Qué distinto parece el mundo al girar
cuando te sientas junto al mar y
aparece una estela de vida que no acaba nada más que comenzar.
Una estela que brilla sin cesar,
que no distingue oscuridad de verdad,
pero que sabe de todo y más.
Uno, dos... y así venían,
se veían y se iban mis cometas en el cielo.
No sé cuántos pude divisar.
Ni siquiera presté atención a sus recomendaciones,
recomendaciones acerca de un mundo nuevo,
de una forma distinta de sentir
y de explicar el por qué la vida es así.
Dibujaban felicidad
diseñaban nuevas formas de reír,
mostraban colores extraños...
Y ahí me quedé yo,
mirando al cielo,
contando estrellitas,
a cuál mas bella;
Contemplando la magia que tienen unos ojos que no existen
pasaba cada noche junto al retiro de mi mente;
sin poder parar de acudir a mi encuentro con los sueños,
porque siento que es demasiado pronto para deshacerme de alguno de ellos.
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