De las vueltas que da la vida
seguía viva la esperanza de verte una vez más con esa sonrisa que me daba la
vida, atisbando el frío hielo seco del viento mojando cada vértice de mi escaso
cuerpo demente en busca de una palabra inteligente que diera la palabra clave
para que volvieras a nacer.
Una renacida mirada nueva, unas
manos con piel renovada que querían volver a sentir el fuego que ahora no es ni la mitad, es de necesidad que existas para apaciguar la hoguera que queme todo lo que da salida al temor a confiar en todo lo que prometiste.
Ya es verdad que no me
acuerdo de más, que cada vez consigo lo imposible cuando me lavo la cara y el
alma, hago la cama y no espero de ti nada. La rutina se apodera y abandona todo
lo que creía no poder dejar atrás. La mirada inocente en el barullo de la
gente.
Vuelve a girar el
tiempo, y con él un par de besos que doy al aire imaginando que aun no es
demasiado tarde para que lleguen allí. Donde nos dejamos la vergüenza, donde
conociste el miedo y yo la picardía, donde cada día era un juego al que
estábamos dispuestos a superar.
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