6 de septiembre de 2013

Transgresión

Hay nombres mejores que otros nombres y por la Gracia divina nos destruyen, nos desconocen y las armas, nuestra unión, quedan obsoletas y fallecidas por muerte súbita. Y mientras espera el día donde pueda mirar a la vida sonreírle como tanto le prometían, cada mañana veía cómo los brazos de otros se llenaban con lo que a él le pertenecía. 

Día tras día veía cómo desaparecían los sueños que en el suelo le sostenían y las lágrimas hacían un mar para perderse entre ilusos e injustos. Últimamente esto parecía una película de Kubrick, la esperanza era lo único que tenía y poco a poco se le iba ignorando las oportunidades que la vida le ofrecía para volver a ella. Sin más, reaparecía de nuevo luchando por una batalla sin máscara ni rival ni guía en busca de una victoria contra su propia cobardía. 

Sólo podía mirar mientras los demás querían que cobrara el juicio que innato le pertenecía. A Dios le digo que ese indigno sin su ayuda sería un esclavo por su falta de rebeldía con las armas que un día le dieron probablemente para revolverse contra el Cielo. 

Aleluya, por fin uno que cae en lo que Dios decía; no eres menos por no ser lo que quieren ellos, y no eres más por rezar cada noche en mi nombre. Hay nombres mejores que otros nombres, pero no en vano no hay verdades por delante de las oportunidades.

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