Huir de ti es perderme después. Mi referencia, mi constante, mi fuego en peligro de extinción. Avanzas hacia atrás y desesperas mi eterna espera dedicada a anhelarte cada día un poco más. Amaneces colgado de un dichoso sueño con sabor a amor que se repite cada mañana incluso antes de salir el sol. Es adicción la de mi alma desayunando un recuerdo suave e intenso, pero me acabará controlando si no vienes para evitarlo. Mis raíces, mi motivo, mi ilusión arraigan con fuerza dentro de mi ser del que se nutren y dependen las ganas de volver a verte, aunque puede que ya no me encuentres.
Lo peor de todo es cuando pareces novedad pero te repites. Eso ya no refresca sino que condena, porque sufrir es sentir que no se acabará nunca. Y de aquí surge una nueva oportunidad para despertar de este largo sueño convertido en frío invierno y siempre amarga soledad, después de saborear la derrota desde una hipotética victoria. Se revelan en mis ojos las ganas de mirar cuando la posibilidad se cruza con la realidad. Y, aunque no me acuerdo de cómo reaccionar, la emoción me desborda cuando la novedad se torna familiar y me vuelve a hacer sentir en calma. Perdiéndote encontré el camino para tenerle.
No hay comentarios:
Publicar un comentario