29 de septiembre de 2013

Nunca jamás

La cosa está en intuir que el Mundo no se acabará mañana, aunque tengamos la certeza de que hoy se nos vuela el tiempo que nunca volverá. Imaginar que mañana saltaré al mismo charco que hoy salpicó los zapatos que jamás llevaré. Dejar de color lo que en blanco y negro sentía y atar una cadena de oro o plata en las muñecas. Y qué dulce el brillo que produce el corazón que pierde las formas, que nos corteja y nos embelesa, se lleva de nuestro tiempo un bonito recuerdo que quizás alguien recuerde en un álbum de ensueño. Y quizás alguien lo habrá conseguido cuando el corazón no siga palpitando dentro de su jaula humana. 

Este debería ser el inicio de una gran aventura y no el comienzo de un triste relato, que comienza con la caída de una pequeña gota al suelo, atrapada por la gravedad que te aferra y te ata a la realidad. La lágrima que decidió cambiar el momento más bello por el recuerdo de un dolor sin precedentes y que ahora podría ahogarte. Decidiera crecer en el vacío que en el interior de su cuerpo prácticamente inerte quedó, a distancia del ladrón. Se llevó con él todo lo que le rodeó, sin piedad arrancó de su pecho lo que perteneció o creyó suyo. Y ahí le dejó, tan solo como le conoció. Caído como la lágrima que jamás debió mirarse delante de un espejo, jamás debió soñar con un sueño que nunca tendría cabida en el Mundo en que vivimos. El ladrón le dejó una flor, se llevó todo su amor. Lo que un día le dio por fin se lo llevaba y le dio las gracias con una rosa blanca que fue lo que él le robó. Y así, poco a poco, cada uno volvió al lugar donde perteneció. Nunca jamás despertará y dejará de llorar, pero cuando despierte verá que nada sucedió. Que su vacío no tiene justificación y la vida le había devuelto lo que hacía perdido. Había vuelto a mirar su propio interior, había vuelto a amar a lo posible sin apenas derramar agua con sal sobre sus ojos claros. El espejo que tanto le hurtó hoy sería el juez de este crimen suicida. Y ni el tiempo ni el Mundo que soñaba podrían destrozar lo que le hicieron ser tan especial en vida. Allá donde esté ahora, tendrá su lugar para pensar en lo bonito que es gritar y sin complejos vivir.

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