20 de marzo de 2013

Libertad sin alas

Una niña mirando al mar, le da miedo alzar las alas y echar a volar, pero no sabe que algún día conseguirá que sus sueños se hagan realidad. Por fin podrá creer esos cuentos que su padre le contaba cada noche, donde ella escuchaba sin ningún reproche cómo alguien podía con sólo soplar destrozar cualquier hogar. Le enseñaron a saber cuándo escuchar, a correr sin necesidad de ello, a sentir el vértigo con los pies tan en el suelo que creería que nunca podría estaría fuera de lugar. Su mundo es diferente y ausente, y en esta playa la arena es muy suave, no sabe cómo acabará. 

Llora, oye su propia cuenta atrás, a partir de aquí no volverá a mirar hacia atrás, el destino le cobra salida a su imaginación, va a despegar con sus bellas alas de ángel caído del Cielo hacia el mañana. La verde esperanza, malherida enamorada, desdichada por esta maldita Tierra de todos y de nadie, ya no sabe hasta dónde llegará su deseo por culpa de los que le robaron su dolor. Una muñeca de pocos hilos y con mucha fantasía, sus penas le vacían el alma, cantaba al alba con el deseo irrefrenable de volver a volar. 

Hubiera firmado por callar a todos los que le rompieron las alas, los que le maldicen su locura este mundo podrido de cordura, sin más anhelo que una verdad; ella era especial y todos los pecados compartidos, todos los gigantes del hierro dolor, nada podrá parar a un ser tan puro, a un ángel del amor dirigido a surcar las nubes sin límite de tiempo, sólo ella y su instinto. 

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