La lluvia iniciaba lo que sería ya un ritual para este corazón, que a veces olvida lo tan sencillo de la vida que es descansar. Pasa el tiempo y los ojos viran de sentido una y otra vez como si de objetivos buscando la presa se tratara. Es un silencio extraño, donde las noches encuentran la acogida que merecen, y no en esas calles tan corrompidas por la locura y la violencia donde se busca tras cada mañana. Y aquí me dejo abandonar hasta que los objetivos cazan a su presa, dando sentido a la razón por la que siguen buscando. Encontrar una salida para romper con la codicia que maldice sus opciones. Relata aquí la historia de un pobre enfermo imposible de curar, las lágrimas de una madre que no tendrá nada con lo que alimentar a su joven prole, las miles y miles de historias que la noche recoge por miedo a estropear la luz que desprende la felicidad. Y yo aquí, me reúno con todos ellos una vez más, como tantas veces olvido por volverlo a intentar. Y así, emprendo un camino difícil de olvidar porque estas cicatrices nunca conseguirán irse. Es por ello por lo que me despierto de mi pequeño trance y estoy dormido. Vuelvo a olvidar. Y vuelvo a recordar con sólo dar un paso hacia atrás. Todo queda desvanecido en una terrible confusión; no poder separar los sueños de la realidad...
30 de enero de 2014
25 de enero de 2014
Morir vacío
Parece que la paciencia se vistió y se viene hoy conmigo en la maleta. Este viaje será largo y pesado, pues va llena y el tedio hace de mi espíritu indómito una veleta esperando la bocanada de viento que le haga renacer. Es verdad, avanzan las horas y sigo sin llegar, sin apenas acabo de partir a un destino que no conoce nombres. Y tengo miedo.
La única razón por la que vivir en la oscuridad es querer ocultar aquello que nos hace soñar. Mi viaje empezará donde acabó; en las más profundas entrañas de mi propio corazón. Se parece un poco a lo que en vida conocí, un lugar donde respiraba putrefacción y con fortuna química similar a las flores que recogía mi abuela a granel. Dicen que allí uno puede respirar sin miedo a ahogarse, y que puede volver a ver a esa abuela que con cariño te levantaba mientras cambiaba de color el jarrón que amenizaba la habitación. Parece que no tengo nada que perder.
Sigo esperando para llegar. Oigo ruidos pero no puedo localizarlos, cada vez a cada hora consigo alejarlos de mi marchita cabeza. Es la señal para aceptar que un cambio se acaba de producir; la decisión correcta había llegado y ni tan siquiera estaba preparado para asumir que el tiempo de espera es el único tiempo que me queda. Es tarde.
Nunca imaginé que mis ojos se abrirían de nuevo. Una figura desempañada quedaba mezclada con la luz blanca que nos iluminaba; una mirada sin cara ni cruz ni nada. Tendía su mano hacia mi conciencia y mi maleta pesada, y sin ellas yo ya no era nada. Comprendí entonces que mi vida nunca lo fue; aquello que llevaba jamás lo valoré, me vendí al mejor postor y ofrecí mi alma al morir al peor de los castigos. Me iba de este Mundo sin que nadie me recordase por lo que fui, sino por lo que soñaba tener. Y sin querer, me dejé llevar con todo aquello me hacía ser yo. Un yo no impostor. Un retrato desvalido y raquítico de un alma tempestuoso esperando la calma tras varios siglos de estúpida sinrazón.
18 de enero de 2014
Las historias cuentan canciones
Por amor desaparece cada noche entre sus sábanas, cubiertas de deseos y desvelos, que hacen cuenca hidrográfica alrededor de su cuerpo sus ojos tan diurnos como el Sol. Hasta que sucumbe por un rato en un giro de permanente quietud, cuando sólo la cabeza responde y tiene lugar el cruce de caminos. Siempre será su fantasía la vez que nunca tenga espacio para volver a la realidad, su manía por destrozar el final, por alterar cada minuto de esa locura por conseguir que amar jamás sea amargura. De momento sólo puede respirar.
No apareció, y jamás sabrá si se perdió o se escondía, si se fue para no volver. Ya sería tarde para tantas mentiras, para que le curase las heridas. La verdad es que haría lo que fuera por cambiar la vista y dejar de lado el llanto que mantenía la esperanza viva. Poco a poco descubrió lo que quería; una canción que sería su melodía. A tientas, despertaba de un gran trance del que apenas imaginaba en un pasado que saldría, y por fin salió de la cama sin tener que nadar. La melodía de un nuevo día sonaba, y respuestas serían lo que antes fueron preguntas.
Digamos que aprendió. Superó su propio valor, fortaleciéndose gracias a una dolorosa lección. Y ahora camina entre camas sin hacer cuencas en corazones de piedra. Es un misterio a gritos contado, el que nadie sabe hasta que lo vive. El amor duele y el dolor desaparece. Vuelves a nacer. Y lo que pasó es eso por lo que ahora encuentras sentido a esa canción tan concreta. Una razón más para tener algo por lo que sentir.
8 de enero de 2014
Tránsito de la locura
Jamás olvido en qué me he convertido, en un ser sin sentimientos ni sentidos, capaz de ver con el oído y de oler mi propio destino. Ni siquiera recuerdo cuándo me dejé llevar por este Mundo inconexo. Y sé que mucha gente me ve y piensa que nunca llegará el momento en el que me deba centrar, que soy un loco que no sabe hacer nada, que nunca lluevo a gusto de todos. Y lo cierto es que es la verdad, jamás diré jamás, mi camino está por llegar.
El pluscuamperfecto momento de cerrar los ojos para abrirlos de nuevo; despertar es ver en la oscuridad la llama y las opciones recovecos de un corazón sin salida. El destino no es más que lo que yo decido y lo demás no es más que duda materializada y que conmigo no quiere jugar. Sí, es verdad, despierto y no sé qué más hacer, pero me da igual. No he aprendido a volar, ni puedo soñar, ya se encargan de atarme al suelo del que no me puedo separar.
Y mi problema la cordura de querer soñar y conformarme con amar a cualquier trágico corazón que sólo busca una razón para poderse acostar con la conciencia tranquila y un poco de paz; en búsqueda de un Mundo que sólo un loco tan cuerdo como macabro puede ver, todo lo que un día quise tener y perdí por aquello tan banal, lo que nunca anhelé y por envidia deseé, lo mismo que les hace considerar que mi locura es la que me hace llorar. No, lloro porque es probable que se mueran sin saber que yo sólo busco la felicidad...
6 de enero de 2014
Cobardes
Jamás dije jamás. Y jamás la inspiración vino tras de mí. Fue algo azaroso, casual, lejano en el olvido del miedo, que arrastra las llagas y obliga a combatir para lo que no está hecho el hombre. Combatir y morir por las heridas o por el tiempo que, enemigo, nos ata a un manual donde la lección nunca se olvida. Queda calada en cada cicatriz en forma de recuerdo. Y yo espero a que jamás haga el intento de salir de esta cobardía que nos ata a este manual donde el miedo nos está condenando al tedio más absoluto.
A caminar sin camino, a entendernos con esta falta de iniciativa y de razón que contribuyen a la vorágine que nos absorbe, que en las urbes nos refugia de todo el tiempo que en deseos se pierde y se gana cuando ya nadie se esconde. Pesan los hábitos, los esclavos de los sueños, y todo aquello vuela con donosura porque el ser humano ha llegado a su límite. Se ha olvidado de por qué vive, y ahora sólo queda entre nosotros la incertidumbre de quedarnos a medio camino, sin guía, sin recuerdos, sin tiempo.
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