29 de noviembre de 2013

Finlandia

Stop. Voy a parar que del desenfreno me doy de lleno contra ti. Y sería mortal hacerte ver que muero por ti. Que llevo horas aquí por ti. Que ando un poco loco fuera del mundo por querer estar en el tuyo. Y aquí me verás y ni tan siquiera notarás que hay una persona que jamás te mira sin que puedas darte cuenta. La verdad es que la vida podría entenderse como todo aquello que hacemos mientras ignoramos aquellas cosas a las que les importamos y nos deberían importar. La verdad es que la vida es una mentira porque es tener que sufrir y superar. Pero tú has hecho que todo vuelva a cobrar un poco de deseo emocional en este cerebro inútil. Es como si tu sonrisa me diera horas de vida. Es como si este loco ya tuviera cabida en la vida. En tu vida. Y en tu Mundo. Ahí quiero estar y aquí solo estoy. 

Y sería toda una casualidad que el Sol saliera cada día para alumbrar la calle por la que a la misma hora todos los días comienzas a andar; alumbrarte para que este loco incrédulo siga teniendo su medicina de enfermo caprichoso tal como el niño que no quiere ir al colegio. Lo imposible sería que no existiera un Sol que nos diera luz, y yo siempre fui selectivo. Sólo es el inicio de algo maravilloso, que empieza como acabará. Aquí, tú, paseando por las calles de siempre; yo, observando tu mirada desgastada cada vez que te vas; los dos y el mismo escenario que tras el ocaso queda grabado para volver a generar una nueva casualidad. La mejor acabaría como la peor, hoy me detendría ante tu ardua mirada y no sabría qué hacer. Ahora comprendí que el círculo sólo acababa de iniciarse.

"Voy a quedarme aquí todo el tiempo que haga falta. Estoy esperando la casualidad de mi vida, la más grande, y eso que las he tenido de muchas clases. Sí. Podría contar mi vida uniendo casualidades. Es bueno que las vidas tengan varios círculos, pero la mía, mi vida, solo ha dado la vuelta una vez, y no del todo, falta lo más importante. He escrito tantas veces tu nombre dentro. Y aquí, ahora mismo, no puedo cerrar nada. Estoy solo."

Entrada inspirada y cita extraída de la película Los amantes del círculo polar (1998) del director donostiarra Julio Medem. 

25 de noviembre de 2013

Tragicomedia

Un foco. Y otro, y otro, así hasta que no se puede ver nada en un metro a la redonda. Unos pies pisando la madera, la que hace tocar la realidad vista en fantasía. Soy el actor y estoy en su escenario. ¿ Les pertenezco ? Quizá. Parece que no, pero parece que sí. Ellos y por ellos. Es así como empieza el juego. Bailando, moviendo los pies. Al principio un poco más lento, si bien uno es nuevo en esto. Al final, un profesional frente a ellos, deslumbrado por los focos. Y en medias de todo esto una farsa que será nada ingenua. Estoy en el escenario que me dio la vida, la función comienza y se enfrenta a todo el público más exigente, el que hoy se sienta y jamás vuelve a aparecer. Por ellos todo me dejo aquí arriba. Y por los que vuelven cada tarde y parece que siempre estarán.

Yo, el actor sin guión que se pierde entre bambalinas y una fama tan desdichada como el día que todo se apagó. Un foco, sólo un poco de él necesitaría para cicatrizar todo este dolor. Rechazo tras depresión y siempre al revés. Vivir así era tan fácil que había soñado que la vida sólo hacia regalos. Jamás comprendió mi corazón la razón de nuestra misión en la Tierra sin su escenario cuando cae el telón. Y no pudo porque no pude vivir sin la razón porque la que el tiempo se lleva la coraza convertida en disfraz  que por débil debería llevar. Un final tragicomédico acaba de empezar. Yo, sin focos, el funcionar una función sin focos y con toda la atención del público. Yo, con nada delante y todo pesando por atrás. El que va a bailar sobre el frío y el fuego, el que cantará deprisa y corriendo porque de él no es el tiempo. ¿ Qué es salvo trágico el Mundo y yo el cómico que vivió mucho y no aprendió de esto ?

Final del sino

Me da miedo este raro desvelo después de haber conseguido lo que tanto he anhelado. Parece extraño tenerlo todo y no sentir nada, como si el aire putrefacto que tenía dentro de mí se hubiera ido y consigo hubiese arrastrado todo tras de sí en el mismo acto. Con su salida el fin de los días. Con todo lo que un momento podría soñar y que ahora tenía, ¿ es acaso el destino que merecía ?

Ando sin saber por dónde debo ir, sin saber si lo que quiero y lo que tengo se llevan bien, caminando a la deriva con ojos explosivos volteando de arriba para abajo sin decirme nada, siempre esta paranoia de un camino incomprendido ahora desemboca y me quedo vacío. O eso siento. Llegaría el momento tan esperado que cuando llegara nadie sabría parar de correr.

Siempre haciendo la cama para el que llegue nuevo, y que sepa que su destino es todo lo que pido para mí. Que jamás me abandone y yo jamás le abandonaría, sólo enamorarme y dejarme llevar por sus brazos hasta sus manos, y en cada mano un abrazo que queden en eso y un beso. Así no podría despedirme de todo ello para siempre y tuviera que volver para volver a verte. 

Mi corazón de nuevo se ha parado, el destino por fin lo ha marcado. Empieza, boom, de cero, boom, para permanecer atento de sus cicatrices y el absurdo dolor a recién mintiendo, anduve saltando y mirase el fuego para las lágrimas que en ellas puedo ver que ahora soy lo que quiero. 

21 de noviembre de 2013

Amar diferente

Cada día llegaba desolado del colegio a mi cuarto, pensando en qué podía hacer para dejar de hacerme tanto daño. Era la vida que me había castigado sin yo saberlo, dudando si de verdad era yo el malo. Me confundía la mirada que desde pequeño iba tras de mí. Difícil saber que con cada mirada se quedaban clavadas palabras de las que nunca me podré desprender. ¿ Y todo por qué ?

Porque jamás quise hacer nada malo, sino todo lo contrario. No es dañar a otro ser humano, sino quererlo y cuidarlo, como tú y como tú y como todos los seres a los que seguimos los pasos. Es esta sociedad la que individualmente nos roba mediante engaños para que hagamos lo que no sintamos y que el miedo nos maltrate hasta sucumbir en un ataúd. Pobre seré cuando ya no me queden fuerza en las manos para pegar el golpe que sin sangre rompe con la libertad de la que por sí merece cada uno de nosotros. 

Mi historia no escapa de una derrota, de caídas y subidas a través de los tejados más escarpados que me protegían de todo lo que me pudiera hacer daño. Yo nunca fui uno más, raro algunos, yo diría especial. Porque los golpes que más duelen nunca tocan piel, yo me iba cada día atreviendo a no oponer con una mentira una verdad tan limpia. Comencé a entender que lo que esperaban de mí jamás sería lo que yo quería ser si no luchaba por hacerles entender que se puede ser humano amando a quien por regla no se está destinado.

No fue cosa de tiempo, fueron lágrimas que poco a poco se iban calentando en una taza de agua hirviendo, eran las mentiras con las cuales yo únicamente me decrecía las que me dijeron que hasta aquí los arrepentimientos. Sí, era cierto, no sería nunca lo que esperarían de mí; sería como una ala rompiendo el viento y la gravedad que la realidad te obliga a besar, para jamás ceñirme a sueños de los que no puedo escapar. Nunca jamás llorar porque ya sabía quién era. El niño que hizo todo lo que pudo por demostrar al Mundo que amar a tu sexo no es todo lo tiene para mostrar, y sin embargo nunca renegara de lo que con tanto esfuerzo le costara aceptar, que es tan libre que, inclusive, puede soñar con un amor tan evidente que se funde en unos labios entre hombre y hombre. 

El niño que antaño lloraba en su cuarto encerrado por tiempo entendió que jamás hizo daño y que jamás logrará entender por qué algunos piensan lo contrario.

16 de noviembre de 2013

El rey entre iguales

Nos pasamos la vida entendiendo a medias, y sólo cuando necesitamos encontramos de verdad. Parece como un reto personal, definirnos como leones a punto de empezar a cazar, compitiendo un día más por ver quién es el que hoy puede avanzar con un paso nuevo. Lo queremos desde el miedo, lo obtenemos y ya no lo queremos. Aprendemos a no mirar atrás siendo incapaces de no poder olvidarlo nunca. Es como si jamás pudiera ser menos nunca de lo que habitualmente fue. El presente se actualizó, ardía ferviente, viendo del futuro cómo por él nos hacemos poco a poco polvo efervescente. 

Y llegarás en cada paso a no saber nada para morir desdichado creyendo que tus palabras van a quedar grabadas en algún rincón donde el olvido aún no haya llegado, queriendo, infame, que la suerte esta noche te acompañe. Y así, en el limbo, descansando con todos aquellos que resultaron ser igual de mortales, deberás pronunciarte como el rey entre iguales. 

11 de noviembre de 2013

Esquejes de una unión marchita

Fue un silencio demasiado serio. Apenas era de noche y ya oscureció todo con una lágrima cayendo alrededor de este fuego incendiando nuestro egoísmo. Ni París pudo combatir todo este desprecio que antaño fue pasando del aprecio a algo mucho mejor. Algo que parecía eterno, dispuesto a combatir las barreras del tiempo. 

Fue una caricia a tiempo la que hubiera sosegado todos los temores. Fuimos dos humanos que por su condición ya hubieron sopesado las muchas derrotas sin rendición que se protagonizaron dentro de nuestra habitación. Parecía cosa de animales darse cabezazos una y otra vez contra un aire demasiado enviciado. Los temores que un día parecían alucinaciones ahora tenían cabida en una realidad que por cada día que pasaba nos hacía destrozar los recuerdos contra un techo para con una mirada furtiva que nos repetía con indiferencia que sólo fuimos dos desconocidos que se conocen muy bien. 

Nos preguntábamos desde hacía ya qué sería de todo lo que formamos, tal vez sólo podría decirnos con dureza nuestro fracaso. Sólo quedaríamos para hacernos trizas y reunirnos en pedacitos volados por un ventilador. Una ventana vacía, una fotografía sin nada que colorear. 

Nos contestamos amablemente con inocencia. Deseábamos con gentil deseo el perdón de nuestro tiempo, el retroceso a la inversa, el acierto y el mal que por bien no llega. Elegimos dar por bebido el camino que definió nuestra caída y así comenzó a brotar la sangre, surgía entre mar y playa dentro de nuestro blanco y negro color. 

Jamás la torre Eiffel pareció tan alta. Sentía nuestro único corazón que se rompía justamente en dos. Partía de cero y crecería de nuevo para bombear algo mejor. La sangre fue nuestra razón, el rojo ya no tenía pasión. La dureza del tiempo alejó de nuestras vidas el viaje hacia el tedio. Y nosotros supimos que era lo mejor. Seguir como niños que jamás aprendieron a ganar porque nunca entendieron que sólo podía ser un fin y no una elección. 

9 de noviembre de 2013

Aprendemos

En esta vida aprendemos demasiado despacio. Aprendemos dando pasos de ciego, atreviéndonos a pisar el fuego. Demasiado despacio porque en cada año mueren millones de personas, que en su recado van pasando de generación en generación todo lo que la vida les ha enseñado, mas con pena se despiden cuando mejor la conocen. Aprendemos porque necesitamos de algo que nos mantenga alerta, que active nuestros sentidos y nos haga creer que somos algo más complejo que un simple mosquito. Que estamos aquí por algo, para algo, no podemos quedarnos cruzados de brazos a esperar que el tiempo nos derrote. Sólo es cierto que los años no pasan en vano, guerreros sin espadas en las manos, mártires de deseos, caprichos y unos pocos instintos que son nuestra verdadera fuente de poder.

La verdad es que el ser humano no tiene por qué venderse tan barato. Su existencia tan perfecta podría haberles dado cualquier cosa que los dioses, ficcionados por ambos todos, hubieran soñado. Y la verdad es que no avanzamos tan despacio, no podemos evitar deternos en algún que otro paso para tropezar dos veces con la misma grava. No es sencillo dar cuenta de la perfecta absurdez del ser humano sin interpretarme como alguien a ellos alejado, y no podría criticarles sin criticarme en buena parte. Sólo que no hay nada que el tiempo no salve, y las vidas que despacio nos van dejando se llevan de nosotros, los que aquí estamos aún, todo lo malo. Aprendemos así a sentir real, a desear lo que hemos tenido y no lo que podemos llegar a tener. Es darse cuenta de que no avanzamos tan despacio cuando se van y nos dejan desgarrados, cuando el amor ya no es el único que acompaña siempre a la palabra dolor. 

Deprisa porque las palabras avanzan con prisa. Cualquier niño te dirá lo que tú decías en la adolescencia, y probablemente sufrirá por más, y sin duda más rápido aprenderá. Demasiado despacio para ser verdad, suficientemente deprisa para comprobar que con sangre no todo cala, aunque la experiencia y la Ciencia se empeñen en demostrar que hay que perder el poco tiempo que tenemos invirtiéndolo en crear algo que jamás tendrá su sitio en la realidad. Tropezar y tropezar, dicen que es la única forma de avanzar. Pero sugiero que reflexiones y pienses que avanzar y aprender en esta vida no siempre van unidos. Tan deprisa como despacio puedas ir, y así el inicio de una nueva manera de entender. 

6 de noviembre de 2013

El funeral

Especial sentir el frío haciendo rosas las mejillas ya rojas del ocaso maldito y dichoso en el que oscureciste mi mano en tu pecho. Estuve como días sintiéndome un alien, estuve por tirar la toalla pero la necesitaba para salir de ti. Y dentro de mí llevaba ya un par de días, encerrado y cabreado conmigo mismo, di zarpazo al tedio y me atreví a buscar remedios, los más duros fueron los primeros. Dolerá. Y quemará como hierro incandescente y como el hielo derritiendo cada paso que voy dando. Fui ciego del deslumbre, presa del miedo y de la mayor de las incertidumbres, el corazón se me paró. Estaba ahí, pero seguía dentro de ti. No sé cómo fue, pero te veía alejado y apagándote a la vez que yo me encendía y renacía en un Mundo aparte. Sentir tan cerca y estar tan lejos. Mi cabeza revoloteó cada salida, fuimos como pirámides a punto de llover, ese cielo opaco que sólo un rato llora y es igual de humano que el que tiende la mano a quien, moribundo, necesita sentimientos de afecto. Todos lloramos, todos oscurecemos nuestra luz y partimos del silencio más negro. Es aquí cuando nuestro billete deja de tenernos tan cerca de lo que más nos definió como especie, cuando las heridas ya no están sangrando, dando cabida al fin de nuestros días, el amor por no en vano abandonar el camino y subir hacia su cuerpo. Y es aquí cuando jamás nos diremos adiós a lo nuestro, y aquí donde te espero para vernos de nuevo. Aquí donde el tedio no acabará con mis sueños. Donde los niños no lloran porque no tienen a una madre que les amamante. Aquí te espero...