11 de noviembre de 2013

Esquejes de una unión marchita

Fue un silencio demasiado serio. Apenas era de noche y ya oscureció todo con una lágrima cayendo alrededor de este fuego incendiando nuestro egoísmo. Ni París pudo combatir todo este desprecio que antaño fue pasando del aprecio a algo mucho mejor. Algo que parecía eterno, dispuesto a combatir las barreras del tiempo. 

Fue una caricia a tiempo la que hubiera sosegado todos los temores. Fuimos dos humanos que por su condición ya hubieron sopesado las muchas derrotas sin rendición que se protagonizaron dentro de nuestra habitación. Parecía cosa de animales darse cabezazos una y otra vez contra un aire demasiado enviciado. Los temores que un día parecían alucinaciones ahora tenían cabida en una realidad que por cada día que pasaba nos hacía destrozar los recuerdos contra un techo para con una mirada furtiva que nos repetía con indiferencia que sólo fuimos dos desconocidos que se conocen muy bien. 

Nos preguntábamos desde hacía ya qué sería de todo lo que formamos, tal vez sólo podría decirnos con dureza nuestro fracaso. Sólo quedaríamos para hacernos trizas y reunirnos en pedacitos volados por un ventilador. Una ventana vacía, una fotografía sin nada que colorear. 

Nos contestamos amablemente con inocencia. Deseábamos con gentil deseo el perdón de nuestro tiempo, el retroceso a la inversa, el acierto y el mal que por bien no llega. Elegimos dar por bebido el camino que definió nuestra caída y así comenzó a brotar la sangre, surgía entre mar y playa dentro de nuestro blanco y negro color. 

Jamás la torre Eiffel pareció tan alta. Sentía nuestro único corazón que se rompía justamente en dos. Partía de cero y crecería de nuevo para bombear algo mejor. La sangre fue nuestra razón, el rojo ya no tenía pasión. La dureza del tiempo alejó de nuestras vidas el viaje hacia el tedio. Y nosotros supimos que era lo mejor. Seguir como niños que jamás aprendieron a ganar porque nunca entendieron que sólo podía ser un fin y no una elección. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario