18 de febrero de 2014

Por qué no coger el tren

¿ Por qué no coger ahora mismo ese tren que me lleve hacia la locura ? Eso es lo que veo, y no me atrevo pero lo pienso. Me desarma tanto atrevimiento, tantas dudas justificadas por el claro deseo de perder todo lo que tengo, de marcharme muy lejos y empezar de cero, de cometer los mismos errores si es lo que quiero, y así recuperar la inocencia perdida que ya no tiene cabida en mi razón. 

Deseo cambiar mi actitud y correr hacia el tren que me lleve al cambio, como el signo que está representando el deseo, como el hecho eterno de arriesgar cuando asumes lo que te llevará al éxito. No es el miedo, es el tedio el que me condena cada día a ambicionar la escapada, a sentirme un poco menos humano por un cambio que libere de mí todo lo que llevo adentro. No es miedo, es empezar a ser sincero conmigo mismo, porque no puedo empezar sin más de cero, necesito algo que comprenda mis deseos por cambiar el Mundo entero. 

¿ Y por qué no este día el que llevo esperando ? ¿ Por qué cada idea me condena a la salida y a la vez me ata de pies y manos ? Porque comprendo que la ambición no entiende de límites. Porque la razón no sabe callarse. Porque el corazón ansía todo lo que desea. Y sin embargo, me obliga y asume la oscuridad en el lugar de origen, dando rienda suelta a la opción de suicidar lo que me castiga, apretando el ánimo hacia un nuevo camino de destino desconocido, hacia un horizonte donde el Sol se pone a capricho personal para que la duda haya merecido la pena. 

Sólo es cuestión de que un día la reflexión evoque la propia autorreflexión, y sea recíproca. Abstraerme hacia lo que verdaderamente me esclaviza, el deseo de un cambio que nunca llegará sin que acepte mi destino ni camine en contra del olvido. Vivir es asumir el tiempo que nos toca y hacer el máximo de nuestras opciones; un diálogo donde el egoísmo no tiene cabida, donde la fe implora una nueva concepción no tan podrida. Un ser humano limpio que coja el tren y le dirija, dentro de su camino, a donde le espera la verdadera felicidad. 

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