Parece que el frío viene para quedarse y no ha pedido permiso. Y a veces llora y mucho porque sabe que ha hecho mal. Llora y resopla sobre los pocos humos que encienden su memoria ya fragmentada. Y repartido por todos los lados del globo terráqueo, crea hielo donde el calor ha perdido la batalla.
Es igual que mañana sea gris y hoy parezca añil, hasta que la fragua quede apagada por el rocío de la madrugada, nada de esa dirección donde los círculos son líneas opuestas que no se quieren ver. Las líneas que huyen de donde hace calor y no se encuentran desde que se encontraron. No se miran porque se han helado, pero siguen avanzando hasta que la vida y la física les detiene en el mismo sitio donde estaban virando. Donde la casualidad había sido encontrada porque no respondía a su nombre porque jamás hubiera pensado que romper el destino era tan divertido.
Fue aquí donde las líneas comprendieron que sólo habían estado girando para, una vez extasiados por el aire nevado, verse en un círculo de casualidades que nunca empezaron porque estaban tirando para el mismo lado.
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