Cada día y cada vez pesan más los párpados, se desgastan con los años, con el aguasalada de cada mirada que quedó por el camino del olvido, por un destino no ya tan definido. El tiempo, del hombre un fiel enemigo, de la locura el mejor de los inventos. El rey más legítimo, el más lejano, el que ordena sin ser ordenado, el que esclaviza a la razón del ser humano. El que es capaz de hacer otoño en la habitación, el que produce cicatrices y miedos, consuelos y frío. Aquí la diferencia al momento en que se acaricia a fuego lento, hasta que la piel se estremece y se aleja del hielo, y arrastra lo eterno a una fantasía que hace del momento un sueño cumplido. Cae por el salto más precipitado hasta el aliento de un ya muerto recuerdo de lo que pasó a ser tiempo. Y ahora es cuando la pena hace gala, cuando los párpados volvieron a cerrarse, cuando te ven y ya no eres el mejor, tan sólo el fantasma que arde en sus propios fuegos fatuos presa de cada vez que te limpiaron cuando sólo te estaban ensuciando. Por tan sólo una sonrisa haz que merezca la pena; sigue tus sueños, sigue tras ellos, y que la calma sea en el tiempo la que dirija. Dile al momento que es tiempo de empezar de
nuevo. Aprovéchalo, conduce con él, la carretera está vacía y tu cabeza llena
de vida...
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