1 de mayo de 2016

Naúfrago en un Mundo

Vivo en un Mundo injusto, donde la excepción se rige a la norma y la libertad se entiende sin un suelo en el que pisar; donde los zapatos tan sólo sirven para calzar. Donde las personas se pelean por ver quién es la mejor base de la pirámide, el más gallito de la corrala; donde el triunfo no es alcanzar la meta sino competir por la foto final con la que posturear. 

Un constante declararse la guerra en vez de reutilizar las armas como herramientas para humanizar la realidad tan harta de cadenas que no hay Dios que las derrumben. Una vida y un Mundo lleno de colores huecos y de cabezas llenas de vacío, de usual trivialidad que acaricia sin pensar la tristeza de carecer de un lugar en este Mundo sin más, cada vez más carente de sentido en pos de quien da más por la idea que más se acerque a olvidarse de todo esto por algo aún no muy cierto.

Este es un Mundo lleno de cosas que últimamente no sirven para nada pero, qué más da, al menos están; apretujándose contra la falta de significados abiertos a ignorar la necesidad de ser alguien y ser para los demás. Todo un sistema que con precisión ha encontrado la medida que le lleva a la deriva en su camino por conseguir algo de lo que jamás ha aceptado carecer. La falta de escrúpulos y la rebeldía forman un pacto recíproco, los deseos realizables un consuelo frío y al uso, las miradas tan sólo guardan recelo, olvidan que no hay por qué tener miedo; te miran y buscan verse reflejadas para encontrar en ellas su pañuelo de lágrimas desatadas a punto de desembarcar donde la soledad hace a la humanidad querer volverse a abrazar. 

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