Se me da tan bien callarme que al final la duda ha hecho de mí una persona fuerte. He callado y sigo callando porque temo hablar y de vuelta llegar a un rincón no reservado para mí, pero sin querer me hundo en un fango sucio y mugroso que ha estado encerrando la libertad en habitaciones sin ventanas. Sigo temiendo el día en el que por fin pueda salir de donde nunca he estado, temiendo el presente por vaticinar un futuro tan sucio y mugroso como lo que siento hacia lo que retiene mis palabras.
Miedo, cobardía. Qué mas da cuando ya no queda tiempo para una excusa consolidada. Yo mismo construí mi celda. Y siguen sin salir de mí las ganas que tengo de gritar. Y sigo sin más en un paisaje derruido y manchado de marrón, temiendo la coraza que me protege y me aísla, me separa y me deshumaniza, me suplica y me hace llorar, limita mis palabras y las excusa por pura incertidumbre.
He llegado a un punto donde mi cabeza no da más de sí porque cada vez que llega a su meta argumenta con un no todas las oportunidades que se han ido por no haber escogido el camino correcto, por no haber asumido las razones que tenía para viajar contracorriente. Siguen las trampas que mi propia medicina rechaza. Como la alergia que olvida quién fue el verdadero enemigo, las cuestiones que se miden por el miedo no las conocen ni mis propios enemigos. No hay viento que destile tanta contradicción cuando la duda sólo me sirve para perderme cada vez que me encuentro. Al igual que no tiene sentido que la capacidad que tengo para escapar de todo se convierta en la llave que se pierde por el desagüe.
Homo homini lupus.
No hay comentarios:
Publicar un comentario