30 de julio de 2013

Carta de despedida

Puede que el viaje sea largo. Puede que el sillón nunca se vuelva a ahuecar como cuando nos mirábamos y nada más. Pero hoy me iré, no sé dónde, me iré y no volveré. Este lugar se nos quedó pequeño y mi alma está cansada de regar las plantas que desde nacimiento están podridas. Me iré a otro lugar con mis miedos y mis sueños, cansados de esperar. El vuelo rebotará las palabras con el mar, y las olas que llegarán te destrozarán como conmigo hizo la tierra que pusiste de por medio, me dejó arraigado a la espera de la riega que mis lágrimas protagonizaron. 

No busques la razón, busca la felicidad. No cambies nunca, fuiste tan especial y siempre podrás serlo con otro, tan igual que nunca olvidaré cómo dejarte me enseñó a quererte. Puede que no sea un final, un camino por abrir, regalos por sentir, besos por iniciarse. Es ley de vida y tú y yo no podemos negarnos a ello. Por esto y por muchos recuerdos he de abandonarte. Fuiste todo pero ahora soy yo, y no voy a negarlo, merezco mi espacio y quiero aprender a definir el trazo. Tendrás que seguir durmiendo hasta que amanezca el día y la noche no te encoja, buscando la manera de sobrevivir sin sentir algo más que recuerdos y un olvido que aquí dentro me sigue vivo.

Recuerda: la sonrisa que no te abandone, las caricias que no tengan un perdón, las miradas aladas enganchadas a tus vértices, la mente llena de deseos y pasiones, el corazón y la emoción no pueden estar siempre en vilo. Dime, corazón, que algún día vendrás y me contarás que fue lo mejor. Yo te abandono con el más profundo dolor, me acordaré de ti cada día de mi vida, pero ya está, es mejor que no nos veamos. Como si me hubiera despertado ya y no de un sueño me despido de ti, y adiós significará "te deseo lo mejor". 

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