2 de septiembre de 2013

Lo que queremos y nada sucedió

De lo profundo al otro Mundo sólo hay un paso. Hay que tener cuidado con quién nos desvivimos, a quién le damos la cara y toda nuestra alma porque algún día puede darnos la espalda. Y es que esta vida es una continua balanza, sopesar lo que merece la pena y no pesa, lo que un día te inspira y al siguiente te aspira. Barajar las cartas, darles nuestra confianza. Un equilibrio entre bondad y maldad, entre jugársela o dejar el tren escapar.

Porque puede que llegue el día que ya no quede nada más que respirar, en el que las cartas se hayan repartido y no sientas que tienes opción a ganar. Mejor dolerse que arrepentirse de no haber podido hacer lo que uno siempre quiso. Mirar atrás y ver las personas que un día estuvieron y ahora no están, hacer las cuentas y arrancarse las tiritas que cicatrices desvelarán. El miedo una vez te protegió pero ya no lo hará más.

Echarás en falta hasta lo que te persigue en pesadillas cada noche. Llegará el día en que tu rostro no pueda reflejar lo que dentro de ti se esconde. Levanten las armas, ya no hacen falta, tu morada anda desordenada y tus recuerdos perdidos en la montaña donde cada mañana al despertar se halla pintada cara a cara con la ventana, aunque tu mirada ya no la diga nada. Sin que tu vida se haya quedado saciada comenzarás a bajar en picado desconocido hasta la muerte y allí esperarás. Las lágrimas brotarán, las dudas heridas te harán.

Tempus fugit. Y nunca sabrá que fuiste tan suyo que aunque no lo crea por dentro te lleva, en silencio, donde más le quema el cuerpo. Bastará con hacerle olvidar el tiempo que un día te hizo feliz para siempre en sueños divertirse. Es muy largo lo que no nos atrevemos a decir y el tiempo nos hace esclavos. Dependemos de lo que no tenemos para darnos cuenta del daño que nos hacemos callando hasta que se acaba. Llega el encapuchado.

El corazón ya duele demasiado, las heridas ya no cicatrizan, el miedo hace tiempo que nos hizo algo lejano al ser humano. Mano a mano, juntos vamos avanzando, en la línea del tiempo el juego se toma breves descansos. Los que vivieron en vano, los que hicieron daño, los que se olvidaron de que estaban vivos ahora se los llevan a donde siempre deberían haber estado. Y yo con ellos, nunca olvidaré que las palabras pesan y el frío es extraño. Aquí nadie grita porque no hay nada por lo que sentir. Dicen que septiembre ha llegado...

No hay comentarios:

Publicar un comentario