25 de febrero de 2014

Ardiendo entre las llamas

Ven, ven aquí, deléitate con todo lo que puedes hacer conmigo. Encógete, inspira por donde duele y tranquiliza tus ansias, hoy soy de todo y para todos he servido. No eres más que un fiel enemigo, un corazón a destiempo perdido en el camino, un alma inconsciente del vértigo del que siente que se encuentra de nuevo entre tanta incertidumbre. Ven que me escuches y haz caso de lo que te digo, somos almas deseando ser fusionadas, somos tú y yo bajo este techo de estrellas iluminadas, haciendo el amor sintiendo la llamada de la pasión. Ven y quémate entre llamas de tantos colores como imaginabas, el tiempo se nos queda tan muerto como cada mañana al despertar, corriendo sin salir de la cama y gritando no querer escapar. 

Éxtasis, fugacidad, pídeme en un deseo para que pueda luchar por estar entre tus sábanas, somos yo y tú perdiendo el espíritu y definitivamente no quiero que esto se acabe. Alimentémonos de eso que no alimenta y disfrutemos de cómo sería soñar eterno, volverse un poco más cuerdo, andar con los pies en el cielo hasta llegar al fuego donde quemarnos de nuevo. Vuelve y ven a mí, que tus labios se llevan tantos recuerdos como pudieron, tantos besos que sobraron y aún quiero, regálame de nuevo la manera de entregar todos mis desvelos. Y diles que no existe el miedo, sólo las ganas de vencerlo, diles que eres la víctima de un juego donde la vida es el placer y el placer la anarquía del sexo. 

Estoy ardiente por volver a verte y sé que es eso lo que quieres ver de nuevo, a ti y a mí descubriendo la manera de permanecer pegados. Oír un respiro, sentir el alivio, volver a nacer cada vez que tus ojos desnudan más que mi cuerpo. Abrazarte, tocarte, inhalarte, saber qué es lo que quieres y dártelo. La mejor forma de desconocernos parecía sacar de nosotros un ente diferente; un loco, una bestia, un estado de hedonismo carnal donde el fuego parece nunca debe quemar y, sin embargo, se vuelve tan ardiente que la única pesadilla es volver a la realidad. 

18 de febrero de 2014

Por qué no coger el tren

¿ Por qué no coger ahora mismo ese tren que me lleve hacia la locura ? Eso es lo que veo, y no me atrevo pero lo pienso. Me desarma tanto atrevimiento, tantas dudas justificadas por el claro deseo de perder todo lo que tengo, de marcharme muy lejos y empezar de cero, de cometer los mismos errores si es lo que quiero, y así recuperar la inocencia perdida que ya no tiene cabida en mi razón. 

Deseo cambiar mi actitud y correr hacia el tren que me lleve al cambio, como el signo que está representando el deseo, como el hecho eterno de arriesgar cuando asumes lo que te llevará al éxito. No es el miedo, es el tedio el que me condena cada día a ambicionar la escapada, a sentirme un poco menos humano por un cambio que libere de mí todo lo que llevo adentro. No es miedo, es empezar a ser sincero conmigo mismo, porque no puedo empezar sin más de cero, necesito algo que comprenda mis deseos por cambiar el Mundo entero. 

¿ Y por qué no este día el que llevo esperando ? ¿ Por qué cada idea me condena a la salida y a la vez me ata de pies y manos ? Porque comprendo que la ambición no entiende de límites. Porque la razón no sabe callarse. Porque el corazón ansía todo lo que desea. Y sin embargo, me obliga y asume la oscuridad en el lugar de origen, dando rienda suelta a la opción de suicidar lo que me castiga, apretando el ánimo hacia un nuevo camino de destino desconocido, hacia un horizonte donde el Sol se pone a capricho personal para que la duda haya merecido la pena. 

Sólo es cuestión de que un día la reflexión evoque la propia autorreflexión, y sea recíproca. Abstraerme hacia lo que verdaderamente me esclaviza, el deseo de un cambio que nunca llegará sin que acepte mi destino ni camine en contra del olvido. Vivir es asumir el tiempo que nos toca y hacer el máximo de nuestras opciones; un diálogo donde el egoísmo no tiene cabida, donde la fe implora una nueva concepción no tan podrida. Un ser humano limpio que coja el tren y le dirija, dentro de su camino, a donde le espera la verdadera felicidad. 

16 de febrero de 2014

De grises

Nada que me haga quedarme detiene hoy mis pasos y mil oportunidades nuevas para comenzar a vivir. Bastante tiempo me convertí en víctima de un sistema destructivo, donde la rutina me hacía esclavo de los mismos atardeceres, apáticos por aburrimiento y sin color ni textura que existiesen ya para mí. Ni pronto ni tarde, aprendí que la manía me cautivó por costumbre en un Mundo de grises y sólo una manera de gritar, ahogado por defecto. Triste pero cierto, he estado bastante tiempo entendiendo una sola verdad, una sola razón, una opción que me dirigía a error. Por motor me llevo la osadía de pedirme perdón, voy a recuperar lo que nunca tuve porque por humano me pertenece y a aprender nuestro único objetivo, que es buscar la manera eterna de reír a carcajadas. Ya estuve demasiado tiempo arrinconado, en un Mundo dicotómico donde nada es negro ni blanco, en una prisión de centinelas sin rostro humano. Mis valores quedaron anticuados para los que saltan sin cuerda por el puente de la vida. He perdido todos los sentidos que sin sentirlos me tenían esclavizado y bastante lejos de mi cuerpo y sus deseos. Me volví otra vez humano. 

Nada de nuevo, nada de viejo, tan sólo un adiós a este miedo tan dichoso que me ataba a las cadenas que no creamos, las que nos encierran en un rutinario abecedario que nos sitúa en un plano cerrado, en signos que dicen que nos hagamos daño, que nos perdamos y nunca encontremos la razón por la que decidir ser humanos. Vencido y despedido, puedes avanzar siguiendo sus pasos hasta llegar a los míos; yo he aprendido porque he podido sentir frío, tanto frío como para recordar que aun sigo queriendo tocar el fuego, y todos esos sueños que parecen absorbidos por un incompasivo sino. Del viaje a otros años para poder reivindicar nuestro derecho a hacernos daño, a llorar si lo deseamos, a que juzguen y nos juzguen, a matarnos y matar a los que nos encierran sin tocarnos. Yo me voy, me quedo aquí pero no pienso seguir haciendo indiferencia a la más bonita casualidad que acaba por quitarme la venda. Yo me quedo aquí y sin embargo me voy más allá, donde el Mundo sin variar consigue hacer felices a sus partes, que se unen formando un sólo todo de varios colores, donde el gris es la opción y no el destino. 

12 de febrero de 2014

Media Luna

Que sólo queda el ánimo que nos marchita, la cara oculta de la vida, restos de metralla volviendo a sus disparos certeros ocultando bondad bajo un uniforme de destrucción fatal. Y a la vez puro juego donde la verdad se mide sin palabras, esa vez donde sólo gana él. Anhelos inciertos serán pasos de caridad recreando un Universo mágico, volátil, amable y tan cierto como el día en que les vi. Aquella luz crepuscular de medianoche enseñaba senderos para cuando el alma se desperdiga, se va tras su sombra y el amor se convierte en delito. 

Mi Mundo, pues, hundido como la noche que se arrepintieron del contenido de mis pensamientos podridos. Ya sé, ya tengo dónde nadar. Fue un regalo en forma de bala y me salvara de las garras de un oso polar. La calma volverá a un tiempo o espacio en blanco, marcados por un único subterfugio anclado en el pasado, luchando por sobrevivir. "No estuvo bien, ahora tendré que aprender", mientras se había olvidado de cómo volver. Y mientras tanto allí, imaginando cada noche por qué existe el lado humano no sólo el que soñamos. Tal vez un día, la coraza no resista a la metralla y las paredes de esta jaula supramundana parezca tiña y no deje huella. Así vistamos de claro sin temor a desangrarnos. 

10 de febrero de 2014

Dragón rojo

Dragón rojo suena a libertad. A dejarse llevar por lo que te inspire el lienzo o la raya que acabe por surcar. Sólo es fuego empezando por quemar todas las ganas que han sido olvidadas porque nunca se puede, dirán. Y sólo cuando estés cerca tendrán que tragar todas esas imprecisas palabras que les hacen olvidar la fugacidad del Mundo en el que vivimos.

Sí, las idas y venidas acaban por despertar al dragón rojo que todos debemos portar. Va en nosotros, en cada uno de los deseos más prohibidos, ahora revelándose temerán. Como su gruñido al arañar todo lo que un baile onírico puede excitar, sin que su voleteo empiece a hacer del viento un arma mortal.

Todo lo que puedas ambicionar será lo que te define. Tus zapatos al andar, así serán. Y que sólo teman el renacer de un hombre nuevo, pues acaba de mutar un corazón cohibido por tanto miedo al comparar. En distintos caminos tendrá que averiguar por qué no ayer y hoy sí, por qué un mensaje puede cambiar el resto del discurso, por qué un beso es capaz de detener el tiempo. Sólo es materia errante reculando hacia lo que le compone, las más puras pasiones del feto gestando el placer de unos mortales.

Por eso, la tarea queda resuelta y el color del dragón es más fuerte al sol. El rojo no sólo lo lleva en su piel, sino también en su corazón, y la decisión final no es más que lo que decides tener. Tan sólo resignarte puede salir de ti. ¿Por qué no brillar?

4 de febrero de 2014

Echo de menos

Si me preguntan por la verdad, diré que es largo el recorrido de mis palabras a tus oídos, pero si de verdad quieres escuchar, agárrate y agarra todo lo que de mi pecho expulso por pura rabia y melancolía que hacen trizas todo esto...

Echo de menos el destino que nos hizo amigos. Echo de menos un poco de solidaridad en este camino que no es nuestro ni de nuestros ancestros, es de todos y de nadie más. Echo de menos un poco de sinceridad cuando uno se quiere declarar, cuando cree que el otro debe escuchar, y me apetece que ambos callen para dejarse deleitar por el silencio que define tantas y tantas respuestas. Echo de menos entenderlo todo con un simple "vale", y echo muchísimo de menos creer que no soy el único que se equivoca. Ver sinceridad en algo más que palabras, descubrirse mientras se conocen y no antes de ello. 

La tradición y no el progreso por el progreso, echo en falta tantos besos a destiempo, tantos planes inconexos y macabros que nunca defraudan y siempre te acaban por llevar a donde menos esperas. Echo de menos el cariño de verdad, el abrazo del amigo que siempre está, el tiempo que llevo mintiendo a mis sentimientos, diciendo por "te quiero" un nunca, un lo siento. Echo de menos tanto la sensibilidad cuando se habla de dolor, cuando uno sufre y siente que su corazón se destroza, y echo de menos el encargado de reparar con una mirada todo lo que por la falta de ella se rompió. 

La muerte es la maestra de todo esto; te enseña a valorar todo lo que se ha ido y no vuelve, todo lo que has perdido por la mala cabeza, todo el tiempo que se esfuma entre cada suspiro. La verdad es que echo de menos todo lo prohibido, y seguir pensando que lo que hago no es lo correcto para reprimirme y no deprimirme. Echo mucho de menos llorar por primera vez con el ahora himno de mi vida. Echo de menos levantarme helado de frío y muerto de sueño deseando estrenar cada juguete y despertar en ellos la única razón que explicaba todo lo de alrededor. Echo de menos los cara a cara, los miedos del primer cortejo, los "todo saldrá bien" que nunca suelen funcionar pero que ahí están, y todos aquellos noticiarios anunciando un festivo. 

Es natural echarse de menos porque duele cuando ya no están. Y echo en falta todo aquello que, por suerte o por desgracia, ya no está. Continuar avanzando y dejando atrás todo lo que pesaba demasiado, todo lo que quise y no podía tener, todo lo que no era para mí, cada una de las mentiras que aprendí de ellas, y ni una misma piedra que me haga tropezar. Sí, lo reconozco, lo echo de menos. 

3 de febrero de 2014

Dicen que sigue nevando

Dicen que ha nevado y que las flores están esperando la espalda que las abrigue, el sol que las caliente, el olor que las caracteriza. Ya ves, no eres el único que aprende tras los golpes, ni mucho menos el que valora lo que pierde cada día mientras observa como se pierde en un mar de dudas. Hoy nieva blanco y algún día conseguiremos pintar hasta el último copo perdido porque así es como nos sentimos alguien en este Mundo tan grande como absurdamente existencial. Y es como que el tiempo pasa y las cosas se repiten, si bien no del modo que esperamos, y una eternidad se cierne sobre nuestros pasos a medida que siguen repitiéndose una y otra vez los gritos de los niños tras ver su primera nevada. 

Hoy he recordado que no hace falta color blanco para ver nuestro propio retrato. Ahí, enmascarado, tú sigue llorando porque algún día todo esto que ves jamás podrás tocarlo. Así, las flores llegan a mayo y se perfuman para perfumarnos el corazón por todos lados. Soñando, sin nada que te agarre del brazo avanzas con los ojos cerrados a ver el blanco que siempre has soñado. Como cualquier ser humano, te extrañas porque no eres el niño que tanto habías soñado. Sigue nevando.

Esperas a que el viento sople a favor, y del frío eres presa. La nieve se amontona en los tejados, año tras año, y tú sigues aún encerrado en un Mundo que no lleva a ninguna parte. Las flores aplastadas, las mejillas coloradas, y ese par de lágrimas cristalizadas que con el vaho expiran ciertamente el dolor y el miedo a no avanzar y quedarse estancado como cada año en un largo invierno donde el blanco no deja espacio para el color del verano. Este largo invierno se ha llevado de ti tantos años que ni la fuerza de la inventiva del ser humano ha conseguido hacer de ti el héroe que el niño ahora rechaza. La calma es tu único castigo y el valor tu único pecado.