6 de marzo de 2017

Mi otro eres tú

Olvídate de excusas; no mereces todo este daño que te desgarra donde nada más te cura sino la fortaleza que de ti brotará cuando ni siquiera seas consciente. Así que no te sientes a esperarte porque no te has ido a ninguna parte. 

Ese horizonte que brillaba tanto te tenía cegado, y no fue insano, pero sí enfermizo. Y ahora, tras una fiebre difícil de curar, te desprendes de tu pesar, porque no hay nada ya que lo sustente. Las pruebas del delito hoy han prescrito; no queda rastro de aquel ladrón que se llevó lo que a ti tanto te sobra.

Amor. Que no es poco, y mucho mejor así. Porque como droga, no hay una más letal. Su peligro reside en la fuente de suministro. Aunque por todos es sabido que nadie necesita de algo que ya tiene. Y lo tienes. 

Tú eres la fábrica de esos sueños con los que ahora te despiertas aterrorizado. Después de todo, uno no aprende nunca lo que significa ser adulto. No al menos a tiempo. Con un poco de suerte y no sin un poco más de esperanza, tiempo que pasará sin que te des cuenta y que te llevará por lo desconocido como un elemento más.

Su rostro aparecerá como un fantoche, desdibujado y, en el mejor de los casos, semejante a un cuadro de Picasso. Porque sí, la herida siempre deja una cicatriz, y en ti está lucirla como signo de aprendizaje y fortaleza. Porque es imposible que sea el fin del mundo si tú sigues aquí.

Celebra lo que pasó para que puedas recibir de buen grado todo lo que hasta ahora has ignorado. Yo aprenderé de ti.