Dios a
todos nos mira y a pocos toca, esto es así. Es la magia del azar o la
injusticia plena en la posibilidad de que éste y otros conceptos no sean más
que una ineficaz recreación teatral de la escena vital que jamás llega a ser
del todo normal. Ni mucho menos.
Capaces de
gritar y de llorar, y también capaces de no querer mirar, de reír sin parar con
los lujos ajenos a los que tienen de menos y no de más. Una lucha de personas y
no de clases, porque a todos de clase nos sobra cuando tiramos para nuestro
bando. Colores y símbolos representan toda esta locura. Cultura lo llaman
algunos, cobardía otros más listos.
Andando a
palos de ciego y aún así algunos van de seguros con tanta Ciencia, y decirles
que de algo tan humano nadie se puede fiar, que este Mundo es muy de girar.
Pero cuando quieren perpetuar su opinión entre los demás, les viene corto el
problema con tanta Ley para poder a gusto callar. Y lo que no saben que por
hablar uno se muerde la lengua.
Más queda por decir la necesidad, de algunos material y en otros cerebral, que el bien les ampare porque el mal aprieta fuerte y tiene de todo menos buena suerte para ellos. La guerra les favorecerá pero el sueño desaparece de sus mentes, y es así como desde la muerte los dueños del color y el eco renacen para hacerse notar entre tanto mequetrefe.
La eterna lucha del sabio y el fuerte, ahora moroso contra inteligente, va cayendo en un vacío inexistente donde se premia al que más rápido corre. Donde los papeles vuelan y la corrupción apenas suena sólo queda una opción, despertar del trance. Reacciona y acciona tus impulsos, puede que ahora que las mentes acaban por detenerse resulten el bastón del ciego que esperanzado busca dar al pícaro.