25 de octubre de 2013

A cambio de una sonrisa

Mientras yo escribo hay millones de niños que han dejado de sonreír, y sin embargo sigo aquí. Guerras pasadas a las que llamamos Historia y estudiamos con honor. Duros pasajes de la Humanidad son los que ahora nos hacen brillar, como pálido reflejo, en la lluvia que cae sobre el barro, antaño césped natural. Nunca parecía tan obvia nuestra falta de coherencia, de control, nunca algo tan sencillo fue tan complicado y nos perdimos para conseguir un poco de vivir. Nunca un camino ardió con tanta fuerza y tan pocos motivos. 

Es triste ver cómo se destrozan pueblos, ciudades, casas, y no poder hacer nada; porque estamos tan pendientes de nuestra seguridad dentro de la tranquilidad que nos proporciona la suerte en eso que llamamos Historia que apenas podemos pararnos a pensar que podemos ser hoy para comer un plato más. El precio dejaría de ser el dinero y podríamos ser algo más, sólo un viaje de sonrisas y favores quedarían. Mientras tanto, aquí estamos, con lo que llevamos de casa, lo que nos subyuga y también nos aplasta, nos deshumaniza para acercarnos a lo que el ser humano idealiza. La lacra de nuestros días es destruir todo lo bueno, lo que nos ha dado el cielo, y sustituirlo por todo eso que nosotros mismos hemos creado con la ayuda de lo natural. Y es así como despreciamos la mano que nos tendieron para levantarnos, la que nos dio de comer hasta que ya no la necesitamos; es así como, en definitivas cuentas, el ser humano vive tras de sí y piensa sólo cuando se halla en frenesí. Es lo humano tan sólo un capricho de lo humano, y hasta que el humano se canse de llamarle humano, le alienaría y habría que luchar hasta matarse a sí mismo. Todo por una mano que lo arregla todo con guantazos.


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