18 de febrero de 2016

Dorito

El castigo serías tú fuera de mi mente. Hace tiempo que me atormenta la leve idea de dejarte en el olvido, pues tras el sufrimiento por tu huida yo ya había aceptado mi victoria en la derrota; pensaría que mi recuerdo era la recompensa por haberte tenido para mí por un momento. De verdad, nunca antes había sido tan egoísta; de hecho, a veces me excedo creyendo que no eres lo que quiero, pero verdaderamente sé que se hace eterna esta lucha inútil contra un vivo recuerdo. Te busco en todas partes, en todas las caras y en todos los besos, y me repito tanto que consigo regresar por un segundo al lugar donde perece lo que aún arde dentro de mí. 

Me pregunto si las calles te suenan a algo más que música para olvidar, que te recuerden en algún momento si te sentiste libre o, si por lo contrario, huías para encerrarte en el ser que encarnas para proteger al ser que escondes bajo una translúcida capa de insensibilidad. Disfruto con la idea de empatizar contigo, y aún cuando no consigo entenderte me siento a esperarte, como si de una vez fueras a llegar, a explicarme la razón de tu ausencia, a hacer de mi esperanza mi mejor religión. Se que tú, en cualquier lugar, consigues recordar con la mejor de tus sonrisas, con la melancolía de un poderoso recuerdo que aun te ahonda en lo más profundo. No sería yo el único loco en esa habitación. Y no serías tú si no fueras el que aún me tiene en vela. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario