Doy las gracias a la vida por hacer de mi un pequeño aprendiz que sólo entiende de sentir y que pudo por fin entender algo más que eso. Dejarse llevar suena demasiado bien, pero siempre corrí por buscar lo que ya tenía, amor y corazón, qué hay más que eso, y vi que lo de otros no era lo que yo tenía en mí, yo mismo portaba ello, un amor y un corazón destinados a aprender a amarme aunque no lo hiciera nadie.
Doy las gracias a los que me hundieron en lo más profundo. Aprendí de ellos que lo que no te mata te hace más fuerte, y también aprendí a saber lo que es estar mal para poder estar bien. Que lo que ahora brilla antes tuvo que estar sucio.
Doy las gracias a los que me crearon, me vinieron y me llevaron, me pusieron en lo más alto y apenas pude verlo hasta que no caí en picado. Por los que me enseñaron a hablar, a soñar y a sonreír, por nacer donde he nacido, de todos es sabido, he aprendido a mirar al miedo desde cerca y desde lejos. Aquí os tengo y por vosotros sigo adelante.
Doy las gracias a todos aquellos que de mi se rieron, los que nunca creyeron en mis sesgos, en los que destruyeron mi ego para poder construir uno más nuevo, uno que hiciera de mi, con la madurez necesaria, esa persona orgullosa y viva, muy cercano al ser que yo quiero, recordando el pasado, eligiendo mi futuro.
Doy las gracias a los que entraron y a los que salieron, a los que de mi vida ya se fueron, no obstante dejaron su presencia cuando eligieron su ausencia, y nunca les olvido. Ya ni caras, ni nombres, ni voces apenas logro oír, ni tan siquiera el ruido de su caminar, en el recuerdo ya sólo quedan los buenos momentos que me dieron y la lección aprendida, aquí de nuevo reproducida. Porque hicisteis de mi un ser mucho más fuerte y capaz de entenderse, de comprender la vida independiente de quererse a uno mismo más que al prójimo, de esperar lo que sólo me puedan dar, fui fuerte y capaz de quererme y por ello ahora puedo seguir sin miedo a nadie.
Te doy las gracias a ti, porque supiste entenderme, pudiste darme lo que nadie más pudo hacer por mi, sin apenas sacarme una lágrima, entendiendo de mi lo que los demás sólo podían escuchar. Las gracias merecidas por dejarme partido en dos, la disciplina del dolor, me obligaste a recomponerme por entero, apartaste de mí demasiados sueños y miedos, de niño a caballero, que la tregua trajo mi propia guerra en los días venideros a tu marcha, lucharé cual guerrero porque nadie elija lo que quiero, todo un Mundo entero dispuesto a tomar terreno al agua y al fuego, a la soledad oculta, al guardián de mis secretos que sólo toma forma cuando le lloro cada noche a la almohada, descansa, que aguarda cada uno de mis desvelos.
Añicos en el suelo y la posibilidad de sonreír mientras vuelo, ¿qué hay de ello sin haber podido aprender todo esto?
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