Siempre nos entendimos saltando. Yo estaba más lejos del suelo y tu más lejos de tu cielo. Sin normas, sin leyes, todo en juego mediante un cruce de pequeños dedos enredándose entre aire y nube. Nadie sabría nuestro secreto, nadie querría saberlo, ellos viven con los zapatos en este maldito suelo. Soñar nos sería real y volar quedaba en imposible en nuestro particular mundo libre y lleno de profecías que carecían de medición o calibre. Pero todo parece diferente, ya no hay nadie que nos encuentre. Y ahora ya no hay nube ni aire ni fuerza que nos lleve, estamos solos ante la tierra más yerma, más dura, pero entiende que debas saber la salida:
Salta como antes, porque eres fuerte y libre, porque es capaz de detenerte. El tiempo se detiene con tu mirada, esa que sabes poner cuando las cosas no pintan bien y cuando quieres conseguir algo.
Salta porque saltando volamos un par de segundos destino "El Cielo", donde no estar en el ojo del huracán es lo lógico y lo menos importante. Soñar no es vida, pero la hace más fácil.
Salta y vive, porque el tiempo corre y no lento, porque todos podemos aunque no ganemos, porque cada día que te recuerdo sé que merece la pena saltar y buscarte, porque es sencillo vivir sin saber y difícil sabiendo que no hay otra forma de vivir que saltando.
Salta porque quien la persigue la consigue. Salta y me iré contigo donde quieras; podremos elegir a dónde, nada ni nadie nos podrá detener. Pero solamente podré ir si me enseñas esa sonrisa con la que consigues hasta lo imposible, si me enseñas a dedicar un guiño a los recuerdos, si me enseñas a hacer esperar a lo malo, si me enseñas a saltar como lo hacías.
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