Me gustas cuando te despistas, cuando te giras hacia mí. Admito que sueño contigo, con tus gracias y con tu cuerpo. Te extraño y te siento siempre. Toco el Cielo cuando sólo he comenzado a mirarte. Te rechazo cuando quiero decir "no te vayas". Te pido un par de sonrisas al día y siento que mi alma se va con ellas. Compartimos una misma piel, sensitiva y sensual. Sólo somos un par de cuerpos que disfrutan de la misma energía. Me hipnotizas con cada paso, me llevas oculto en tu espalda. Me siento atraído a ti cual imán a su nevera. Creo en ti, no creo en Dios. Contigo, calor en invierno y en verano. Todo un juego con un sólo ganador, el que más logre sonreír a destiempo. Mis cinco sentidos se quedan contigo cuando me despido de aquel momento que por desgracia nunca se convierte en eterno; un pequeño salto para el Hombre fue verte desde la ventana esperando, silbando. La cordura yo, la locura tú. Esto es lo que queda, el zumo de la naranja completa, por fin vacío el vaso, a traguitos rasos.
Y lo mejor, sin duda, es que no me engaño: no me gustas, ni te quiero ni me sorprendes. No señor, nada de eso.
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