Irme para no saber a dónde, entender quién hizo del brillo un destello encendido al destino de llover. Buscando vida en Marte, viajando de Madrid hacia el norte de lo que sueño, y llegar a ninguna parte, virar, soñar, viajar, seguir adelante, continuar con ello.
Llegar a la vida que con tanto esmero he logrado soñar para entender que nadie más ha podido hacer de sus sueños algo real. Y cada día no puede ser igual, igual que las caras que nos definen, ni gemelas serían, cada día de estos que la oscura sombría me repita la salida, le diría que ni hablar de poner fin a todo esto, con tal de esperar con lo que llevo tanto queriendo, no diciendo adiós a lo que puede no ser real, tan sólo imaginación no escrita y por ello no visible.
A creer que es mejor caminar que llegar volando con los ojos cerrados a una pared que todo lo termina hasta el Sol aparece de nuevo, tan resplandeciente como siempre, me haría ver que tenemos más vidas que los gatos y que el mar, vamos a jugar a vivir con tal de sentir el sentido de lo más indebido, creer que existe, existir porque creímos que chocaríamos para detrás, volaríamos hacia el suelo y vestiríamos lo prohibido. A esto me refiero.
Vestirse nuevo cada día y dejar la cama alborotada tras cada impaciente madrugada, llorar el fuego que te arde por dentro, atar los cordones del cerebro y aflojar con ello los del suelo, sentirse de nuevo libre y poder decir sin miedo que has vuelto a ser el que olvidaste al nacer.
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