La lluvia iniciaba lo que sería ya un ritual para este corazón, que a veces olvida lo tan sencillo de la vida que es descansar. Pasa el tiempo y los ojos viran de sentido una y otra vez como si de objetivos buscando la presa se tratara. Es un silencio extraño, donde las noches encuentran la acogida que merecen, y no en esas calles tan corrompidas por la locura y la violencia donde se busca tras cada mañana. Y aquí me dejo abandonar hasta que los objetivos cazan a su presa, dando sentido a la razón por la que siguen buscando. Encontrar una salida para romper con la codicia que maldice sus opciones. Relata aquí la historia de un pobre enfermo imposible de curar, las lágrimas de una madre que no tendrá nada con lo que alimentar a su joven prole, las miles y miles de historias que la noche recoge por miedo a estropear la luz que desprende la felicidad. Y yo aquí, me reúno con todos ellos una vez más, como tantas veces olvido por volverlo a intentar. Y así, emprendo un camino difícil de olvidar porque estas cicatrices nunca conseguirán irse. Es por ello por lo que me despierto de mi pequeño trance y estoy dormido. Vuelvo a olvidar. Y vuelvo a recordar con sólo dar un paso hacia atrás. Todo queda desvanecido en una terrible confusión; no poder separar los sueños de la realidad...
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