28 de octubre de 2013

Sobre unos pies mojados

Me cuesta entender que todo lo natural se repite día tras día. Miro y ahí están, el cielo, las estrellas, el mar, el río tan vigoroso como de costumbre. Fue egoísta dejar que el tiempo acabara con las fuerzas que teníamos al nacer por descubrir el secreto de permanecer en este suelo toda una vida. Aún sigo pensando que nacimos para morir, pero no físicamente sino de pena. El viento así me lo dice. Es como si susurrara todo esto, y me dijera que nunca debí meterme donde no me llaman. Nunca debí querer en exceso, nunca debería haber caído en entender lo que nunca quiso ser explicado. Sólo lamento el tiempo que perdí viendo correr lo que creía que era el mismo agua. Lamento mucho haber sentido como mío el río que alimentaba el bosque que rodeaba el lugar donde crecí y me forjé. Está claro que es algo que no me incumbe, que apenas me ha pertenecido. Ni tan siquiera podré jurar que los pies de futuras generaciones reconozcan lo que yo un día allí conocí. 

Es como tú y yo. Sí, como tú, y también como yo. No creo que nos volvamos a ver, y ahora sé que nada de lo que vi se volverá a repetir. A saber si sigues aquí o te has ido para siempre al Mundo donde se esconden todos los que a los vivos nos deben algo. Podría decir que os odio, al río y a ti. Al igual que a las nubes y al césped que aplastado sigue esperando que lo acariciamos. Os odio porque lo que un día me hicisteis sentir ahora ya no es. Y me odio a mí, porque de veras sentí que todo seguiría igual hasta que todo cambió. Comprendí que el río corre y el agua jamás volverá a estar tocándome el pie, aprecié el sentido que tiene que te hayas ido, ya que jamás podrás hacerme sentir tan bien y tan mal. Pero lamento tanto que aunque te vea algún día te pueda tener delante, todo lo cerca que quiera, y comprender que nuestro momento ya pasó. Que la inocencia que nos cubría de la lluvia jamás volvería a tus ojos hasta cerrarse en silencio, beso tras beso, haciéndome creer que siempre serías tú en cada momento. Adiós nunca dolió hasta el día que me di cuenta que lo que yo veía no sería jamás lo que por primera vez llamé río. 

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