De lo profundo al otro Mundo sólo
hay un paso. Hay que tener cuidado con quién nos desvivimos, a quién le damos
la cara y toda nuestra alma porque algún día puede darnos la espalda. Y es que
esta vida es una continua balanza, sopesar lo que merece la pena y no pesa, lo
que un día te inspira y al siguiente te aspira. Barajar las cartas, darles
nuestra confianza. Un equilibrio entre bondad y maldad, entre jugársela o dejar
el tren escapar.
Porque puede que llegue el día
que ya no quede nada más que respirar, en el que las cartas se hayan repartido
y no sientas que tienes opción a ganar. Mejor dolerse que arrepentirse de no
haber podido hacer lo que uno siempre quiso. Mirar atrás y ver las personas que
un día estuvieron y ahora no están, hacer las cuentas y arrancarse las tiritas
que cicatrices desvelarán. El miedo una vez te protegió pero ya no lo hará más.
Echarás en falta hasta lo que te
persigue en pesadillas cada noche. Llegará el día en que tu rostro no pueda
reflejar lo que dentro de ti se esconde. Levanten las armas, ya no hacen falta,
tu morada anda desordenada y tus recuerdos perdidos en la montaña donde cada
mañana al despertar se halla pintada cara a cara con la ventana, aunque tu
mirada ya no la diga nada. Sin que tu vida se haya quedado saciada comenzarás a
bajar en picado desconocido hasta la muerte y allí esperarás. Las lágrimas brotarán,
las dudas heridas te harán.
Tempus fugit. Y nunca sabrá que
fuiste tan suyo que aunque no lo crea por dentro te lleva, en silencio, donde
más le quema el cuerpo. Bastará con hacerle olvidar el tiempo que un día te
hizo feliz para siempre en sueños divertirse. Es muy largo lo que no nos
atrevemos a decir y el tiempo nos hace esclavos. Dependemos de lo que no
tenemos para darnos cuenta del daño que nos hacemos callando hasta que se
acaba. Llega el encapuchado.
El corazón ya duele demasiado,
las heridas ya no cicatrizan, el miedo hace tiempo que nos hizo algo lejano al
ser humano. Mano a mano, juntos vamos avanzando, en la línea del tiempo el
juego se toma breves descansos. Los que vivieron en vano, los que hicieron
daño, los que se olvidaron de que estaban vivos ahora se los llevan a donde
siempre deberían haber estado. Y yo con ellos, nunca olvidaré que las palabras
pesan y el frío es extraño. Aquí nadie grita porque no hay nada por lo que
sentir. Dicen que septiembre ha llegado...
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