Es saber lo que es sentir la magia, acariciar la llegada del esperado frío que nos sorprende y pone la naricilla roja. Es contagiarse del refugio del Mundo en su espera, es más que unas personas paseando con un techo de estrellas luminosas. Octubre nos acoge a todos en su venida más colorida, donde marrones y grises tiñen la lana y el aire que danza desde primera hora de la mañana. Se sienta y se respira un sentimiento más amargo, más maduro, ya no queda nada de lo que fue hasta ahora. El tiempo hacía las delicias de recordar aquello que nos dolió pero supimos dejar atrás. Queda aún dolor pero vuelven las miradas del otoño más cosmopolitas, llegan nuevas emociones y sentidos brillando y en busca de nuevas caras. Y vuelven muchos colores más para anunciar que prácticamente un nuevo año acaba por comenzar.
Porque las hojas secas seguirán, los pasos desgastados y el papel de fumar se volarán. Caminar ahora tendrá un tinte más enigmático, y podremos volver a hacer como si nada con tal de sentir que podemos vivir otro año lo que con dolor tuvimos que dejar de lado. Así, experimentar que no tenemos nada que envidiar, que la ropa no siempre nos ha de sobrar. Necesitar esperar, ver tus mejillas sonrojar por el frío que nos acontece un año más. De distinto color carece su sentido, no es sólo marrón lo que nos mueve por estas fechas, sino el color de nuevo comienzo que dejaría sin sentido todo sentido que le puedas dar. Por fin un mes que dice algo más que lo que los sentimientos nos pueden mostrar.
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