Me despido. No es lo que tengo, es lo que soy, es lo que queda únicamente, lo que ya no duele se convierte en una lanza de dos puntas que desangran al que llora y al que engaña. Se pierde ensimismado en las mismas manías y olvida recordar lo que ha aprendido gracias al tiempo. Era un ser nuevo, siniestro, y ahora es tan sencillo como el viento que vuela y se lleva la voz de su historia. Solía medir las cosas sin números de por medio, y a todos fascinaba con sólo abrir la boca. Ahora, sopesa todo lo que no le somete, el miedo se ha hecho tan fuerte dentro de su sien que jamás respirará conforme, no podrá porque cree que no puede. De perderse a nunca ser encontrado, de los que algún día quisieron decir algo más que un "no miento", y no es justo y la verdad es que aún lo siento...
Me saludan. Aquí está, aquí no estoy. Es la sombra del rostro triste, camuflada por la situación, tan inquietante como excitante, porque puedo respirar y tanto que el viento se ha llevado consigo todo mi ser hasta quedarse en nada. No es lo que queda, es lo que tengo, es lo que desaparece lo que apesta, y la lanza es el bastón, el mando, el guión y el timón del barco. Sin embargo, no me sale la voz, y las palabras se han quedado tendidas en un hilo que, de seguido, apunta a una luz. Es ahí, es mi señal, todo acaba donde tiene que empezar...
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