18 de enero de 2014

Las historias cuentan canciones

Por amor desaparece cada noche entre sus sábanas, cubiertas de deseos y desvelos, que hacen cuenca hidrográfica alrededor de su cuerpo sus ojos tan diurnos como el Sol. Hasta que sucumbe por un rato en un giro de permanente quietud, cuando sólo la cabeza responde y tiene lugar el cruce de caminos. Siempre será su fantasía la vez que nunca tenga espacio para volver a la realidad, su manía por destrozar el final, por alterar cada minuto de esa locura por conseguir que amar jamás sea amargura. De momento sólo puede respirar. 

No apareció, y jamás sabrá si se perdió o se escondía, si se fue para no volver. Ya sería tarde para tantas mentiras, para que le curase las heridas. La verdad es que haría lo que fuera por cambiar la vista y dejar de lado el llanto que mantenía la esperanza viva. Poco a poco descubrió lo que quería; una canción que sería su melodía. A tientas, despertaba de un gran trance del que apenas imaginaba en un pasado que saldría, y por fin salió de la cama sin tener que nadar. La melodía de un nuevo día sonaba, y respuestas serían lo que antes fueron preguntas. 

Digamos que aprendió. Superó su propio valor, fortaleciéndose gracias a una dolorosa lección. Y ahora camina entre camas sin hacer cuencas en corazones de piedra. Es un misterio a gritos contado, el que nadie sabe hasta que lo vive. El amor duele y el dolor desaparece. Vuelves a nacer. Y lo que pasó es eso por lo que ahora encuentras sentido a esa canción tan concreta. Una razón más para tener algo por lo que sentir. 

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