13 de septiembre de 2014

Aquí o allí

Fui el que llevaba por bandera la libertad y, por lógica, la incertidumbre y todas esas cosas en las que uno cree pero que al final acaban por ser únicamente peso en la espalda. Fue por eso por lo que decidí hablar y ver lo que salía, sin pensar en lo que sería ser sin medidas. Las palabras brotaban y entendí entonces por qué estaba mejor adentro, sumergido y silenciado por soliloquios tan profundos que hablaran y acabaran afirmando que este todo es, en realidad, una gran nada.

Por ello, encerrado. Por ello, angustiado. Pero, sin querer, seguía construyendo mi propio exilio, allí, donde no existen enemigos, donde sólo tengo que temer a lo que derrumba mi sed y nutre mis miedos. Es el precio que tiene una vida de pura y exigente tranquilidad; una vida sin grandes temores pero sin profundas emociones.

Y, moralmente, no hay nada tan parecido al suicidio. Como tantas y tantas banderas cayeron ante la punta de una pistola, ayer y no mañana perecen las ideas y triunfa el poder. Al fin y al cabo, no somos más que descontrol, y por mucho que odiemos o huyamos, jamás nadie consigue olvidarse de sí mismo, suplicando algo mejor. Es así como la batalla es más dura contra un amigo, y el claro vencedor sólo es el que se mira a sí mismo y no lo comprende pero sigue sorprendiéndose cuando sabe lo que quiere y cree que puede.

Pero ahí no reside el problema, sino en la claustrofóbica idea de que desde esta habitación no hay ni un solo rincón que se olvide de tu nombre, cuando el nombre es el dolor y uno mismo ya no quieres ser. Y las dudas acaban por sepultarte, cuando la elección es la libertad y el resultado es el contrario al esperado, hasta que la bala rinde tributo al condenado que en su exilio se olvida y se recuerda demasiado.

Mi voz aquí agoniza, y allí grita tanto como puede. Se le escapa y me dice que no entiende como un solo soldado es capaz de derribar a los demás, pues es allí y no aquí donde las palabras toman sentido, aunque un día implique conocer y, por tanto, temer. Porque aquí, en la habitación donde exiliado sólo sigo mis pasos, pudo ser el que fui y pude haber soñado, pero únicamente allí es donde mi miedo a ser atacado está justificado. Y sin embargo, el arma todavía sigue en mi mano.

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