Jamás olvido en qué me he convertido, en un ser sin sentimientos ni sentidos, capaz de ver con el oído y de oler mi propio destino. Ni siquiera recuerdo cuándo me dejé llevar por este Mundo inconexo. Y sé que mucha gente me ve y piensa que nunca llegará el momento en el que me deba centrar, que soy un loco que no sabe hacer nada, que nunca lluevo a gusto de todos. Y lo cierto es que es la verdad, jamás diré jamás, mi camino está por llegar.
El pluscuamperfecto momento de cerrar los ojos para abrirlos de nuevo; despertar es ver en la oscuridad la llama y las opciones recovecos de un corazón sin salida. El destino no es más que lo que yo decido y lo demás no es más que duda materializada y que conmigo no quiere jugar. Sí, es verdad, despierto y no sé qué más hacer, pero me da igual. No he aprendido a volar, ni puedo soñar, ya se encargan de atarme al suelo del que no me puedo separar.
Y mi problema la cordura de querer soñar y conformarme con amar a cualquier trágico corazón que sólo busca una razón para poderse acostar con la conciencia tranquila y un poco de paz; en búsqueda de un Mundo que sólo un loco tan cuerdo como macabro puede ver, todo lo que un día quise tener y perdí por aquello tan banal, lo que nunca anhelé y por envidia deseé, lo mismo que les hace considerar que mi locura es la que me hace llorar. No, lloro porque es probable que se mueran sin saber que yo sólo busco la felicidad...
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