27 de febrero de 2016

Ajado el caballero

Aquel dandy sacado de cualquier barra de bar que malvivía de lo poco que su ego le regalaba, las migajas de la ignorancia convertida en el más básico cinismo humano; la plena consciencia de que era capaz de llenar su falta de humildad con falsa felicidad concedida a modo de trofeo a aquel que le aspira. Tras anticuado perfume y ahogado tras su hipo por la cerveza, se atreve a documentar por recuerdos su malestar; putrefacta la idea de encontrar honestidad donde siempre había mentira. No se atrevía, sin más, a mirar por una vez de verdad, tal vez porque le falta valentía de tanto fardar, tal vez esté tan vacío de tanto querer dar, de tanto estafar. 

Aquel desdichado poco consuelo le va a quedar cuando resuelva la ecuación; creíste robar lo que faltaba y acabaste yéndote sin nada y con la energía gastada. Y ya no sé si sabrías si un solo recuerdo es más fuerte que cualquier copa en cualquier bar, con cualquier mirada acechando para dejar constancia de tu vuelta, aunque vuelves a tu vida, o a eso que se le parece, y nunca más a la suya. Su derrota es tu victoria, pero algún día cambiarán las tornas. 

Mientras tanto, sigue celebrando que algún día se te acabarán las ganas porque no te quede nada más por ganar y tan solo busques querer. Ahí comenzarás a reconocer la derrota, en la ruina absoluta. Descargarás las armas y querrás poner fin a la partida. Turno perdido, ya no hay nada que valga. Da lo que debes y vuelve a la cama, te espera otra noche larga; la barra aquí espera a todo aquel que ignora que amarse es imposible sin antes amar. Tus delirios de grandeza solo adquieren validez en la jaula donde el ostracismo te hizo rey.

18 de febrero de 2016

Dorito

El castigo serías tú fuera de mi mente. Hace tiempo que me atormenta la leve idea de dejarte en el olvido, pues tras el sufrimiento por tu huida yo ya había aceptado mi victoria en la derrota; pensaría que mi recuerdo era la recompensa por haberte tenido para mí por un momento. De verdad, nunca antes había sido tan egoísta; de hecho, a veces me excedo creyendo que no eres lo que quiero, pero verdaderamente sé que se hace eterna esta lucha inútil contra un vivo recuerdo. Te busco en todas partes, en todas las caras y en todos los besos, y me repito tanto que consigo regresar por un segundo al lugar donde perece lo que aún arde dentro de mí. 

Me pregunto si las calles te suenan a algo más que música para olvidar, que te recuerden en algún momento si te sentiste libre o, si por lo contrario, huías para encerrarte en el ser que encarnas para proteger al ser que escondes bajo una translúcida capa de insensibilidad. Disfruto con la idea de empatizar contigo, y aún cuando no consigo entenderte me siento a esperarte, como si de una vez fueras a llegar, a explicarme la razón de tu ausencia, a hacer de mi esperanza mi mejor religión. Se que tú, en cualquier lugar, consigues recordar con la mejor de tus sonrisas, con la melancolía de un poderoso recuerdo que aun te ahonda en lo más profundo. No sería yo el único loco en esa habitación. Y no serías tú si no fueras el que aún me tiene en vela. 

2 de febrero de 2016

A un paso de la libertad y a dos de la felicidad

La ruptura representa el dolor. Y un clavo saca a otro clavo. Pero, ¿ y si no hay nada que sacar ? Verás, no es que no sea capaz de amar. Al contrario. Amo demasiado. A veces incluso no sé dejar de hacerlo, pero dudo que no haya una manera diferente, nunca demasiado utópica, de amar sin que duela. Y es que verás, mi pensamiento delirantemente hegeliano cree fielmente que amar es dejar de ser para ser más, por lo que siempre espero no sufrir para llevarlo a cabo. Amando todo lo que hago, lo que me rodea, apreciando lo que a ojos del mundo parece invisible, ignorando insensibles e insensibilizados, y esperando no exigir sin respetar de antemano; así me siento más humano.

Si bien es verdad, y en eso tampoco peco de necio, que en cada resquicio humano se escribe una historia en potencia de manifestar algún ápice de dolor. Nuestra misteriosa y numinosa genética porta dolor desde el minuto uno en el que respiramos. Pues vivir solo es posible si no estás muerto, si desapareces aunque haya un cuerpo que posea tu recuerdo; es por ello un útil recordatorio. Pero no he conocido una forma de desatarse de la condena humana que sofisticando sus propias armas, aliándose con el enemigo, dando paso a la tara de la maquinaria, el defecto que en efecto nos permite amar y pasar de querer ser alguien a simplemente ser para sí.

¿ Es amar la libertad ? No, pero es la manera más humana que he conocido de ser libre. Y sí, puede doler, pero siempre que ello guste. Pero nunca ha de ser refugio del sufrimiento; al contrario, sea la llave que nos desata para unirnos libremente unos a otros. Amar es liberar al dolor del sufrimiento. Nunca podría ser el rincón donde el pudor o el temor me repudie o la tristeza me invada. Nunca para mí. Yo solo soy esclavo de mi derecho a amar. Algunos lo llaman prisión, y yo lo llamo hogar.