26 de mayo de 2013

Domingo

Tirado ahí todo el día, las horas pasan y parece que sirven de guía, suena "tic tac", todo aquello sólo aumentaría la pereza y haría decrecer la alegría. Domingo, viendo como llega de todo menos los momentos serios, cuando decir adiós a todos los vicios para empezar de nuevo a caer, lunes, por el precipicio. Decidiendo no repetir lo que se prefiere como olvidado, empezando de cero, rectificando lo que en tu vida no quieres de nuevo. 

Tardes donde la única opción es la emoción, donde en el único lugar que estás es fuera de ti, no poder parar de imaginar para no hundir la sonrisa en un vaso vacío de agua donde sólo queda la sal, dulce y amarga, que dio fuerza a lo que sólo fue un poco de esa sustancia, limpia y clara. 

Imagina la fiesta, toda la magia que pudiera venir de la resaca, que del sábado ataca. Domingo, de ausencia y brillo, apenas sin darte cuenta comienzas a sentirlo pero ya es tarde, ya se ha ido. 

Lo aburrido también deja entrever un camino, tu destino también se escribe de lunes a domingo. Hola a la razón, adiós al reloj que marca el tiempo de un domingo mucho mejor. Lo último, lo que cierra el ciclo, no lo has visto, la batalla antes de la calma de sangre ríe y riesgo contado de lo que es y lo que parece, viendo la playa y la montaña pasar, mientras las fronteras vuelan y las mañanas no son frías. 

De resurrección al santo Dios, de Ramos de amor, de mensajes volados, de sueños desequilibrados. De camas olvidadas y que hoy vuelven a ser parte de tu mente, de corazón roto por el dolor, de este a oeste, domingo sin vista y con sentimiento, el secreto del sillón que te aguarda y no te pide nada, de ti no se olvida y sin que nada te pida aguarda siete de seis días para ver lo que ves. Su viaje es tu viaje desatendido, su momento de cariños robados, de tiempo secundado con la mirada aburrida que espera la mañana que le devuelva la vida y le siga contigo, día a día, hasta llegar el domingo.

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