inicio de su final. Se aleja de mí tanto como yo de él. No comprende que el niño se despide, que llora porque lo que fue un juego para él se ha reducido al hecho de sobrevivir, y lucha para el final se aleje todo lo posible. Tal como hicimos todos, llora porque ha perdido un juego que no puede ganar, y se pretende como un temido humano cuyas armas carecen de dignidad. Un juego de niños que nunca acaba si no se quiere acabar. La madurez construye toda una serie de pruebas que hay que superar, donde la sangre graba a modo de mandamientos los consejos que darán sentido a las reglas de un juego real de la vida y sus sinsentidos. 

13 de marzo de 2014

Cualquier ventana sirve

Siempre he sido de los que jamás ha entendido qué significa eso de la perfección. Es como el hambre en el Mundo; sabemos que existe pero no tenemos verdadera idea de lo que es, por mucho que lo imaginemos. Y así con infinidad de conceptos basados a partir de un contexto fijo cada vez más cambiante. Todo esto incluye, entre otras, las palabras amor y verdad. 

Y es que un buen día te paras a pensar y hasta descubres cosas. He llegado a toparme con colores nuevos, pero éste no es el caso. La cuestión alude al hecho de que la experiencia nos forja, nos forma, nos caracteriza, porque cada ser va unido a un existir, y porque todos somos distintos jamás podremos compartir el mismo punto de vista sobre un acontecimiento. Por ello es que la verdad es tan relativa y el amor tan puñetero; nos engañan por nuestro bien, nos mienten mientras dicen que todo es verdad, y el amor aparece aquí como un elemento aparentemente neutro que nos golpea de lleno y nos cambia nuestra manera de vivir y de convivir con el Mundo. La verdad asoma y el amor se empieza a traducir en dolor. El dolor se te refleja y todo se llena de sangre. 

Así, una vez comienzas a pensar, todo lo que un día fuera cosa de dioses se queda en un cuento para niños, y parece que el Sol te mira con dureza; tiene celos, sólo espera que un día seas capaz de mirarle de frente sin llorar. Y la verdad es que le quiero tanto que mi amor es ciego, nadie podría vivir lo que siento sin mirar al cielo y decirse a sí mismo: ¿ es esto lo que tanto quiero ?

Reflexión tras reflexión, empieza el juego de las mentiras y cada vez que se me viene a la cabeza la idea de que algún día llueva más de la cuenta ya no haya vuelta atrás. Todo sería perfecto si en cada experiencia alguien gritara como yo, besase como yo, perdiera los papeles como yo y supiese pedir perdón. Me quedaría en la ventana como tantas otras veces riéndole a la vida, mintiendo a las entrañas de mi ser, escupiendo hacia arriba y apartándome después; discutiendo cada día por un segundo más de vida así, ignorando las barreras que nunca estarían si no fuera por el líder de la manada. El que lo maneja sin contemplación; sí, el amor, el dolor, la verdad y la mentira, como cada concepto cargado de miles de respuestas para cada palabra vacía. 

Pero siempre seremos libres, creyendo escapar de los castigos de la vida, creando los lazos que estrangulan la libertad que en cada una de nuestras elecciones se ve perdida. Sin más, no pienso perder más el tiempo mirando a la nada desde aquí, el aire está chivato y mi alma parece tener frío. 

10 de marzo de 2014

Intensamente

Paso a paso. Así dice mi reloj. Que no se me ocurra por un momento pensar en el momento de avanzar de verdad, de medir la vida en sentimientos, en experiencias, y no en números. 

Calmado, me sigue diciendo. Es pronto porque es tarde, así que respira y descansa, pues no vas a llegar. Y yo y mis ganas se despiden de un alfabeto cuento que no entiende de reglas ni normas, tan sólo explicaría el momento más intenso, aquél en el que siento todo lo que pienso y sin pensarlo lo hago porque me he demostrado que puedo hacerlo. 

La verdad es que no encuentro el momento para seguir siendo yo sin convertirme en la persona que todos rechazan. Alguien irresponsable, un poco loco y descuidado en formas, lo contrario al protocolo, pero nunca lo igual al resto. Sólo es que no quiero que mi vida se base en pequeñas melodías, sino en una gran sinfonía donde un instante se convierte en felicidad, y la conciencia sucumbe al encanto de la canción que honorifica el fin de los días. 

Por lo que fue, por lo que era y no es, por lo que permanece, inerte ante el paso del tiempo, por lo que se mantiene firme ante los ojos de la muerte; por ello mi esperanza no decrece, espera no desaparecer, sino permanecer. E intensamente se marcha sin volver, y vuelve pero no se ve.

3 de marzo de 2014

Un regalo

Mi vida de repente se truncaba sin predecir ni una lágrima. Mira que valen caras pero aún sigo sin comprender por qué ser experto en esto de saber a qué dedicárselas. No entiendo la manera en que despiertan en mí un nuevo Mundo cuando acaba la retahíla, me pierdo en la capacidad del ser humano para errar y remendar sus errores, los mismos, una y otra vez, hasta que el tiempo nos caduca y nos condena al concepto más oscuro de verdad absoluta. Al tedio eterno, a una larga y terrible oscuridad que nos resguarda de un futuro cada vez más ambicioso e incierto.

Truncó cuando aprendí a echar de más. Cuando e fueron de mí tantas y tantas absurdas dudas que me llevaban a nadar entre tempestuosos océanos de sal y más sal. Truncó de la manera más impredecible, de la mejor manera posible, me di cuenta de que el ser humano me estaba comiendo; si bien no literalmente, podía sentir cómo mi cuerpo se desquebrajaba sin contemplación, estaba afilando los cuchillos de mis propias puñaladas. Por fin, estaba entendiendo todo lo que estaba haciendo. Egoísmo y orgulloso reglaban la felicidad, tan burda y dichosa que cualquiera se conformaría con anhelar lo que no puede lamer. Y la verdad es que aún ando perdido en esto de reconocer lo que ya conozco sin que lo que conozco condicione aquello que estoy por reconocer.

Será difícil que el camino del humano no sea el de destruirse, parece que la naturaleza nos define y nosotros nos hemos definido durante mucho tiempo. Y cuando el reloj suene, porque sonará, será un castigo del cielo, los dioses que tanto nos protegieron al fin fueron repudiados por las mismas máquinas que los crearon. Fueron tantos los que como chivos expiatorios se habían justificado que hasta la mala esperanza tenía cabida en este autocastigo sin salida. No se puede cambiar lo que no quiere cambiar, lo que no consiente la crítica, lo que no aprende de sus errores; el ser humano es capaz porque es capaz de crear todo un Mundo donde las reglas del juego salen de su mano, escritas por pocos y cumplidas por todos, y es así como cuando el barco se hunde nos lleva con él a un fondo negro donde la oscuridad parece cosa de dioses. Quizás, un regalo.

25 de febrero de 2014

Ardiendo entre las llamas

Ven, ven aquí, deléitate con todo lo que puedes hacer conmigo. Encógete, inspira por donde duele y tranquiliza tus ansias, hoy soy de todo y para todos he servido. No eres más que un fiel enemigo, un corazón a destiempo perdido en el camino, un alma inconsciente del vértigo del que siente que se encuentra de nuevo entre tanta incertidumbre. Ven que me escuches y haz caso de lo que te digo, somos almas deseando ser fusionadas, somos tú y yo bajo este techo de estrellas iluminadas, haciendo el amor sintiendo la llamada de la pasión. Ven y quémate entre llamas de tantos colores como imaginabas, el tiempo se nos queda tan muerto como cada mañana al despertar, corriendo sin salir de la cama y gritando no querer escapar. 

Éxtasis, fugacidad, pídeme en un deseo para que pueda luchar por estar entre tus sábanas, somos yo y tú perdiendo el espíritu y definitivamente no quiero que esto se acabe. Alimentémonos de eso que no alimenta y disfrutemos de cómo sería soñar eterno, volverse un poco más cuerdo, andar con los pies en el cielo hasta llegar al fuego donde quemarnos de nuevo. Vuelve y ven a mí, que tus labios se llevan tantos recuerdos como pudieron, tantos besos que sobraron y aún quiero, regálame de nuevo la manera de entregar todos mis desvelos. Y diles que no existe el miedo, sólo las ganas de vencerlo, diles que eres la víctima de un juego donde la vida es el placer y el placer la anarquía del sexo. 

Estoy ardiente por volver a verte y sé que es eso lo que quieres ver de nuevo, a ti y a mí descubriendo la manera de permanecer pegados. Oír un respiro, sentir el alivio, volver a nacer cada vez que tus ojos desnudan más que mi cuerpo. Abrazarte, tocarte, inhalarte, saber qué es lo que quieres y dártelo. La mejor forma de desconocernos parecía sacar de nosotros un ente diferente; un loco, una bestia, un estado de hedonismo carnal donde el fuego parece nunca debe quemar y, sin embargo, se vuelve tan ardiente que la única pesadilla es volver a la realidad. 

18 de febrero de 2014

Por qué no coger el tren

¿ Por qué no coger ahora mismo ese tren que me lleve hacia la locura ? Eso es lo que veo, y no me atrevo pero lo pienso. Me desarma tanto atrevimiento, tantas dudas justificadas por el claro deseo de perder todo lo que tengo, de marcharme muy lejos y empezar de cero, de cometer los mismos errores si es lo que quiero, y así recuperar la inocencia perdida que ya no tiene cabida en mi razón. 

Deseo cambiar mi actitud y correr hacia el tren que me lleve al cambio, como el signo que está representando el deseo, como el hecho eterno de arriesgar cuando asumes lo que te llevará al éxito. No es el miedo, es el tedio el que me condena cada día a ambicionar la escapada, a sentirme un poco menos humano por un cambio que libere de mí todo lo que llevo adentro. No es miedo, es empezar a ser sincero conmigo mismo, porque no puedo empezar sin más de cero, necesito algo que comprenda mis deseos por cambiar el Mundo entero. 

¿ Y por qué no este día el que llevo esperando ? ¿ Por qué cada idea me condena a la salida y a la vez me ata de pies y manos ? Porque comprendo que la ambición no entiende de límites. Porque la razón no sabe callarse. Porque el corazón ansía todo lo que desea. Y sin embargo, me obliga y asume la oscuridad en el lugar de origen, dando rienda suelta a la opción de suicidar lo que me castiga, apretando el ánimo hacia un nuevo camino de destino desconocido, hacia un horizonte donde el Sol se pone a capricho personal para que la duda haya merecido la pena. 

Sólo es cuestión de que un día la reflexión evoque la propia autorreflexión, y sea recíproca. Abstraerme hacia lo que verdaderamente me esclaviza, el deseo de un cambio que nunca llegará sin que acepte mi destino ni camine en contra del olvido. Vivir es asumir el tiempo que nos toca y hacer el máximo de nuestras opciones; un diálogo donde el egoísmo no tiene cabida, donde la fe implora una nueva concepción no tan podrida. Un ser humano limpio que coja el tren y le dirija, dentro de su camino, a donde le espera la verdadera felicidad. 

16 de febrero de 2014

De grises

Nada que me haga quedarme detiene hoy mis pasos y mil oportunidades nuevas para comenzar a vivir. Bastante tiempo me convertí en víctima de un sistema destructivo, donde la rutina me hacía esclavo de los mismos atardeceres, apáticos por aburrimiento y sin color ni textura que existiesen ya para mí. Ni pronto ni tarde, aprendí que la manía me cautivó por costumbre en un Mundo de grises y sólo una manera de gritar, ahogado por defecto. Triste pero cierto, he estado bastante tiempo entendiendo una sola verdad, una sola razón, una opción que me dirigía a error. Por motor me llevo la osadía de pedirme perdón, voy a recuperar lo que nunca tuve porque por humano me pertenece y a aprender nuestro único objetivo, que es buscar la manera eterna de reír a carcajadas. Ya estuve demasiado tiempo arrinconado, en un Mundo dicotómico donde nada es negro ni blanco, en una prisión de centinelas sin rostro humano. Mis valores quedaron anticuados para los que saltan sin cuerda por el puente de la vida. He perdido todos los sentidos que sin sentirlos me tenían esclavizado y bastante lejos de mi cuerpo y sus deseos. Me volví otra vez humano. 

Nada de nuevo, nada de viejo, tan sólo un adiós a este miedo tan dichoso que me ataba a las cadenas que no creamos, las que nos encierran en un rutinario abecedario que nos sitúa en un plano cerrado, en signos que dicen que nos hagamos daño, que nos perdamos y nunca encontremos la razón por la que decidir ser humanos. Vencido y despedido, puedes avanzar siguiendo sus pasos hasta llegar a los míos; yo he aprendido porque he podido sentir frío, tanto frío como para recordar que aun sigo queriendo tocar el fuego, y todos esos sueños que parecen absorbidos por un incompasivo sino. Del viaje a otros años para poder reivindicar nuestro derecho a hacernos daño, a llorar si lo deseamos, a que juzguen y nos juzguen, a matarnos y matar a los que nos encierran sin tocarnos. Yo me voy, me quedo aquí pero no pienso seguir haciendo indiferencia a la más bonita casualidad que acaba por quitarme la venda. Yo me quedo aquí y sin embargo me voy más allá, donde el Mundo sin variar consigue hacer felices a sus partes, que se unen formando un sólo todo de varios colores, donde el gris es la opción y no el destino. 

12 de febrero de 2014

Media Luna

Que sólo queda el ánimo que nos marchita, la cara oculta de la vida, restos de metralla volviendo a sus disparos certeros ocultando bondad bajo un uniforme de destrucción fatal. Y a la vez puro juego donde la verdad se mide sin palabras, esa vez donde sólo gana él. Anhelos inciertos serán pasos de caridad recreando un Universo mágico, volátil, amable y tan cierto como el día en que les vi. Aquella luz crepuscular de medianoche enseñaba senderos para cuando el alma se desperdiga, se va tras su sombra y el amor se convierte en delito. 

Mi Mundo, pues, hundido como la noche que se arrepintieron del contenido de mis pensamientos podridos. Ya sé, ya tengo dónde nadar. Fue un regalo en forma de bala y me salvara de las garras de un oso polar. La calma volverá a un tiempo o espacio en blanco, marcados por un único subterfugio anclado en el pasado, luchando por sobrevivir. "No estuvo bien, ahora tendré que aprender", mientras se había olvidado de cómo volver. Y mientras tanto allí, imaginando cada noche por qué existe el lado humano no sólo el que soñamos. Tal vez un día, la coraza no resista a la metralla y las paredes de esta jaula supramundana parezca tiña y no deje huella. Así vistamos de claro sin temor a desangrarnos. 

10 de febrero de 2014

Dragón rojo

Dragón rojo suena a libertad. A dejarse llevar por lo que te inspire el lienzo o la raya que acabe por surcar. Sólo es fuego empezando por quemar todas las ganas que han sido olvidadas porque nunca se puede, dirán. Y sólo cuando estés cerca tendrán que tragar todas esas imprecisas palabras que les hacen olvidar la fugacidad del Mundo en el que vivimos.

Sí, las idas y venidas acaban por despertar al dragón rojo que todos debemos portar. Va en nosotros, en cada uno de los deseos más prohibidos, ahora revelándose temerán. Como su gruñido al arañar todo lo que un baile onírico puede excitar, sin que su voleteo empiece a hacer del viento un arma mortal.

Todo lo que puedas ambicionar será lo que te define. Tus zapatos al andar, así serán. Y que sólo teman el renacer de un hombre nuevo, pues acaba de mutar un corazón cohibido por tanto miedo al comparar. En distintos caminos tendrá que averiguar por qué no ayer y hoy sí, por qué un mensaje puede cambiar el resto del discurso, por qué un beso es capaz de detener el tiempo. Sólo es materia errante reculando hacia lo que le compone, las más puras pasiones del feto gestando el placer de unos mortales.

Por eso, la tarea queda resuelta y el color del dragón es más fuerte al sol. El rojo no sólo lo lleva en su piel, sino también en su corazón, y la decisión final no es más que lo que decides tener. Tan sólo resignarte puede salir de ti. ¿Por qué no brillar?

4 de febrero de 2014

Echo de menos

Si me preguntan por la verdad, diré que es largo el recorrido de mis palabras a tus oídos, pero si de verdad quieres escuchar, agárrate y agarra todo lo que de mi pecho expulso por pura rabia y melancolía que hacen trizas todo esto...

Echo de menos el destino que nos hizo amigos. Echo de menos un poco de solidaridad en este camino que no es nuestro ni de nuestros ancestros, es de todos y de nadie más. Echo de menos un poco de sinceridad cuando uno se quiere declarar, cuando cree que el otro debe escuchar, y me apetece que ambos callen para dejarse deleitar por el silencio que define tantas y tantas respuestas. Echo de menos entenderlo todo con un simple "vale", y echo muchísimo de menos creer que no soy el único que se equivoca. Ver sinceridad en algo más que palabras, descubrirse mientras se conocen y no antes de ello. 

La tradición y no el progreso por el progreso, echo en falta tantos besos a destiempo, tantos planes inconexos y macabros que nunca defraudan y siempre te acaban por llevar a donde menos esperas. Echo de menos el cariño de verdad, el abrazo del amigo que siempre está, el tiempo que llevo mintiendo a mis sentimientos, diciendo por "te quiero" un nunca, un lo siento. Echo de menos tanto la sensibilidad cuando se habla de dolor, cuando uno sufre y siente que su corazón se destroza, y echo de menos el encargado de reparar con una mirada todo lo que por la falta de ella se rompió. 

La muerte es la maestra de todo esto; te enseña a valorar todo lo que se ha ido y no vuelve, todo lo que has perdido por la mala cabeza, todo el tiempo que se esfuma entre cada suspiro. La verdad es que echo de menos todo lo prohibido, y seguir pensando que lo que hago no es lo correcto para reprimirme y no deprimirme. Echo mucho de menos llorar por primera vez con el ahora himno de mi vida. Echo de menos levantarme helado de frío y muerto de sueño deseando estrenar cada juguete y despertar en ellos la única razón que explicaba todo lo de alrededor. Echo de menos los cara a cara, los miedos del primer cortejo, los "todo saldrá bien" que nunca suelen funcionar pero que ahí están, y todos aquellos noticiarios anunciando un festivo. 

Es natural echarse de menos porque duele cuando ya no están. Y echo en falta todo aquello que, por suerte o por desgracia, ya no está. Continuar avanzando y dejando atrás todo lo que pesaba demasiado, todo lo que quise y no podía tener, todo lo que no era para mí, cada una de las mentiras que aprendí de ellas, y ni una misma piedra que me haga tropezar. Sí, lo reconozco, lo echo de menos. 

3 de febrero de 2014

Dicen que sigue nevando

Dicen que ha nevado y que las flores están esperando la espalda que las abrigue, el sol que las caliente, el olor que las caracteriza. Ya ves, no eres el único que aprende tras los golpes, ni mucho menos el que valora lo que pierde cada día mientras observa como se pierde en un mar de dudas. Hoy nieva blanco y algún día conseguiremos pintar hasta el último copo perdido porque así es como nos sentimos alguien en este Mundo tan grande como absurdamente existencial. Y es como que el tiempo pasa y las cosas se repiten, si bien no del modo que esperamos, y una eternidad se cierne sobre nuestros pasos a medida que siguen repitiéndose una y otra vez los gritos de los niños tras ver su primera nevada. 

Hoy he recordado que no hace falta color blanco para ver nuestro propio retrato. Ahí, enmascarado, tú sigue llorando porque algún día todo esto que ves jamás podrás tocarlo. Así, las flores llegan a mayo y se perfuman para perfumarnos el corazón por todos lados. Soñando, sin nada que te agarre del brazo avanzas con los ojos cerrados a ver el blanco que siempre has soñado. Como cualquier ser humano, te extrañas porque no eres el niño que tanto habías soñado. Sigue nevando.

Esperas a que el viento sople a favor, y del frío eres presa. La nieve se amontona en los tejados, año tras año, y tú sigues aún encerrado en un Mundo que no lleva a ninguna parte. Las flores aplastadas, las mejillas coloradas, y ese par de lágrimas cristalizadas que con el vaho expiran ciertamente el dolor y el miedo a no avanzar y quedarse estancado como cada año en un largo invierno donde el blanco no deja espacio para el color del verano. Este largo invierno se ha llevado de ti tantos años que ni la fuerza de la inventiva del ser humano ha conseguido hacer de ti el héroe que el niño ahora rechaza. La calma es tu único castigo y el valor tu único pecado. 

30 de enero de 2014

Insomnio

La lluvia iniciaba lo que sería ya un ritual para este corazón, que a veces olvida lo tan sencillo de la vida que es descansar. Pasa el tiempo y los ojos viran de sentido una y otra vez como si de objetivos buscando la presa se tratara. Es un silencio extraño, donde las noches encuentran la acogida que merecen, y no en esas calles tan corrompidas por la locura y la violencia donde se busca tras cada mañana. Y aquí me dejo abandonar hasta que los objetivos cazan a su presa, dando sentido a la razón por la que siguen buscando. Encontrar una salida para romper con la codicia que maldice sus opciones. Relata aquí la historia de un pobre enfermo imposible de curar, las lágrimas de una madre que no tendrá nada con lo que alimentar a su joven prole, las miles y miles de historias que la noche recoge por miedo a estropear la luz que desprende la felicidad. Y yo aquí, me reúno con todos ellos una vez más, como tantas veces olvido por volverlo a intentar. Y así, emprendo un camino difícil de olvidar porque estas cicatrices nunca conseguirán irse. Es por ello por lo que me despierto de mi pequeño trance y estoy dormido. Vuelvo a olvidar. Y vuelvo a recordar con sólo dar un paso hacia atrás. Todo queda desvanecido en una terrible confusión; no poder separar los sueños de la realidad...