Ahora se revelan historias que nunca antes han sido entendidas y todo el mundo ignora, y aun así, con el tiempo entre manos, les preocupa tanto lo que viene que se olvidan de escuchar que, como las modas, todo vuelve en cuanto obvias que pertenece al pasado.
Porque ignorarlo es todo un acto de temeridad como de valentía. La experiencia acumulada nos hizo volar como especie y ver nuestros límites desde fuera. Aunque resulte en apariencia sencillo, no es fácil explicar todo lo que las cicatrices del ser humano pueden contar. De hecho, en vez de crear gratificación tras su superación, nos embriagan el alma y nos inunda de dolor actuar como pasajeros a punto de dejarlo todo atrás.
Pero parece necesidad olvidar, porque sólo así uno puede regresar, y disfrutar con ansia lo que hizo a otros, o a nosotros mismos, en algún momento, vomitar. Es, tan sólo, muestra de la ironía del juego del bien y el mal, de cómo todo forma parte del sistema natural de diversidad y ambigüedad. Porque donde duele, inspira. Cuando uno falla, aprende.
Causa y efecto en tiempos de silencio. De escapar de un futuro incierto ahora que mirar atrás se parece a caminar sin suelo. Del riesgo de vivir tan centrados en no tener miedo por avanzar que volvemos a ignorar. Las manos de los demás, los recuerdos que nos hacen eternos, los momentos de felicidad donde el tiempo pasa a ser una cuenta atrás.