23 de abril de 2013

Diamante


Un día alcé la vista contra todos aquellos males que me dejaron sangrando, ese día que tanto esperaba y que nunca vi de llegar, pues no veía el final, y que por fin llegué a alcanzar. La gloria de ganar algo cuando lo perdiste todo, el esfuerzo y la recompensa de tanta espera aún me hacen sentirme vivo. Dije adiós a todo lo conocido, se abría un nuevo sendero en el que yo hacía mi camino.

Sin lágrimas creé mi destino, aunque a todos les parezca un poco más rudo, es normal no sentir cuando no te queda nada para hacerlo, se llevaron de mi el amor y el dolor, qué tristes recuerdos. Cuando más quería más perdía, la lección que aprendí me lo repetía, por lo que decidí pararme a pensar que la vida me tiene algo más que dé sentido a todo lo que puedo ofrecer, aunque nadie lo entienda, aunque nadie me quiera proteger. 

Imaginando estaba esperando el Cambio certero, el día y la noche tranquilos, sin envidias, juntos los dos. Nadie te dará nada gratis excepto su amor. Un cambio de corazón, de alma y de pulmón, un progresivo impulso del deseo de ir a mejor, de levantarse y retirar el dolor de la herida, de esconder la inocencia para que no nos roben el derecho a sueño, nuestra razón y nuestro motor. 

Y tú que estás leyendo, no olvides que aunque mires aquí yo ya estoy en el Cielo, mirando cómo dejas perdida la almohada con tanto deseo. Es normal este desvelo, yo también tuve miedos, y logré mirarme en el espejo y ver en mí lo que esperaba de ellos. Nunca dudé de que era un grafito deseando ser un brillante Diamante. 

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