Dragón rojo suena a libertad. A dejarse llevar por lo que te
inspire el lienzo o la raya que acabe por surcar. Sólo es fuego empezando por
quemar todas las ganas que han sido olvidadas porque nunca se puede, dirán. Y
sólo cuando estés cerca tendrán que tragar todas esas imprecisas palabras que
les hacen olvidar la fugacidad del Mundo en el que vivimos.
Sí, las idas y venidas acaban por despertar al dragón rojo
que todos debemos portar. Va en nosotros, en cada uno de los deseos más
prohibidos, ahora revelándose temerán. Como su gruñido al arañar todo lo que un
baile onírico puede excitar, sin que su voleteo empiece a hacer del viento un
arma mortal.
Todo lo que puedas ambicionar será lo que te define. Tus
zapatos al andar, así serán. Y que sólo teman el renacer de un hombre nuevo,
pues acaba de mutar un corazón cohibido por tanto miedo al comparar. En
distintos caminos tendrá que averiguar por qué no ayer y hoy sí, por qué un
mensaje puede cambiar el resto del discurso, por qué un beso es capaz de
detener el tiempo. Sólo es materia errante reculando hacia lo que le compone,
las más puras pasiones del feto gestando el placer de unos mortales.
Por eso, la tarea queda resuelta y el color del dragón es
más fuerte al sol. El rojo no sólo lo lleva en su piel, sino también en su
corazón, y la decisión final no es más que lo que decides tener. Tan sólo
resignarte puede salir de ti. ¿Por qué no brillar?
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