21 de abril de 2014

La ilusión

Hay algo que aquí se gestando, se forma en silencio pero acabará por empezar cuando más solo me sienta, cuando la sonrisa haya perdido su justificación. Está a punto de explotar, yo lo noto y también lo notan los demás, pero por el momento permanece encerrado donde no le dijeron que podía estar. Recluido en el área donde nada malo le pueda perjudicar, pero que le inhibe de todo aquello que le hace ser, que le permite sentirse fuerte, que le cura y le resucita si es necesario. Y poco a poco su escondite se convierte en una tumba que oscurece cualquier nueva oportunidad para respirar.

Pronto despierta, tan enfurecido que no sabe de qué hablar ni cómo gritarlo. Está tan furioso por su cautiverio que ni siquiera es capaz de celebrar su victoria, su libertad. Ha vuelto a surgir de mí esa sensación tan infantil de asumir el riesgo con los ojos cerrados, de ahogarme en el mar y seguir pensando que sigo siendo un aventurero en busca de la llave hacia la felicidad. Por fin vuelvo a entregarme a la incertidumbre, a que no me haga falta llorar para volver a sentirme humano, a quitarme la coraza que tanto pesa ya, a meterme en la cama y tener una razón para dormir despierto. 

Me parece mentira que sea capaz de contestarme a mí mismo a través de una boca que no sea la mía propia, y tocarme ya no es sólo una reacción ante la pesadilla de creer que vivo un sueño por pensar que ser feliz no es nada más que eso. Y con una patada alejo de mí toda la falsa fuerza que me protegía de recordar, porque al final acabé creyendo que para siempre sería un animal más entre toda una manada liderada por la codicia del que lo destruye todo para que no disfruten sus enemigos, para que no olviden sus amigos, para que no vuelva a sufrir tanto que olvide que lo que quiero es sólo un motivo para seguir en este Mundo. 

Así, desprotegido, es la única razón por la que se puede decir que estás vivo. No porque puedas morir, sino porque tienes la posibilidad de ello. Mientras tanto, hallarás la sonrisa justificando cada salto que va evitando la caída, y cada paso que vas dando sea un reconocimiento por la sangre que brota de la cicatriz a los miedos tapa. Las heridas que te limitan sólo son las armas que te sitúan por delante de la muerte en vida, la más sufrida, la que más rápido se olvida, hasta que algo activa de nuevo una sensación pura en tu interior.

11 de abril de 2014

Putrefacción ideal

Me sorprende lo valientes que resultan las ideas en un Mundo como éste. Un Mundo tan podrido y corrompido que ni tan siquiera te permite pensar con fluidez, idear con la perfección. Es, de hecho, nuestra única barrera; es la manera en que lo corrompido corroe, el olor está en nosotros. Pero digamos que me hago el sorprendido diciendo que las ideas no son lo suficientemente temerosas. Es más, me atrevería a vaticinar una posible crisis humana patrocinada por ineficiencia de un Mundo sin alternativas. Sus mejores armas se quedan obsoletas, gritan un cambio, una nueva utilidad; humanos que se arrastran bajo la idea del sinsentido, atados por cadenas que desechan lo nuestro y fomentan todo lo que cada vez más nos pudre. 

Sí, no sé cuántas veces más hará falta gritar para que alguien nos escuche, hace mucho tiempo que no veo manos al borde del precipicio intentando rescatar las oprimidas ideas que, cual pus, surgen de la infección. Pero parece que mientras queden armas seguirá la guerra, como seguirán las mismas barreras, las mismas trincheras que hoy me hacen desesperar. No es entre nosotros, es para nosotros contra todo lo que nos deshumanice, nos cosifique; no somos nosotros nuestros propios enemigos, sino aliados en una guerra abierta, en una competición donde debiera primar la iniciativa en vez de la meta, donde las ideas puedan respirar el aire de cualquier ciudad sin que se conviertan en cultura, sólo leyes a modo natural que resuelvan las dudas de cualquier persona de todo el planeta. La guerra será contra el que no aprenda que la clase humana es digna de contemplar el sentido de la libertad, sea donde sea su lugar, su raza, su edad o su sexo. Y así, por fin, nadie será considerado como perdedor por pensar sin el reconocimiento de los demás, las ideas ya no serán las que sometan al Mundo una vez más. Han escapado, y lo harían si este discurso no se perdiera entre los valientes que se atreven a decir lo que piensan sin justificar una idea como una ley universal. 

9 de abril de 2014

101

Me despido. No es lo que tengo, es lo que soy, es lo que queda únicamente, lo que ya no duele se convierte en una lanza de dos puntas que desangran al que llora y al que engaña. Se pierde ensimismado en las mismas manías y olvida recordar lo que ha aprendido gracias al tiempo. Era un ser nuevo, siniestro, y ahora es tan sencillo como el viento que vuela y se lleva la voz de su historia. Solía medir las cosas sin números de por medio, y a todos fascinaba con sólo abrir la boca. Ahora, sopesa todo lo que no le somete, el miedo se ha hecho tan fuerte dentro de su sien que jamás respirará conforme, no podrá porque cree que no puede. De perderse a nunca ser encontrado, de los que algún día quisieron decir algo más que un "no miento", y no es justo y la verdad es que aún lo siento...

Me saludan. Aquí está, aquí no estoy. Es la sombra del rostro triste, camuflada por la situación, tan inquietante como excitante, porque puedo respirar y tanto que el viento se ha llevado consigo todo mi ser hasta quedarse en nada. No es lo que queda, es lo que tengo, es lo que desaparece lo que apesta, y la lanza es el bastón, el mando, el guión y el timón del barco. Sin embargo, no me sale la voz, y las palabras se han quedado tendidas en un hilo que, de seguido, apunta a una luz. Es ahí, es mi señal, todo acaba donde tiene que empezar...

7 de abril de 2014

Aquél

Se quedaba absorto con el viento que chocaba contra el vidrio de las ventanas, contra el talento ciego del tiempo en arreglar lo que ya no tiene arreglo. Miraba tan de lleno cómo la vida le comía su ser, machacaba su ingenio, todas aquellas posibilidades de ser un nombre se hacían pequeñas porque su destino venía marcado por el miedo y las dudas, por el qué dirán que ya dijeron y en el que se aferraba y se identificaba para no ser repudiado de nuevo. 

Aquél pudo ser un gran hombre, lleno de armas para combatir todo lo nuevo, para salir y demostrar al Mundo entero de qué está hecho un conocedor de sus posibilidades y de sus responsabilidades. Sin embargo, se quedaba resguardado cada mañana bajo su sábana y su almohada, esperando que el tedio le recluya, como a todos, en un cuerpo cada vez más deteriorado para ser fiel al castigo del egocentrismo, el olvido. Ahí se ahogaban todas las aspiraciones que en él encerraba. 

Esta habitación era demasiado pequeña para conocer cada uno de sus desaires y delirios de grandeza por los que vivía y se hacía fuerte y menudo a la vez. No conocía y sin embargo reconocía todo un crisol de maneras de temblar, y con el Mundo por escuela se quedaba quieto esperando a despertar en algún sitio que no pudiese reconocer, apartado de la criba diaria de los iguales, destinado a viajar a lugares inhóspitos que aún quedan por explorar, donde pueda quedarse y nunca llorar, donde las reglas y las normas se establezcan como un simple reto a superar. 

Tan sólo el viento y una ventana han sido capaces de trasladarle a una carrera donde la rabia ya no es llorar. Un sino que acaba de comenzar, una nueva oportunidad en un Mundo donde no importe el sexo, la edad o la posición social. Un labrado camino que le lleva hasta conocer los entresijos de su propia alma, descubriéndose a sí mismo a partir de lo que ve en los demás. Y ser libre y que resulte tan natural como el cielo azul o gris que siempre acontece bajo nuestras cabezas.

1 de abril de 2014

Sentimientos enfrentados

Hace tiempo que dejé atrás a aquél niño inocente que se ilusionaba por todo y por nada a la vez, y que recorría las calles de Madrid pensando en cada momento y en cada lugar donde se ponían de manifiesto cada uno de los sentimientos enfrentados que a menudo solían florecer por mi altiva y ambiciosa mente. Pero no hace tanto tiempo desde que el cambió llegó, y aún sigo extrañándome de mí mismo, porque no encuentro a la persona que antes vivía en mí, porque no reconozco al yo que vive en mi presente, y no sé qué ni qué sé yo. 

Lo que quiero decir es que no me encuentro; son consecuencias de haber jugado demasiado tiempo al escondite, tildado con mi propio dedo de cobarde, buscando una vida más fácil, donde las emociones perdieran el encanto de ser una obra improvisada, como el paraguas que la cabeza protege y que nunca deja que la lluvia te sorprenda. Lo único que quiero expresar es que el tiempo me dio el poder que necesitaba para demostrarme sin utilizar la fuerza que aquello que soñaba sería una pesadilla si lo llevaba a la práctica. Pero sin hacer caso a mi destino, conseguí eliminar de mi argot emocional la palabra amor. Y ahora, incapaz de volver a desear una felicidad como tal, soy de mi espejo mi propio enemigo, mas no puedo mirar sin odiar al que fui y al que soy, al que se fue y nunca vuelve a recordarme lo que siempre tengo que hacer. Porque ahora soy fuerte, soy autosuficiente, o eso creía hasta que entendí que los excesos pasan tanta factura como los defectos.

Lo que más me duele es no poder recordar lo que recuerdo de la misma manera que lo que recuerdo me hizo olvidar todo el daño que me hacía sentir lo que sentía. Y se marcha la conciencia y la consciencia, la esperanza es lo último que se pierde, y tanto he perdido que escondido me levanto y no hay nada que me busque; la única manera de emocionarme es llevar conmigo el peso y el beneplácito del tiempo, que ha hecho de mí un ser inerte emocionalmente, el cual ha olvidado lo que se siente cuando todo se convierte en perfecto y el Mundo es una mentira que miente y sigue mintiendo sin que la verdad sea lo que necesitamos. Una mentira cubierta de asfalto, luces, muchas calles. Madrid se llena de gatos que se lamen las heridas con sangre que rebosa el corazón; mi corazón, tapiado para que nadie le hiciese daño, ahora se ha olvidado de que en su destino se halla la regla de soportarlo.