Un foco. Y otro, y otro, así hasta que no se puede ver nada en un metro a la redonda. Unos pies pisando la madera, la que hace tocar la realidad vista en fantasía. Soy el actor y estoy en su escenario. ¿ Les pertenezco ? Quizá. Parece que no, pero parece que sí. Ellos y por ellos. Es así como empieza el juego. Bailando, moviendo los pies. Al principio un poco más lento, si bien uno es nuevo en esto. Al final, un profesional frente a ellos, deslumbrado por los focos. Y en medias de todo esto una farsa que será nada ingenua. Estoy en el escenario que me dio la vida, la función comienza y se enfrenta a todo el público más exigente, el que hoy se sienta y jamás vuelve a aparecer. Por ellos todo me dejo aquí arriba. Y por los que vuelven cada tarde y parece que siempre estarán.
Yo, el actor sin guión que se pierde entre bambalinas y una fama tan desdichada como el día que todo se apagó. Un foco, sólo un poco de él necesitaría para cicatrizar todo este dolor. Rechazo tras depresión y siempre al revés. Vivir así era tan fácil que había soñado que la vida sólo hacia regalos. Jamás comprendió mi corazón la razón de nuestra misión en la Tierra sin su escenario cuando cae el telón. Y no pudo porque no pude vivir sin la razón porque la que el tiempo se lleva la coraza convertida en disfraz que por débil debería llevar. Un final tragicomédico acaba de empezar. Yo, sin focos, el funcionar una función sin focos y con toda la atención del público. Yo, con nada delante y todo pesando por atrás. El que va a bailar sobre el frío y el fuego, el que cantará deprisa y corriendo porque de él no es el tiempo. ¿ Qué es salvo trágico el Mundo y yo el cómico que vivió mucho y no aprendió de esto ?
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