24 de octubre de 2016

Dame la mano

Se muere la humanidad. El tiempo que nos toca tiene un más que embaucador olor a sueño vivido, sólo que en cualquier momento el abismo de la pesadilla acecha bajo el impecable control de una adicción.

No caerá su salud, tan sólo dormirá hasta que el reflejo de la muerte le avise de que las oportunidades tienen los días contados con mayor precisión de la que nunca antes fuimos capaces de concretar. Y ya. 

Sólo quedará la imagen de nuestra viciada huella en un par de fotografías en una red social. Habremos cumplido como parte de una sociedad que sostiene sus cimientos con menos convencimiento de lo que sus fuerzas pueden aguantar. 

Esclava de su propia magnitud, vive ahogada en una especie de melancolía en el pasado y la despreocupada mirada a lo que sus pies pisan y la elegida ignorancia hacia un futuro que no siempre abrumó tanto. 

La desesperanza lleva por bandera la guerra encubierta de un 'sálvese quien pueda' donde no hay ni un sólo humano que no sea náufrago de su propia isla. 

La distancia que hay entre nosotros sólo es el espacio necesario para mostrarnos todo lo que nos une, y de ello se han de alimentar las ansias que nos produce el deseo de la felicidad.

Admirar por encima de todo nuestra capacidad para amar lo que juntos producimos y ser justos cuando tenemos que parar en seco y determinar lo que en un momento dado nos identifica como diferentes al resto.

La ansiedad por encontrar nuestro hueco podría ser al fin sustituida por el lugar que nos pertenece como comunidad. De repente, todo se llena de posibilidades, y es ahí donde toda fe es completamente razonable.

1 de mayo de 2016

Naúfrago en un Mundo

Vivo en un Mundo injusto, donde la excepción se rige a la norma y la libertad se entiende sin un suelo en el que pisar; donde los zapatos tan sólo sirven para calzar. Donde las personas se pelean por ver quién es la mejor base de la pirámide, el más gallito de la corrala; donde el triunfo no es alcanzar la meta sino competir por la foto final con la que posturear. 

Un constante declararse la guerra en vez de reutilizar las armas como herramientas para humanizar la realidad tan harta de cadenas que no hay Dios que las derrumben. Una vida y un Mundo lleno de colores huecos y de cabezas llenas de vacío, de usual trivialidad que acaricia sin pensar la tristeza de carecer de un lugar en este Mundo sin más, cada vez más carente de sentido en pos de quien da más por la idea que más se acerque a olvidarse de todo esto por algo aún no muy cierto.

Este es un Mundo lleno de cosas que últimamente no sirven para nada pero, qué más da, al menos están; apretujándose contra la falta de significados abiertos a ignorar la necesidad de ser alguien y ser para los demás. Todo un sistema que con precisión ha encontrado la medida que le lleva a la deriva en su camino por conseguir algo de lo que jamás ha aceptado carecer. La falta de escrúpulos y la rebeldía forman un pacto recíproco, los deseos realizables un consuelo frío y al uso, las miradas tan sólo guardan recelo, olvidan que no hay por qué tener miedo; te miran y buscan verse reflejadas para encontrar en ellas su pañuelo de lágrimas desatadas a punto de desembarcar donde la soledad hace a la humanidad querer volverse a abrazar. 

19 de abril de 2016

Efímero

Huir de ti es perderme después. Mi referencia, mi constante, mi fuego en peligro de extinción. Avanzas hacia atrás y desesperas mi eterna espera dedicada a anhelarte cada día un poco más. Amaneces colgado de un dichoso sueño con sabor a amor que se repite cada mañana incluso antes de salir el sol. Es adicción la de mi alma desayunando un recuerdo suave e intenso, pero me acabará controlando si no vienes para evitarlo. Mis raíces, mi motivo, mi ilusión arraigan con fuerza dentro de mi ser del que se nutren y dependen las ganas de volver a verte, aunque puede que ya no me encuentres. 

Lo peor de todo es cuando pareces novedad pero te repites. Eso ya no refresca sino que condena, porque sufrir es sentir que no se acabará nunca. Y de aquí surge una nueva oportunidad para despertar de este largo sueño convertido en frío invierno y siempre amarga soledad, después de saborear la derrota desde una hipotética victoria. Se revelan en mis ojos las ganas de mirar cuando la posibilidad se cruza con la realidad. Y, aunque no me acuerdo de cómo reaccionar, la emoción me desborda cuando la novedad se torna familiar y me vuelve a hacer sentir en calma. Perdiéndote encontré el camino para tenerle. 

27 de marzo de 2016

Adiós temor

Cuando la pura incertidumbre se traduce en la espeluznante idea de temer al propio temor ya no hay nada más volátil que la propia existencia. Ya no importa, cada pensamiento gira entorno a la propia razón de ser, que teme ser de más, ser de menos, y que encuentra la salida en dejar de ser. Solo que cuando uno deja de ser, normalmente no le es igual de sencillo volver a serlo, e incluso en algunos casos suele resultar imposible. Es una escapada hacia el vacío, y nada reconfortaría tanto como esto salvo porque aunque nos frene, el suelo nos salva y nos contiene. 

Resulta innecesario mas no elegido este cruce de acusaciones contra uno mismo. Es la lucha natural que se tiene al recordar y traer al presente el vago peso del pasado que escribe una desarraigada estela, apuntando con su marca a la vez a nada y a este miedo injustificable por el lógico desconocimiento de lo probable. Este sentir no es más que la pura rebeldía de la libertad revelada, de la oportunidad ensombrecida por su propia gloria, carente de algún escrúpulo y desligada de toda realidad, de todo misterio. Es la derrota que nunca se acepta por orgullo. Es la sensación que nos mantiene despiertos entre tantos sueños sin cumplir para que los cumplamos, e incluso hace las veces de la mano amiga que siempre falta cuando nos aborda. 

Pura energía contenida deseando conquistarte; no es más que una pesadilla en replay, un mal aprendizaje acostumbrado a ponérselo fácil al dolor que a todos nos recorre el pensamiento cuando pensamos de más mientras lo intentamos evitar. La única solución resulta de decirle que no y seguir como si nada, dejando de esperar para actuar ante el público que espera su show, aquél que hará disfrutar a los demás y te dará un lugar. ¿ Cómo hacerlo ? Escríbelo.

22 de marzo de 2016

Vivo en sus adentros

Cuando todo arde ya nada queda, o así debiera ser mas los restos de esta partida sin vencedor han acabado por estancar el canal de nuestras vidas. Acaloran con su animoso recuerdo la ingobernable sobriedad de una despedida sin adiós. Se despide como se despidieron de mi cuerpo la ingenuidad y todas aquellas cosas que aún llevo muertas en mí como un lastre que amenaza con anclarme mientras siento que el tiempo no deja de atropellarme. 

Un buen día nos encontraremos buscando reavivar la llama que jamás prendió por completo pero ahí seguiremos, como el sediento que no consigue sedar su sed, procurando encontrar el hueco donde quepamos sin hacer mucho ruido, o donde refugiarnos del frío de la amarga soledad. Tan sólo son cenizas pero es tan fuerte el recuerdo y la esperanza que calientan con solo tocarlas, dejando a su propia merced todo lo superficial y brotando en mi interior el calor de un pasado con olor a insatisfacción.

No fuimos nunca tan libres como cuando nos volvimos a equivocar pensando las formas por las que merecía la pena echar la vista atrás, o como cuando destruimos solamente para forjarnos de nuevo. No seremos ya más que una nítida imagen que busca reconocimiento en un futuro indómito. Y es que parece que vivir es en mí el mayor enigma por resolver, si bien es el reto lo que me impide parar, lo que me hace fracasar para seguir teniéndome, día tras día, que levantar. 

15 de marzo de 2016

La punta de algo más que un iceberg

La homosexualidad no está en el 10% del planeta. La homosexualidad se encuentra en todo lo que nos rodea; en todas aquellas cosas que nos identifican y etiquetan como tal por el simple hecho de parecer ser algo que quizás ni tan siquiera uno se ha planteado querer ser antes.

Incluso te malogran, te obligan a posicionarte en una guerra que nunca antes te había dado tan igual. Son esas cosas las que rodean todo lo que nos rodea, cerrando el círculo como si de un circuito se tratase, solo que no llega a ningún lugar. Y nos siguen condenando a todos a una lucha estúpida con el de al lado, con el de enfrente, con el vecino, con el amigo y con el enemigo, pero sobre todo una y otra vez con uno mismo.

Pues, señores, ¿ quién no se ha tenido que cuestionar a sí mismo por si no resultaba cuestionable, incluso desacreditable, cualquier acto cotidiano realizado por poder resultar "demasiado" femenino o masculino? Vulgares etiquetas que dicotomizan todo lo naturalmente humano, todo lo probablemente posible en la vida de un individuo y con independencia a lo que le cuelgue (o no) entre las piernas.

Estúpidos somos si no pensamos con verdadera claridad sobre este hecho porque entonces seguimos ciegos caminando por un único camino de un sólo sentido. Demasiado aburrido, ¿ no ?

27 de febrero de 2016

Ajado el caballero

Aquel dandy sacado de cualquier barra de bar que malvivía de lo poco que su ego le regalaba, las migajas de la ignorancia convertida en el más básico cinismo humano; la plena consciencia de que era capaz de llenar su falta de humildad con falsa felicidad concedida a modo de trofeo a aquel que le aspira. Tras anticuado perfume y ahogado tras su hipo por la cerveza, se atreve a documentar por recuerdos su malestar; putrefacta la idea de encontrar honestidad donde siempre había mentira. No se atrevía, sin más, a mirar por una vez de verdad, tal vez porque le falta valentía de tanto fardar, tal vez esté tan vacío de tanto querer dar, de tanto estafar. 

Aquel desdichado poco consuelo le va a quedar cuando resuelva la ecuación; creíste robar lo que faltaba y acabaste yéndote sin nada y con la energía gastada. Y ya no sé si sabrías si un solo recuerdo es más fuerte que cualquier copa en cualquier bar, con cualquier mirada acechando para dejar constancia de tu vuelta, aunque vuelves a tu vida, o a eso que se le parece, y nunca más a la suya. Su derrota es tu victoria, pero algún día cambiarán las tornas. 

Mientras tanto, sigue celebrando que algún día se te acabarán las ganas porque no te quede nada más por ganar y tan solo busques querer. Ahí comenzarás a reconocer la derrota, en la ruina absoluta. Descargarás las armas y querrás poner fin a la partida. Turno perdido, ya no hay nada que valga. Da lo que debes y vuelve a la cama, te espera otra noche larga; la barra aquí espera a todo aquel que ignora que amarse es imposible sin antes amar. Tus delirios de grandeza solo adquieren validez en la jaula donde el ostracismo te hizo rey.

18 de febrero de 2016

Dorito

El castigo serías tú fuera de mi mente. Hace tiempo que me atormenta la leve idea de dejarte en el olvido, pues tras el sufrimiento por tu huida yo ya había aceptado mi victoria en la derrota; pensaría que mi recuerdo era la recompensa por haberte tenido para mí por un momento. De verdad, nunca antes había sido tan egoísta; de hecho, a veces me excedo creyendo que no eres lo que quiero, pero verdaderamente sé que se hace eterna esta lucha inútil contra un vivo recuerdo. Te busco en todas partes, en todas las caras y en todos los besos, y me repito tanto que consigo regresar por un segundo al lugar donde perece lo que aún arde dentro de mí. 

Me pregunto si las calles te suenan a algo más que música para olvidar, que te recuerden en algún momento si te sentiste libre o, si por lo contrario, huías para encerrarte en el ser que encarnas para proteger al ser que escondes bajo una translúcida capa de insensibilidad. Disfruto con la idea de empatizar contigo, y aún cuando no consigo entenderte me siento a esperarte, como si de una vez fueras a llegar, a explicarme la razón de tu ausencia, a hacer de mi esperanza mi mejor religión. Se que tú, en cualquier lugar, consigues recordar con la mejor de tus sonrisas, con la melancolía de un poderoso recuerdo que aun te ahonda en lo más profundo. No sería yo el único loco en esa habitación. Y no serías tú si no fueras el que aún me tiene en vela. 

2 de febrero de 2016

A un paso de la libertad y a dos de la felicidad

La ruptura representa el dolor. Y un clavo saca a otro clavo. Pero, ¿ y si no hay nada que sacar ? Verás, no es que no sea capaz de amar. Al contrario. Amo demasiado. A veces incluso no sé dejar de hacerlo, pero dudo que no haya una manera diferente, nunca demasiado utópica, de amar sin que duela. Y es que verás, mi pensamiento delirantemente hegeliano cree fielmente que amar es dejar de ser para ser más, por lo que siempre espero no sufrir para llevarlo a cabo. Amando todo lo que hago, lo que me rodea, apreciando lo que a ojos del mundo parece invisible, ignorando insensibles e insensibilizados, y esperando no exigir sin respetar de antemano; así me siento más humano.

Si bien es verdad, y en eso tampoco peco de necio, que en cada resquicio humano se escribe una historia en potencia de manifestar algún ápice de dolor. Nuestra misteriosa y numinosa genética porta dolor desde el minuto uno en el que respiramos. Pues vivir solo es posible si no estás muerto, si desapareces aunque haya un cuerpo que posea tu recuerdo; es por ello un útil recordatorio. Pero no he conocido una forma de desatarse de la condena humana que sofisticando sus propias armas, aliándose con el enemigo, dando paso a la tara de la maquinaria, el defecto que en efecto nos permite amar y pasar de querer ser alguien a simplemente ser para sí.

¿ Es amar la libertad ? No, pero es la manera más humana que he conocido de ser libre. Y sí, puede doler, pero siempre que ello guste. Pero nunca ha de ser refugio del sufrimiento; al contrario, sea la llave que nos desata para unirnos libremente unos a otros. Amar es liberar al dolor del sufrimiento. Nunca podría ser el rincón donde el pudor o el temor me repudie o la tristeza me invada. Nunca para mí. Yo solo soy esclavo de mi derecho a amar. Algunos lo llaman prisión, y yo lo llamo hogar.

17 de enero de 2016

Falso teatro

Parece que el tiempo se escribe de un cuento de pesadillas y alguna que otra trastada, de esas que nos sitúan de nuevo en una paradigmática ambigüedad, dejándonos a la deriva en un limbo de prohibición y libertad. Es aquí donde sin duda residen las aventuras más épicas, aquellas que, trasgrediendo las normas de lo material y lo reconocidamente real, supuran algo más que todo lo demás. El momento en el que las cadenas son tan sólo eslabones de un férreo metal. 

Aquí nace la libertad con un sentido, el de derrocar nuestras propias limitaciones evadiéndonos de todo recuerdo, de toda sociedad, para dirigirnos nuevamente a nosotros mismos, sintíendonos desangrar hasta que aceptamos que los sueños no construyen realidad, no al menos como tal. Es todo más inocuo. Se trata de superar la barrera del que lo sueña por el que lo vive, de no perdernos entre los monstruos de nuestra cordura.

Significa una lucha por el sentido para sentirlo. ¿ No son acaso nuestras locas manías de querer lo que nos mantiene por un momento como héroes de nuestra propia vida ? Libres o liberados, queridos o querientes, algo mucho más que seres vivientes sin alma y siempre dependientes de los latidos de algún corazón. No podemos ser nada más que algo mejor. Es por eso que la felicidad no conoce límites, al contrario que lo que llaman realidad. Es por eso por lo que sentir nos hace olvidar que existimos para recordarnos cómo somos. Pero tal vez, y sólo tal vez, sentir deje de ser nuestra prioridad para ser la medida que da valor a todo lo existente.