1 de abril de 2014

Sentimientos enfrentados

Hace tiempo que dejé atrás a aquél niño inocente que se ilusionaba por todo y por nada a la vez, y que recorría las calles de Madrid pensando en cada momento y en cada lugar donde se ponían de manifiesto cada uno de los sentimientos enfrentados que a menudo solían florecer por mi altiva y ambiciosa mente. Pero no hace tanto tiempo desde que el cambió llegó, y aún sigo extrañándome de mí mismo, porque no encuentro a la persona que antes vivía en mí, porque no reconozco al yo que vive en mi presente, y no sé qué ni qué sé yo. 

Lo que quiero decir es que no me encuentro; son consecuencias de haber jugado demasiado tiempo al escondite, tildado con mi propio dedo de cobarde, buscando una vida más fácil, donde las emociones perdieran el encanto de ser una obra improvisada, como el paraguas que la cabeza protege y que nunca deja que la lluvia te sorprenda. Lo único que quiero expresar es que el tiempo me dio el poder que necesitaba para demostrarme sin utilizar la fuerza que aquello que soñaba sería una pesadilla si lo llevaba a la práctica. Pero sin hacer caso a mi destino, conseguí eliminar de mi argot emocional la palabra amor. Y ahora, incapaz de volver a desear una felicidad como tal, soy de mi espejo mi propio enemigo, mas no puedo mirar sin odiar al que fui y al que soy, al que se fue y nunca vuelve a recordarme lo que siempre tengo que hacer. Porque ahora soy fuerte, soy autosuficiente, o eso creía hasta que entendí que los excesos pasan tanta factura como los defectos.

Lo que más me duele es no poder recordar lo que recuerdo de la misma manera que lo que recuerdo me hizo olvidar todo el daño que me hacía sentir lo que sentía. Y se marcha la conciencia y la consciencia, la esperanza es lo último que se pierde, y tanto he perdido que escondido me levanto y no hay nada que me busque; la única manera de emocionarme es llevar conmigo el peso y el beneplácito del tiempo, que ha hecho de mí un ser inerte emocionalmente, el cual ha olvidado lo que se siente cuando todo se convierte en perfecto y el Mundo es una mentira que miente y sigue mintiendo sin que la verdad sea lo que necesitamos. Una mentira cubierta de asfalto, luces, muchas calles. Madrid se llena de gatos que se lamen las heridas con sangre que rebosa el corazón; mi corazón, tapiado para que nadie le hiciese daño, ahora se ha olvidado de que en su destino se halla la regla de soportarlo. 

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