1 de marzo de 2013

Caminar o volar


Mis manos vacías no recibirían nada en este nuestro mundo, ni tan siquiera el lamento de no volverte a ver. Éramos un par de garabatos en un suelo pintados, dos armas sutiles de permanecer en el tiempo de la locura y la compasión, de lo maldito y de la dulzura más agria de todos los sabores. Una ventana al tiempo, un reto al viento que rozaba nuestros sueños partidos en muchos compartimentos, y mis manos a un ritmo tan lento que parecía cosa de duendes. 

Que redondear un corazón en una mesa no se haya quedado en un sueño no quiere decir que todo lo que ha dejado de ser un sueño forme parte de la fantasía de mi realidad. Quiero soñar que este sueño no acaba, que mi sueño es tu sueño y que soñar juntos no es un fin, sólo es un camino.

Huellas y huellas me comí por ti. Enloquecí de frenesí. Era imposible parar algo diseñado sin frenos. La pregunta no era esta, sino qué sería para conseguir acompañarte. Sin embargo, no jugué con el desconocimiento; preferí obviar el sueño y el dolor, me engullí todo el valor.

Así, con manos vacías y soportando el único peso del viento sobre mis pasos, decidí servir a tu merced. Y con más nervura que locura, conseguí volar...

No hay comentarios:

Publicar un comentario