Te miras y solamente por sus reflejos en cualquier lugar. Eres la víctima que va a actuar, con ventaja en una venganza un tanto imperfecta. Con un par de giros en la vida, con varios dientes partidos de tantos golpes, con todas las cartas escondidas. Eres nada más que el perdedor jugando de farol. Y lo que queda no es más que una simple lección de aprehendido dolor, porque, y lo sabes, esto no es cosa de uno... Ni de dos.
Y ahí estás, como siempre, con tu sonrisa falsa, haciendo creer a la gente que vives en un mundo perfecto. Y crees que es lo mejor que puedes hacer... Pero, amigo mío, la vida reserva sus mejores ases para aquellos que están dispuestos a explorar todos sus muros, a respirar todos sus aires... a vivir. Y ahí estaré yo, y ahí estarás tu... mientras caemos en la rutina de aquellos que no conocen la libertad.
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