30 de septiembre de 2014

Mil y un motivos

A veces se me olvida la tonta manía de perderme y encontrarme, y me quedo por quedarme hasta que el tiempo se pone de mi parte. A veces sí y otras tantas no me queda nada más, nada por lo que sentir, entonces me quedo por quedarme pero si no me quedo no tengo la intención de volver. Y más si la verdad es lo único que duele a ojos de la gente, que suele quedarse cuando las palabras sean líquidas, que suele anticiparse, por compromiso o miedo, a lo que todos tenemos más que nada; soledad.

Todo lo que no recuerdan yo lo desconozco, tan sólo opto por no hacerme el tonto, buscando mil y un motivos para regresar aunque la vuelta sólo signifique un viaje a ninguna parte, con retorno o sin él, con la premisa del cambio y con la esperanza de no mentir. Y sin embargo, esa esencia que nos pertenece es rechazada por su creador, que inventa un ideario que justifique sus pasos y nunca sea el otro el que sabe más de nosotros. Pero la verdad es que yo me miro y me pierdo, me aterra y me encierro; mi Mundo al precio de esa seguridad artificial de la que el ser humano presume, ensimismado en su lucha por destacar, por la desigualdad, y mientras llorando porque nunca seremos aquél que reconocemos frente al espejo, dejando de lado toda racionalidad. 

Por ello, siempre un animal herido, que al igual que uno usual, se lame las heridas que ya no sangran, las que duelen por dentro y siempre saben a agua salada. El descerebrado más cuerdo de todos, capaz de ignorar su propia realidad e incapaz de luchar contra ella. El que está por estar pero siempre está, queriendo rescatar su alma de ser artificial y recoge en cada estima una razón menos por la que no temer, y salvo que se llegue a crear otra moneda que pague la humanidad seguirá pensando que está por delante de lo imposible, reflejándose una vez más en este cuarto inútil mientras simula que olvida lo que tiene delante para echar a correr y así superar su malogrado y siempre presente sentido del existir. 

13 de septiembre de 2014

Aquí o allí

Fui el que llevaba por bandera la libertad y, por lógica, la incertidumbre y todas esas cosas en las que uno cree pero que al final acaban por ser únicamente peso en la espalda. Fue por eso por lo que decidí hablar y ver lo que salía, sin pensar en lo que sería ser sin medidas. Las palabras brotaban y entendí entonces por qué estaba mejor adentro, sumergido y silenciado por soliloquios tan profundos que hablaran y acabaran afirmando que este todo es, en realidad, una gran nada.

Por ello, encerrado. Por ello, angustiado. Pero, sin querer, seguía construyendo mi propio exilio, allí, donde no existen enemigos, donde sólo tengo que temer a lo que derrumba mi sed y nutre mis miedos. Es el precio que tiene una vida de pura y exigente tranquilidad; una vida sin grandes temores pero sin profundas emociones.

Y, moralmente, no hay nada tan parecido al suicidio. Como tantas y tantas banderas cayeron ante la punta de una pistola, ayer y no mañana perecen las ideas y triunfa el poder. Al fin y al cabo, no somos más que descontrol, y por mucho que odiemos o huyamos, jamás nadie consigue olvidarse de sí mismo, suplicando algo mejor. Es así como la batalla es más dura contra un amigo, y el claro vencedor sólo es el que se mira a sí mismo y no lo comprende pero sigue sorprendiéndose cuando sabe lo que quiere y cree que puede.

Pero ahí no reside el problema, sino en la claustrofóbica idea de que desde esta habitación no hay ni un solo rincón que se olvide de tu nombre, cuando el nombre es el dolor y uno mismo ya no quieres ser. Y las dudas acaban por sepultarte, cuando la elección es la libertad y el resultado es el contrario al esperado, hasta que la bala rinde tributo al condenado que en su exilio se olvida y se recuerda demasiado.

Mi voz aquí agoniza, y allí grita tanto como puede. Se le escapa y me dice que no entiende como un solo soldado es capaz de derribar a los demás, pues es allí y no aquí donde las palabras toman sentido, aunque un día implique conocer y, por tanto, temer. Porque aquí, en la habitación donde exiliado sólo sigo mis pasos, pudo ser el que fui y pude haber soñado, pero únicamente allí es donde mi miedo a ser atacado está justificado. Y sin embargo, el arma todavía sigue en mi mano.

1 de septiembre de 2014

Premisas de septiembre

Edades. Tiempos. Ramas que caen, hojas que nacen. Pulmones, aire, alas revoloteándolo todo y cantando paras que tú tengas un día mejor. Sube hasta la voz, que va de boca en boca como los besos, que tiembla cuando siente tanto frío como dolor en el corazón, que habla aunque no tenga una razón y se extiende hasta que el hastío sea vencido por el silencio. 

"Invento un nuevo cuento y sin embargo no entiendo lo que siento", acaso la peor de las moralejas y el mejor de los refranes. Ojos. Miradas. Cada mañana ha sido creada para el más exigente, la noche es sólo la Luna embriagada que se deleita con tanto sufrimiento, ya que por conformista no se la conoce, y mira sin ver nada. 

La batalla nunca es eterna así que, ¿ por qué seguir con algo que nunca ha empezado ? La diferencia es la ausencia de humildad. Recuerdos, la vida; todos son un sueño. Hasta que paraste y la inercia dejó de existir, hasta que la Luna ha parado de llorar. Ésta sea la chispa que enciende el fuego o explota una bombilla.

Mentiras, números, humanos que ignoran sus propias manos. Despreciables dioses en busca de legitimidad en un basurero enorme donde entra oro y sale lumbre. La verdad es todo un valor que al igual que se puede tener, se puede vender. O también conocer. El rol ya nunca es tu papel, es más divertido variar, aunque eso lleve a comparar y a la vez uniformar. La unicidad es reservada para cuando las dudas rebosan las ganas. Ahí y aquí, seres luchando por ser lo que tienen y no ser lo que son, que olvidan que su día a día puede ser entendido como la nariz del niño que no puede mentir y se debe más que a sí mismo; aunque parezca naufragar sólo está pidiendo auxilio.